Ilusiones, por Gabriel Merino

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Había un tiempo en que el 6 de enero yo esperaba Exin Castillos, Madelman o scalextrics. Luego fueron Tintines, discos de Supertramp, Police o de Rick Wakeman. Y libros de poemas de Pablo Neruda. O unos Lee o unos Levi´s. O una chupa de cuero. O unas camperas. La verdad es que nunca quise un móvil o una tablet o un MP5, esas cosas que ahora quiere tanto mi hija, porque no me pilló la necesidad y la ilusión acorde con el tiempo de tenerlos, y tenerlos ahora como que me ilusiona poco. En la época hedonista –soy poco de marcas- pues quise desde trimmers de barba a colonias a gayumbos. Cuando pusimos después casa, apetecía juegos de mesa o vasos para diferentes tipos de bebercios. Y siempre música, cine y libros: ahora, de hecho, tenemos un cuarto –o más- lleno. Como no me gusta el fútbol, pues pedía y caían cosas para salir a montar en bici o para el gimnasio, cuando cultivaba eso del corpore sano. Y como tampoco soy de los paranóicos que se pasan todo el finde en la gasolinera pasándole el aspirador al coche, pues nunca me apeteció ni una funda de asiento. Eso sí: con Pary, algunos guiños. O sea cenitas, y viajes, y escapadas. Luego nació la cría y, desde el primer año, noté que me ilusionaba mucho más que Melchor, Gaspar y Baltasar estuvieran pendientes de ella que de mí, aunque yo seguía teniendo caprichos, muchos ya revivalistas: hacerse con la saga Star Wars o cosas de esas.

Ocurrió que fue pasando el tiempo y las cosas que deseaba o necesitaba de verdad eran difíciles de dejar al lado de unos zapatos. Muchas porque, con más o menos dificultad, las había ido consiguiendo hasta ser medianamente feliz. Otras, porque son muy caras o fuera de mis posibilidades -como se dice ahora-. Otras, porque me he hecho demasiado mayor para seguir deseándolas y ya se me han pasado las ganas de tenerlas. Y otras, porque sé que hacerse con ellas es imposible o se va haciendo cada vez más difícil, como mantener la talla de pantalón, la agudeza visual, el poder adquisitivo, la baja extrasistólica o un horizonte laboral brillante y estable. Con todo, siempre he seguido creyendo en los reyes. En los magos, digo: en lo otro hace años que soy declaradamente republicano.

El no haber sido ambicioso y tener un espiritu algo downshifter no sé si es bueno o es malo, pero como mucha gente de mi generación, acumulo también bienes de consumo inútiles, pasados de moda, anticuados. Este año me sorprendí cuando me dijeron que hiciera -otra vez- carta a los reyes. Y es que 2012 ha sido un año de mucha crisis, y yo también lo había constatado. Y después de dejar de fumar, de quitarse algunos caprichos y de hacer cuentas para cuadrar los fines de mes, me imaginaba que había cosas pendientes que me apetecía tener. Y ocurrió que no se me ocurría nada. Vamos a ver: si me toca una primitiva o el bote de pasapalabra estoy convencido que –como casi todo el mundo- gastaría a tontas y a locas como si no hubiera futuro, aunque no como un Briatore, una Donatella Versace o un Guti, que uno es pobre pero con buen gusto.

Hice cuentas: de Palahniuk y Neil Gaiman, prácticamente lo tengo todo. Me faltaban las dos últimas de Harry Potter. Y quería algún disco de Rufus. Ropa nada, que estoy supergordo: ya compraré cuando adelgace. ¿Cómics?. No. bueno, si acaso, "La dama y el diplomático" y porque la han hecho unos colegas. ¡Ah, si!, un Oral B eléctrico para los piños nuevos estos que me acabo de poner. ¿Un e-book como el de Pary?. Nooo… ¡Joder!, ¿Qué me ilusiona?. ¿Juegos para PC o la play…?, ¡para nada!. Me fui a la frac: ha salido Magical Mystery Tour en peli. Mira, tiene gracia, pero… Y “Cuando el viento sopla” de Biggs y Murakami. Quizá en un dos por tres me los compro. Pues va a ser que a los reyes, si no les pido un coche o cambiar las puertas del piso de arriba o repintar la casa o un lavavajillas o una caldera, ahora que están a punto de petar, pues…Porque los reyes no traen felicidades ni saludes ni trabajos estables ni amistades largo tiempo ausentes ni castigos a los malvados y premios a los buenos, como creíamos que harían cuando éramos pequeños.

Así que creo que me quedo muy conforme con los discos de Rufus y el Oral B.

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