Ideología, por Javier Astasio


Como una maldición bíblica, antes o después y por más que se practique el disimulo, acaban por aflorar los esqueletos que cada uno de nosotros guardamos en los armarios. Nos pasa a todos y le está pasando, cada vez más al PP, al que, en cuanto abre el ropero, le asoman los huesos blancos y fríos de su ideología.

Le pasó el miércoles al líder del Partido Popular del País Vasco, el otrora sensato Antonio Basagoiti, a quien, para descalificar al lehendakari que su propio partido sostiene, no se le ha ocurrido otra cosa que decir de él que "tiene menos títulos académicos que Homer Simpson", como si hoy en día tener título, salvo que sea nobiliario, sirviera para algo.

Pese a que ayer, visto el panorama y que hasta el líder del PNV salió en defensa de Patxi López, trató de quitar importancia a la burla vistiéndola de broma, lo que le ocurre a Basagoiti es que lleva muy mal que el hijo de un sindicalista, el histórico Lalo, que abandonó la carrera de Ingeniería Industrial para ser diputado, esté, por mor de las urnas democráticas, en un puesto que un licenciado en Derecho por la Universidad de Deusto, hijo de una familia de banqueros y descendiente del fundador de Iberdrola y del Banco Hispano Americano querría sin duda para sí.

A estos del PP les pasa que no soportan que la democracia nos iguale a todos y que, pese a la cuna y los "títulos", el hijo de un obrero pueda llegar a presidir un gobierno. Quizá por ello Freddy Krueger Wert lanzó ayer su motosierra contra quienes, con esfuerzo, acuden desde los barrios obreros a las universidades. La subida de tasas, de hasta un 70%, y las restricciones a las becas no sólo constituyen una injusticia, sino que supondrá una marcha atrás de varias décadas en la composición del tejido social de este país.

La educación es la única arma de que disponen las clases populares para superar el escalón que les separa de la casta de los escogidos. Hasta ahora, mal que bien, con más esfuerzo, compatibilizándolo muchas veces con un trabajo mal remunerado y ayudándose de becas, lograrlo era posible. Desde ayer, y de un plumazo, el ministro Wert ha truncado ese sueño en muchas familias que, ya desde la más tierna infancia, verán a sus hijos condenados a una educación de segunda, de la que sólo podrán escapar con mucho más esfuerzo que los que estudian en los selectos colegios "de curas y monjas" que pagamos pero no disfrutamos todos, y contando con la ayuda de los profesores que sobrevivan al acoso de las tijeras.

Y mientras tanto, el Metro de Madrid, de cuyo consejo previamente se ha expulsado a los sindicatos, anda "colocando" a hijos y cuñados en puestos bien remunerados pese a que carezcan de preparación y experiencia. Cualquier día nombran presidenta honorífica y eterna de la compañía a doña Carmen Polo de Franco, más conocida por "la Collares".

Otro tanto ocurre con la Sanidad: hospitales limpios, bonitos y tranquilos, sin esperas ni agobios para los ricos y congestionados y decrépitos para quienes no pueden pagarse un seguro privado o, por las razones que sean, no quieren hacerlo. Está claro que quieren volver a aquel Seguro Obligatorio de Enfermedad y a la Beneficencia del franquismo para la mayoría y el lujo y el negocio de la sanidad privada para quienes se la puedan costear, aunque tengan que arruinarse por una enfermedad.

Este es el pastel que nos preparaba y nos escondía Rajoy. Un pastel que, como casi todos, tiene una guinda y esa guinda la acaba de poner el PP gallego que considerará a los embriones miembros de la unidad familiar para que dicha familia pueda acceder a ayudas sociales como la consideración de familia numerosa. Algo que no me parecería mal si se redujese a apoyar a la mujer embarazada, sin meter en danza al "nasciturus". Claro está, todo se sabe, que la decisión está inspirada por los grupos "pro vida" de gran influencia en la actual Xunta.

Ideología. No justicia social, sólo ideología. Yo me pregunto ¿Cómo será el Libro de Familia "y si el embarazo se malogra? ¿Habrá que devolver lo recibido? Son rancios, muy rancios. Pero tan peligrosos como rancios.

El fatasma de la ideología ya está fuera del armario del PP y no es otro que esa ideología basada en su idea equivoca y falsa de que son mejores, más listos, más católicos y justos que nosotros. El problema es que demasiada gente les creyó y votó el 20-N creyendo que era como ellos y que ellos, por tanto, iban a defender sus intereses ¡Qué equivocados estaban!


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