Humo negro, por Javier Astasio

 
Por lamentable que parezca, el PSOE parece empeñado en dar munición al PP y a quienes todavía le defienden, metiendo la pata una y otra vez, para sacarla cubierta de ese chapapote tóxico que sólo se da en los partidos en descomposición. Y el PSOE, por doloroso que resulte para quienes alguna vez creímos en él, lleva semanas con todos los síntomas de estarlo.

Hace días que de la sede de la calle Ferraz sale humo, un humo negro y espeso que no presagia nada bueno. Un humo que nada tiene que ver con el de la Plaza de San Pedro en Roma, porque aquí nadie parece dispuesto a cambiar nada, porque, aquí, la cúpula socialista parece haberse encerrado a cal y canto, como aquellos "últimos de Filipinas", empeñados en la defensa de una causa imposible, y todo por no haber salido fuera del reducto a ver qué pasaba en el mundo.

No. No es el humo de una elección, es el humo numantino de quien no quiere admitir la realidad y decide echarse a la hoguera y echar en ella a todos sus votantes, usando como combustible las miserias de las que les creíamos a salvo y que, por desgracia, llevaban tiempo creciendo en su patio trasero. Y, la peor de todas, ese autismo del líder y dos o tres más, que les vuelve incapaces de saber lo que está bien y lo que está mal, porque hace tiempo que no saben lo que quiere la gente y, fundamentalmente, porque no parece interesarles. Tal parece que tomaran las decisiones jugando a la ruleta rusa, con una única bala en el tambor, que, una y otra vez, acaba enterrada en su sien.

El primer tiro se lo dio a propósito de la intención del PSC de ser coherente en Cataluña y Madrid, prohibiendo a los diputados catalanes votar a favor de la moción que proponía en el Congreso de los Diputados el reconocimiento del derecho de los catalanes, no ya a decidir, sino a expresarse sobre su futuro. La poca cintura de los "sabios" de Ferraz, ninguna, para ser exactos, y el miedo atávico al nacionalismo español montaraz de algunos de sus líderes que, en lugar de hacer pedagogía, tan necesaria como escasa, se pasan en la suerte de varas con el toro catalán, para poder lucirse en las particulares lidias autonómicas, y acabarán consiguiendo la escisión del socialismo catalán, con la previsible consecuencia de dar la puntilla a cualquier intento de remontada electoral en Cataluña.

El segundo tiro fue la increíble historia de la ignominiosa moción de censura en Ponferrada, sobre la que pretenden creer que Alfredo Pérez Rubalcaba no sabía nada, pese a que estaba en toda la prensa, también la nacional, y que, ahora lo hemos sabido, fue motivo de un escrito de protesta firmado por cuatrocientos militantes y simpatizantes que entró en la sede de Ferraz cuatro días antes de que se consumase tan miserable operación. Enterados tenían que estar y capear las consecuencias entre la opinión pública a la que se quieren ganar con la excusa de que el perro se comió el cuaderno de los deberes, porque otra cosa no ha sido tratar de defender la cándida ignorancia de Rubalcaba y hacer el paripé de la falsa dimisión no aceptada del secretario de Organización, Oscar López, que ha dejado a uno y otro con el culo al aire y tambaleándose en los pasillos de la planta noble de Ferraz.

Y, cuando parecía que nada podía ir peor, ayer se supo que el fiscal pedirá el procesamiento del que fuera "hombre fuerte" de Zapatero y ex ministro de Fomento, José Blanco -un personaje tan siniestro como Alfonso Guerra, pero mucho más torpe- por un presunto tráfico de influencias en la concesión de licencias a un amigo personal del ministro. La comparecencia de Blanco, ayer en el Congreso, proponiendo una solución procesal más digna de un abogado tramposo que de un político honesto, ha dado al PP, acosado y aturdido por el asunto Bárcenas, la munición que estaba esperando para el contraataque.

En fin, mierda y humo negro. Eso es lo que sale de Ferraz. Y mientras tanto, los ciudadanos que un día confiaron en quienes ahora se encierran allí, huérfanos de líderes creíbles y de una opción que oponer al desastre que ha organizado el PP en apenas año y medio de gobierno. Si el PSOE pretende salvarse y ayudar a salvarnos, que se deje de miserias, convoque ya un congreso extraordinario, del que salga realmente renovado y desde el que recupere poco a poco el espacio que no ha sabido gestionar.
 
 

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