Humala y los 15 minutos “positivos”, por @jestremadoyroa

 

Hace unos días, el presidente Ollanta Humala  pidió  a los canales de televisión “dar 15 minutos de noticias positivas” en los matutinos.

“Les propongo a los periodistas y medios destinar 15 o 20 minutos de sus noticieros matutinos, que empiezan a las 6 a.m. y concluyen a las 9 a.m. para las noticias positivas. No les estoy pidiendo que le hagan ‘publicherry’ al Gobierno. Destaquen el trabajo de las comunidades de Huaycán, de las del Cono Norte. Demos 15 minutos de noticias positivas que podamos ver con nuestros hijos”, dijo.

Este pedido lo hizo el Jefe de Estado luego de calificar en una oportunidad de “gallinazos” a los periodistas.

Lo que sucede es lo que en este blog hemos comentado más de una vez: al Poder, por más democrático que se proclame,  no le agrada la actividad periodística cuando es independiente y crítica del régimen.  Le resulta incómoda.

En los regímenes totalitarios y dictatoriales no hay incomodidad alguna.  Sencillamente los medios son estatales o, por lo menos, forzadamente sumisos, incapaces de informar sobre hechos que desagradan al gobierno.

Profesionalmente lo pedido por el Presidente merece precisiones:

1.- Cuando se habla de noticias positivas en realidad se debe indicar hechos o sucesos positivos,  Las noticias no son positivas, ni negativas, buenas o malas. Son los acontecimientos lo que se pueden calificar como tales. Las noticias sólo dan cuenta, informan sobre esos sucesos.

2.- El dar cuenta obligadamente de sucesos que se consideran positivos, que  en el mayor número de casos no son de interés general, sino de un público reducido, lleva a la teleaudiencia  a  cambiar de canal, a no prestarles atención. En muchos casos, algunos acontecimientos “positivos” son de interés general y su difusión no necesita ser digitada, ni obligada.

3.- Para los medios de comunicación cualquier intervención gubernamental, aunque se muestre como un pedido, resulta  una limitación a su libertad de información,  una presión condicionante del Poder.  Para algunos comentaristas, como una velada amenaza para una intervención más amplia, como ha ocurrido en algunos países.

 

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