Hooligan entre los hoolingans, por Javier Astasio

 
Lo ha vuelto a hacer. Una vez más, Esperanza Aguirre ha demostrado ser el personaje más pendenciero de la política española y eso que “haberlos, haylos” y, por cierto, muchos. Otra vez, se ha puesto a los mandos de la apisonadora para aplastar, al menos para intentarlo de boquilla, cualquier asomo de rebeldía o, simplemente, de protesta contra las injustas medidas del Gobierno y, de paso, para pisar algún que otro callo entre los suyos.

A qué viene, me pregunto, envolverse en la bandera para decir lo que dijo ayer en el congreso de su partido en Madrid ¿Acaso no son también españoles los millones de parados, los jóvenes marginados del trabajo, la universidad y la sanidad, los docentes que se han quedado en la calle, los padres de los niños que se amontonarán en las escuelas, los pensionistas enfermos que tendrán que anticipar al Estado de su escuálida pensión una parte del importe de sus medicamentos o los jóvenes que están comenzando a buscar su futuro en el extranjero?

Son españoles, pero no son grandes de España. No son privilegiados que, como ella, no tienen que plantearse cómo va a ser el futuro de sus hijos o cómo serán sus últimos años de vida. A ella no le afecta, porque es "rica de familia" y sus hijos lo seguirán siendo. Pertenece a esa casta de los que siempre han ido a caballo y lo han mirado todo y a todos desde arriba. Pero sabe ser también, como la mayoría de los señoritos, malhablada y descarada, pendenciera y marrullera, como el más hooligan de los hooligans. Y lo ha demostrado de sobra.

Resulta curioso, o quizá no tanto, ver como superpone a su política neo liberal, la de "mi única patria, el dinero" los colores de la bandera. Debe ser algún gesto a prendido de sus mayores, duques, condes y barones, a los que siempre les ha ido bien con ella. Pero también es un modo de tocar a rebato para que todos aquellos a los que movilizaba el PP en la oposición apoyen, sotanas incluidas, las medidas más injustas medidas que se han tomado en este país en los últimos tiempos.

Pero el discurso de Aguirer es doble, porque, bajo el disfraz del apoyo incondicional a Rajoy, le está diciendo que ella tiene más arrestos que él, al tiempo que se está postulando para ser el recambio que siempre ha querido ser, cuando el castillo de naipes en que se ha embarcado el presidente se venga abajo con estrépito. Si yo fuese Rajoy, desde ayer estaría mucho menos tranquilo, porque, con amigos como Aguirre, para que quiere enemigos.
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