Héroes y villanos, por Javier Astasio

Cada vez tengo más claro que hace tiempo que hace demasiado tiempo que Rajoy no se ve con personas normales, con ciudadanos de carne y hueso, que no comparte el aire y la luz con la gente normal y corriente, salvo, excepcionalmente, en el palco de un estadio o en un mitin de su partido.
No se explica, si no, que sea tan cruel e injusto con quien más lo necesita. No tiene explicación que siga aplicando la receta alemana, consistente en poner a dieta a un paciente que corre serio peligro de morir asfixiado, mientras unos pocos siguen gozando de los privilegios y lujos asiáticos que, las más de las veces, provienen del dinero sucio conseguido con pelotazos especulativos de ayer, de antes de ayer o en alguna guerra y su correspondiente posguerra.
Rajoy y su gobierno han decidido no hacer nada que no satisfaga a Merkel y, así, va a llegar el día en que este país se convierta en el escenario de "La noche de los muertos vivientes" de George A. Romero, con gente desesperada yendo de un sitio a otro, rebuscando en los contenedores, haciendo cola en los comedores sociales, cada vez más visibles. Tampoco faltta mucho para que lo vamos, robando el bolso a las viejecitas cuando cobran su pensión.
No es lo deseable, pero sería lógico que toda esta gente pierda la paciencia y se levante antes de que se cumplan los cuatro años de legislatura que se ganó el PP con un programa mil veces incumplido. No sería extraño que el próximo otoño ardiese la calle, no precisamente al sol del Poniente, y las tribus, más ocultadas que ocultas, cruzasen el río para amargarle a Rajoy la siesta en que parece vivir.
Este gobierno ha decidido dejar sin dotación a los dependientes reconocidos legalmente por una ley que apoyaron y tampoco parece importarles que los parados se queden sin subsidio alguno.
Lo suyo son las cuentas. Lo suyo no es pararse a pensar en los héroes callados y tranquilos que cuidan de abuelos, de nietos, de familias enteras, de discapacitados, de niños que probablemente no debieran haber nacido, pero nacieron, de víctimas de accidentes, de enfermos mentales que son víctimas de males que son consecuencia de esta sociedad en la que no caben los débiles. Pero sería bueno que no se durmieran en los laureles de su mayoría, por muy absoluta que haya sido. Cuatro años son muchos años y, con el primero aún no cumplido, son demasiados ya los colectivos ofendidos y los héroes que están perdiendo la paciencia. Y, sería bueno que no lo olvidasen, cuando los héroes pierden la paciencia, se levantan contra el tirano.


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