Hasta el final, por Javier Astasio

 
 
En poco más de un año, el tiempo que lleva el Partido Popular en el Gobierno, asistimos a la curiosa resurrección, si es que alguna vez la hubo, de la confianza de los españoles en la justicia. En medio del paro, los desahucios, la estafa de las preferentes y otras desgracias parecidas, únicamente algunas decisiones judiciales vienen actuando como bálsamo reparador de tanto dolor y tanta desesperanza.
Qué poco podía esperar el triunfante PP. a caballo de su demoledora mayoría parlamentaria, que iba a ser en los tribunales donde iba a encontrar el contrapeso que le falta en todo lo demás. No sería justo atribuirle únicamente al ministro Gallardón y su absolutismo a la hora de su pretendida y pretenciosa reforma de la Justicia la reacción de los jueces, pero no cabe duda de que algo está cambiando en la carrera judicial, pero, lo cierto, es que el partido en el gobierno nunca hubiera imaginado el calvario judicial que está pasando.
El propio fiscal general del Estado, Eduardo Torres Dulce, alguna de cuyas decisiones no fueron muy bien acogidas en principio, acaba de decirle a la ciudadanía lo que estaba esperando y que no es otra cosa que, en los que tiene que ver con Bárcenas, sus cuentas y sus papeles, mientras el gobierno y el PP se empeñan en negar lo evidente, hay indicios suficientes para abrir una investigación y llevarla hasta el final.
Bien es verdad que estos lodos judiciales son la consecuencia de todo el esfuerzo y la profesionalidad de jueces y fiscales que una y otra vez han mantenido vivos casos que instancias superiores parecían querer cerrar a toda costa. Jueces y fiscales que, como Baltasar Garzón, han ido tirando de los hilos que han llevado, por ejemplo, a la localización de todo ese dinero controlado por Bárcenas en cuentas hasta hace poco opacas en la banca suiza.
Esa es la obligación de los jueces: dejar al descubierto toda la basura que se esconde, en este caso en las cuentas del PP, en el más que imperfecto y farisaico sistema de financiación de los partidos. Sería muy deprimente volver a escuchar de prescripciones y sobreseimientos por defectos formales en este asunto. Sería terrible, no sólo por la depresión en que nos haría entrar, sino porque dejaría otra vez impune ese sistema tan parecido al seguido por la mafia más clásica, que infiltra las instancias del poder, especialmente el local, hasta asfixiarlo.
Ojalá tenga razón el fiscal Torres Dulce, ojalá esta película, por una vez, termine bien y se ponga a cada uno en su lugar. Ojalá la justicia acorte la distancia que ahora mismo separa a los ciudadanos españoles de quienes les gobiernan. Y ojalá que ese "caiga quien caiga" que tan interesadamente lanzó al aire Esperanza Aguirre, le alcance también a ella y la obligue a pagar todas sus marrullerías.
 
 
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