Han pasado de nosotros, por Javier Astasio


 
 
Miedo me da pensar en lo que están haciendo entre bambalinas el gobierno y la banca con el dinero que ha desaparecido del mercado y el que llega de Europa. De todos es sabido que la banca está tomando préstamos del Banco Central Europeo a un interés más que ventajoso para prestárselo al gobierno a un precio más elevado, lo que, evidentemente, está llevando a la paralización del crédito a los particulares, que son quienes realmente lo necesitan para reactivar el consumo y, con él, la actividad económica  el consumo.
Hoy me entero de que el ICO, Instituto de Crédito Oficial, cuya misión fundamental es la de facilitar crédito a clientes, llamémosles difíciles, ha estad gastando una parte importante de los veintidós  mil millones de euros recibidos del BCE en acudir a las subastas de liquides del Estado y en cubrir las facturas impagadas de la autonomías. Si a esto le añadimos que, como admitió la ministra de Trabajo y Seguridad Social, la inefable Fátima Báñez, admitió hace semanas que el fondo de reserva de las pensiones se está invirtiendo en deuda pública española, no hay duda de que hay motivos para estar preocupados, porque el dinero, el poco dinero disponible, está encerrado en un círculo vicioso, del que a este paso no saldrá nunca.
Son trampas y atajos contables, mediante los que el Estado ha conseguido maquillar las cifras y dar la apariencia de que la economía española se recupera. Pero es sólo una falsa sensación, porque al mirar a la calle, al poner los ojos en la economía real, nos damos cuenta de que, si las cifras sobre el papel son aceptables, en la calle, en la economía real, los españoles estamos viviendo una tragedia de enormes proporciones. Por eso, ahora que aparece el dato de que la deuda de España, o sea, la nuestra, la que antes o después tendremos que pagar asciende ya a cerca de un billón de euros o, lo que es lo mismo, casi el 90% del Producto Interior Bruto. Y me echo a temblar en un hogar en el que se debe el 90% de lo que se ingresa.
Han pasado de nosotros y sólo nos quieren para que paguemos la cuenta. Es como esas comidas o cenas con amigos o compañeros de trabajo en la que, por más que la mayoría se esfuerce en ajustarse a un presupuesto o por más que el precio del cubierto estés cerrado, siempre hay alguien que se empeña en disparar la cuenta pidiendo más vino o tomándose dos o tres copas más.
Ocurre que estamos pagando los excesos de otros. También su falta de solidaridad y decencia, esas deudas a Hacienda de las que poco a poco tenemos noticia, Messi, Bárcenas, las primas del rey y un largo etcétera que se esconde en la lista Falciani y que estaría bien que conociéramos para saber por qué, con todo lo que hemos trabajado, cotizado y pagado todos los impuestos, cumpliendo con la que es nuestra obligación, ahora que los necesitamos más que nunca, los servicios sociales son cada vez menos.
No es de extrañar, pues, que los informes que tienen que ver con el deterioro del estado de salud de la sociedad española sean cada vez más preocupantes y que en ellos el hambre y la enfermedad están cada vez más presentes. Han pasado de nosotros y lo han hecho porque, hagan lo que hagan, ellos siempre de ponen a salvo. Creo que hay que dejarse de pamplinas y dar el voto a quienes se comprometan a redoblar el gasto en servicios sociales y en este país y ahora, el de la Inspección de Hacienda debería tener la consideración de servicio público esencial.
 
 
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