Hablar no es solamente emitir sonidos... y escuchar no es simplemente poner el oído, por @paulitamuna

Pensar. Volver a pensar. Imaginar. Calcular adecuadamente cada palabra, cada frase, cada puntuación. Idear las posibles respuestas, pensar las diversas conversaciones que podrían darse. No hablar de más. Tampoco de menos... no vaya a ser que no logren entender lo que queremos decir. No sea cosa de que por hablar de menos piensen que somos maleducados, o que no estamos interesados en el tema. Por el contrario, nos vemos tan interesados que aquí nos encontramos, pensando cómo hacernos entender. ¿Cuáles serán las palabras adecuadas? Creemos conocer muchos modos de decir lo mismo, pero en ese momento solamente buscamos las palabras adecuadas para esa situación concreta. No buscamos un manual de generalizaciones, simplemente saber que es lo que nosotros deberíamos decir allí. Y nuestra mente no sabe respondernos.
En realidad, buscamos saber qué es lo que queremos decir. Pero... también buscamos que el otro quiera escuchar aquello que tenemos que decir. Y repensamos nuestro discurso. Lo meditamos. Lo imaginamos. Lo calculamos. Estamos de acuerdo, suena bien. Ni muy arreglado, ni demasiado improvisado. Ya lo estuvimos pensando para que parezca que no fue tan pensado. No vaya a ser que se pierda la fluidez del diálogo...
Y en el momento que deberíamos hablar, cuando llega el instante decisivo en el que luego de abrir la boca, debemos emitir un sonido... simplemente, elegimos callar. No vaya a ser que por querer hablar, digamos algo que estaba de más. 
El problema de nuestra falta de diálogo diario, está en que muchas veces hoy en día cansa más hablar que callar.. por miedo a decir lo que verdaderamente sentimos, creemos y hasta pensamos. 
 

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