Había letra pequeña, por Fernando Blázquez (@ferblazrom)

Claro que la había. Evidentemente la había. Primero lo negó De Guindos, diciendo que a España se le aplicarían “condiciones financieras, pero no macroeconómicas”. Al día siguiente fue Rajoy: “Esto no tiene nada que ver con otras situaciones de otros países y esto no tiene condicionalidad macroeconómica para nuestro país”. Pero claro que habría que pagar un precio. Tuvo que ser Joaquín Almunia, ayer, el que pusiera los puntos sobre las íes: “Las recomendaciones europeas, entre ellas la subida del IVA, son vinculantes”.

Una vez sabemos qué es lo que hay, aunque el Gobierno siga mintiendo, ¿qué nos van tocar, entonces? Subida del IVA (lo pidieron tanto el FMI como la Unión Europea, el Gobierno dijo que no, pero ahora “lo está estudiando”), bajada de las cotizaciones sociales (que quiere decir ‘bajada del IRPF como compensación’ de la subida del IVA),  eliminación de la desgravación de compra de vivienda, control estricto del gasto de las administraciones y elaboración de presupuestos a dos años. Y este paquete no es una opción. Es de obligado cumplimiento, guste o no.

Lo del IVA lo analizamos hace algo menos de un mes, pero lo recordamos, porque nunca está de más. La Unión Europea odia nuestro IVA y lleva años queriendo que lo reestructuremos. ¿Por qué? Porque existen demasiadas exenciones y dos tipos de IVA especial, el reducido (8%) y el superreducido (4%), que se aplican demasiado a menudo. ¿Tanto? Eso parece. Las exenciones y tipos reducidos hacen que la recaudación sea sólo del 42% de lo que podría llegar a ser. ¿Y por qué bajar las cotizaciones sociales, se estarán preguntando? Porque para la derecha (o el neoliberalismo, tanto monta) el Estado del Bienestar se tiene que financiar con impuestos y no con cotizaciones sociales, porque suponen un coste laboral indirecto que afecta a la competitividad de las empresas. Que mejor paguemos todos a que paguen solo ellas.

De momento nada se ha dicho de prolongar aún más la edad de jubilación, de acabar con las prejubilaciones y de la revisión de las políticas activas del empleo –aquello de ayudar a los parados a encontrar trabajo y no a fomentar el cobro del paro mientras hacen sillón-ball-, pero vamos, que todo se andará. Al tiempo.

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