GUIÓN, DIRECCIÓN E INTERPRETACIÓN, por Javier Astasio


No han tenido suerte. La mañana en Madrid era gris. Tan gris como aquel día de aquella canción de Raimon. Una "mañanita de niebla" que los mesetarios bien sabemos que es el anuncio de una tarde de paseo. Pero la mañana y el paseo se llevan mal en una ciudad como Madrid y más en un lunes de este febrerillo loco que meteorológicamente nos ha traído de todo y, políticamente, como diría un castizo, ni te cuento.
Estaba todo previsto, la liturgia, la coreografía y los intérpretes. Todo previsto para una nueva entrega de ese largo serial del victimismo tan querido y tan buscado por los independentistas catalanes, los de siempre y los sobrevenidos. Estaba todo previsto, pero, a última hora, han fallado esos elementos que son cruciales para ese pantallazo deseado y buscado en los telediarios europeos. Y es que ha fallado el escenario, que ha sido tan gris como sólo puede serlo una sórdida mañana de lunes en el centro de Madrid, y ha fallado la figuración, nada entusiasta, más bien abúlica, que no ha proporcionado esas espectaculares imágenes de gente a favor o en contra al paso de la "comitiva cívica" que han dejado el paseíllo del consejero Homs en poco más que el de una charlotada de plaza de toros de tercera.
Sería muy triste que, al final, Rajoy se saliese con la suya y que, también en esto, derrotase a quienes se han proclamado sus peores adversarios, con la mejor de sus armas, la del aburrimiento. Pero, ara nuestro mal, va camino de conseguirlo, porque Mas y sus compañeros en este viaje imposible un viaje en el que, a mi modo de ver, se embarcó sin entusiasmo y sólo para enturbiar cual calamar ese ya de por sí feo asunto del tres por ciento. Mas y sus compañeros de aventura resultan ya cansinos y previsibles.
Todo, en este asunto, tiene demasiado de teatral, incluso de folletinesco. Pretender que una consulta, que no el referéndum prometido, una consulta prohibida por el Constitucional y que, por tanto, no podía ser ya más que una consulta privada, se celebre en dependencias públicas como los colegios, sin que ello tenga consecuencias, es vivir en un mundo irreal, de papel prensa, una realidad paralela, en la que, pase lo que pase, la hoja de ruta del "procés" se cumple sin cumplirla, adaptándola a la verdadera realidad, prometiendo lo que no se puede cumplir ni aquí ni de cara al exterior y alterando palabras y promesas, resolviéndolo todo a última hora con unas nuevas elecciones que se pretende ganar desde el martirologio amplificado, sin haber hecho otra cosa en estos meses que ocuparse del "procés".
No sé si habré sido sólo yo o habrá habido otros que, como yo, se hayan preguntado esta mañana si el famoso certamen de telefonía "Mobile Barcelona", el de los cuatrocientos y mico millones de beneficio para la ciudad, sería posible en una Cataluña independiente, segregada unilateralmente de España. Estoy seguro de que no. Estoy seguro que la "Barcelona, ciudad de ferias y congresos” no brillaría del mismo modo fuera de la UE y parece que una Cataluña segregada no tendría sitio en la Europa de las estrellas.
No sé en qué quedará el juicio contra el ex conseller y hoy diputado Francesc Homs. De lo que estoy seguro es de que la condena, que el propio Homs ve como segura, apenas tendrá consecuencias en la calle, aquí y en Cataluña, porque es difícil entender que las tenga la inhabilitación para ejercer cargos públicos en un estado al que no se quiere pertenecer, Pero, en fin, la política es así y, por muy buenos que sean el guion, la dirección y la interpretación, a veces, las películas acaban siendo previsibles y aburridas.

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