Grandola y Hessel, por Javier Astasio

 
 
El ser humano, no sé si siempre, pero sí ahora, vive de simplificaciones, huye de lo complicado, le gustan las cosas masticadas y fáciles de digerir y, por eso, es fácil de conformar, dicho en el sentido de que lo fácil es darle forma. Los gobernantes y los medios, a veces juntos, a veces por separado, se han especializado en incorporar al sistema, a su sistema, limándole las aristas y enquistándolo, todo aquello en lo que ve peligro. Convirtiendo en símbolos vacíos, susceptibles de ser impresos en camisetas, rostros, poemas y consignas que algún día tuvieron un significado. Por ejemplo ese místico rostro del Che Guevara -nada admirados por mí, por cierto- reproducido hasta la saciedad en posters y camisetas que acaba llevando gente que ya no sabe quién fue ni qué hizo.
Me viene todo esto a la cabeza ahora que oigo hablar de "Grandola Vila Morena", la hermosa canción de José Afonso, como himno de la revolución de los claveles. Algo que no es exactamente así, ya que la canción, compuesta nueve años antes como homenaje a la Sociedad Musical Grandolense, centro cultural de una pequeña ciudad, al sur de Lisboa, que impresionó al cantautor por el nivel de sus actividades en pro de la Cultura, así, con mayúsculas.
"Grandola Vila Morena" no fue un himno, sólo fue una hermosa contraseña, la canción que varios oficiales, descontentos con la dictadura portuguesa, escucharon al cierre de un concierto de Amália Rodrigues. Un mes después, cuando todo estuvo punto para marchar sobre Lisboa, la canción, en la versión del autor, se convirtió en contraseña, ya que, su emisión por Radio Renascença la madrugada del 25 de abril de 1974 fue la señal que puso en marcha a las unidades rebeldes camino de la capital.
Qué quiero decir con esto. Simplemente, que estamos necesitados, más en tiempos como estos, de símbolos que nos identifiquen. Por eso quienes nos dominan, quienes, unas veces con sutileza y otras no, deciden por nosotros -el consumismo no es más que una sutil forma de esclavitud- y satisfacen nuestros deseos como placebos.
Acabamos de verlo con la muerte de Stéphane Hessel. Durante días hemos escuchado que el filósofo franco alemán fue el ideólogo del 15-M, algo difícilmente sostenible, si tenemos en cuenta que Hessel apoyo, figurando en ellas, las listas de François Hollande en las últimas elecciones. El 15-M fue posible porque ya estaba allí y porque, un movimiento en falso, muy mal calculado, por cierto, de las autoridades locales madrileñas, del PP, también por cierto, forzó el desalojo de los primeros y escasos acampados de la madrugada del 16, provocando, a las pocas horas, la toma real de la plaza de la Puerta del Sol.
Ahora, casi cuarenta años después, aquel "Grandola Vila Morena", desde que hace días se cantó en la Asamblea ante el primer ministro Passos Coelho, ha vuelto a despertar a los portugueses cansados de esta otra dictadura que no manda a los jóvenes a morir a las colonias, pero tampoco les deja vivir en su país. No es un himno, es, espero que lo sea, otra vez contraseña. La misma que ayer volvió a sacar la calle a cientos de miles de portugueses cansados de purgar los pecados de otros. También espero que cientos de miles de españoles se incorporen a quienes vieron en el "Indignaos" de Hessel el reflejo de lo que no es otra cosa que su pensamiento y vuelvan a tomar la iniciativa, esta vez dándole salida y sin abandonarla.
 
 
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