Gil Tamayo, párroco y periodista, dará voz a los obispos, por @rogeliodr

Fuente; Varios via APC

Miembro de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, el nuevo secretario general de la Conferencia Episcopal es un hombre de confianza del padre Federico Lombardi. La nueva cara amable de la Iglesia católica. Un secretario general al estilo Francisco.

EFE/La Vanguardia, 21/11/2013. El párroco de la Iglesia San Juan Bautista de Badajoz, José María Gil Tamayo, licenciado en Ciencias de la Información, ha sido el elegido para sustituir a partir de hoy a Juan Antonio Martínez Camino como secretario general de la Conferencia Episcopal (CEE), una casa que conoce muy bien.

Gil Tamayo, nacido en Zalamea de la Serena (Badajoz) en 1957 y que será el encargado de dar voz a los obispos españoles durante los próximos cinco años, es miembro de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, que es una asociación de clérigos de la prelatura del Opus Dei que le presta ayuda espiritual.

Hombre de confianza del padre Federico Lombardi -portavoz de la Santa Sede-, quien le nombró para ejercer esta tarea de información en español con los medios tras la renuncia de Benedicto XVI y la celebración del cónclave del que salió elegido el cardenal Bergoglio.

Personas de su entorno han destacado a Efe que Gil Tamayo es un hombre “campechano y muy sencillo” que vive con su madre y que sus principales ventajas son que conoce muy bien cómo funcionan los medios de comunicación, donde tiene “mucho amigos”, y también la Conferencia Episcopal.

Estudió en el seminario de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, donde se ordenó sacerdote en 1980 y con posterioridad se licenció en Estudios Eclesiásticos por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y en Ciencias de la Información por dicha Universidad.

Actualmente está realizando su tesis doctoral en Comunicación Social Institucional en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma.

Por su formación periodística, en 1992 se puso al frente de la dirección de la delegación de Medios de Comunicación y de la Oficina de Información de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, donde puso en marcha el semanario diocesano “Iglesia en camino”, del que ha sido director hasta el año 2005 y participó activamente en la creación de la emisora diocesana Popular TV de Badajoz.

Durante casi una década ha ejercido su labor pastoral en parroquias rurales de la comarca de la Serena, en Badajoz, y desde el pasado verano es el párroco de la Iglesia de San Juan Bautista de la capital pacense. También es canónigo de la Catedral Metropolitana de Badajoz, delegado episcopal para el Patrimonio Cultural y miembro del Consejo del Presbiterio.

De 1998 a 2011 fue director del Secretariado de la Comisión de Medios de Comunicación Social de la Conferencia Episcopal Española y en la actualidad es miembro del Consejo de Administración de la Cadena COPE y del Patronato de la Fundación Amparo de Moral, además de editorialista del diario vaticano L” Osservatore Romano y colaborador de las revistas Ecclesia y Palabra, así como del diario La Razón.

Tampoco se ha olvidado Gil Tamayo de la docencia e imparte clases de postgrado en Comunicación en la Universidad Pontificia de Salamanca y como profesor visitante de la Universidad Católica de El Salvador, además de ser conferenciante habitual sobre temas relacionados con la pastoral de las comunicaciones sociales, dictar cursos y conferencias sobre esta materia.

Gil Tamayo ha sido coordinador de programas religiosos en RTVE y y experto del Comité Episcopal Europeo para los Medios de Comunicación (CEEM) de 2001 a 2011. En la actualidad es colaborador de la Red Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL) y ha asesorado sobre temas de pastoral de las comunicaciones a los obispos de las Conferencias Episcopales de El Salvador y de Chile.

En 2006 el papa benedicto XVI le nombró Consultor del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales (PCCS) y en 2011 renovó el cargo para otro quinquenio en dicho órgano.

Tras conocer su nombramiento, Gil Tamayo, que no estaba dentro de la reunión de la Asamblea Plenaria de los obispos porque al ser un sacerdote no es miembro de este máximo órgano y se encontraba en su parroquia de Badajoz junto a su madre, ha trasmitido un saludo y ha pedido esperar hasta mañana a mediodía para comparecer ante los medios.

Será entonces cuando informe de si decide aceptar también la portavocía del Episcopado o proponer a otra persona para ese puesto.

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Los obispos eligen secretario general y portavoz a Gil Tamayo por gran mayoría

El País, 21/11/2013. El sacerdote extremeño José María Gil Tamayo estaba esta mañana a 400 kilómetros de Madrid, en Badajoz, cuando recibió la llamada del cardenal Antonio María Rouco, arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE). Los obispos, reunidos en asamblea plenaria, acababan de elegirlo secretario general para el quinquenio 2013-2018, le comunicó por teléfono. “Que Dios les perdone”, se dice que contestó. Había recibido 48 votos, es decir, una holgada mayoría absoluta. Apenas 17 prelados optaron por el obispo de Guadix, Ginés Ramón García, y otros 12 votaron al prelado auxiliar de Rouco, César Augusto Franco, además de dos sufragios en blanco. Era la terna elevada al plenario por la Comisión Permanente episcopal.

El nuevo dirigente episcopal, que muy probablemente será también portavoz de la CEE, no es un novato en la Casa de la Iglesia, que es como se conoce a la sede de la Conferencia Episcopal en la calle Añastro de Madrid. “Es muy querido y muy conocido en esta casa”, remachó el director de la Oficina de Información, Isidro Catela. Efectivamente, Gil Tamayo fue durante 13 años director del Secretariado de la Comisión de Medios de Comunicación Social de la CEE, entre 1998 a 2011. Abandonó ese cargo para regresar a su diócesis, donde es canónigo de la Catedral de Badajoz, párroco de san Juan Bautista de Badajoz, delegado episcopal para el Patrimonio Cultural y miembro del Consejo del Presbiterio.

La larga biografía oficial distribuida esta mañana por la Conferencia Episcopal nada dice de que el nuevo secretario general es miembro del Opus Dei, aunque sí que estudió teología y periodismo en la Universidad de Navarra, propiedad de esa organización eclesiástica. Juan Rubio, director de la revista Vida Nueva, de la congregación marianista, se refería a esta circunstancia poco más tarde. “Era de esperar que, ante el nombramiento, aflorase esa vinculación. A nadie se le oculta que su espiritualidad sacerdotal está ligada a la Obra, si bien todos coinciden en decir que es un rara avis, en el buen sentido. No pertenece a la Prelatura. Es cura diocesano”.

¿La elección es una cuña del Opus Dei en la calle Añastro, en contra de la voluntad del cardenal Rouco? Es exagerado decir tal cosa porque, como afirma Juan Rubio, “los adjetivos no son importantes; el sustantivo es lo fundamental”. Además, en la Casa de la Iglesia hay cargos y funcionarios de todos los colores. Lo fundamental en Gil Tamayo, del Opus Dei o no, es su competencia en temas de comunicación y de relaciones con la sociedad, que es lo que más necesitan los obispos españoles después del largo y bronco mandato del portavoz saliente, Juan Antonio Martínez Camino.

El prestigio de Gil Tamayo en el sector se ha labrado en múltiples frentes. Tras abandonar Añastro, fue llamado por el Vaticano para ser portavoz en lengua española del Sínodo de los Obispos celebrado del 7 al 28 de octubre de 2012, y desempeñó la tarea de adjunto para lengua española del portavoz de la Santa Sede, el jesuita Federico Lombardi, durante el periodo de renuncia de Benedicto XVI, el cónclave y elección del papa Francisco, en febrero y marzo de este año. Socio de la Asociación de la Prensa de Madrid y de la Federazione Nazionale Stampa italiana, es editorialista del diario oficial del Vaticano, L” Osservatore Romano; miembro del consejo de administración de la radio de los obispos COPE, y colaborador de las revistas Ecclesia y Palabra, y del diario La Razón, además de comentarista habitual de temas religiosos en varios medios de comunicación audiovisual. Está realizando su tesis doctoral en comunicación social institucional en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma, también del Opus Dei.

Ordenado sacerdote en Valencia, en 1982, nada menos que por el papa Juan Pablo II (un signo de distinción que pocos curas suelen recibir), Gil Tamayo es campechano y abierto, o al menos así se le presentaba esta mañana. Nació el 5 de junio de 1957 en Zalamea de la Serena (Badajoz) y fue cura rural durante nueve años en varias parroquias pacenses, hasta que en 1992 se hizo cargo de la dirección de la delegación de Medios de Comunicación y de la Oficina de Información de su diócesis. También participó en la creación de la emisora diocesana Popular TV.

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El sacerdote José María Gil Tamayo, nuevo secretario general de los obispos

PÚBLICO, 20/11/2013. El sacerdote José María Gil Tamayo se ha convertido este miércoles en el nuevo secretario general de la Conferencia Episcopal Española para los próximos cinco años, en sustitución del obispo auxiliar de Madrid, Juan Antonio Martínez Camino. Todavía queda por conocer si también ejercerá como portavoz de los obispos.

Dentro de la terna propuesta por la Comisión Permanente a la Asamblea Plenaria también estaban los dos contrincantes de Tamayo por hacerse con el poderoso cargo: el obispo de Guadix-Baza (Granada), Ginés García Beltrán, y el obispo auxiliar de Madrid, César Franco. Tamayo ha obtenido 48 votos a favor, César Franco 17 y Ginés García Beltrán 2. Se han registrado dos votos en blanco.

Gil Tamayo, párroco de la Iglesia San Juan Bautista de Badajoz, es licenciado en Ciencias de la Información y miembro del principal organismo vaticano relacionado con los medios de comunicación. Es hombre de confianza del padre Federico Lombardi -portavoz de la Santa Sede-, quien le nombró para ejercer esta tarea de información en español con los medios durante el cónclave del que salió elegido el cardenal Bergoglio.

El del sacerdote era el nombre que generaba más consensos entre todas las partes por varias razones. Gil Tamayo conoce como pocos el interior de la Conferencia Epicopal, se trata de un personaje que conoce a la mayor parte de los profesionales -y responsables- de medios de comunicación y por demostrar su capacidad en grandes eventos como demostró este años en la elección del papa Francisco.

Gil Tamayo, nació hace 52 años en Zalamea de la Serena (Badajoz) y pertenece desde su ordenación en 1980 al clero de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, en cuyo seminario realizó los estudios sacerdotales, licenciándose posteriormente en Estudios Eclesiásticos en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

Muy vinculado a los medios de comunicación

Hizo de portavoz del Vaticano ante los periodistas españoles en el cónclave donde se eligió al papa FranciscoTras desarrollar durante nueve años su trabajo sacerdotal al frente de parroquias rurales de la comarca pacense de La Serena y en la pastoral educativa con jóvenes, se licenció en Ciencias de la Información en la Universidad de Navarra. En 1992 se hizo cargo de la dirección de la delegación de Medios de Comunicación y de la Oficina de Información de su diócesis, poniendo a la vez en marcha el semanario diocesano “Iglesia en camino”, del que fue director hasta el año 2005.

También participó activamente en la puesta en marcha de la emisora Popular TV de Badajoz, compatibilizando este trabajo con el de capellán del Colegio Sagrada Familia de Badajoz. Es profesor del título de postgrado de Experto en Comunicación de la Universidad Pontificia de Salamanca y profesor visitante de la Universidad Católica de El Salvador.

Es miembro de los consejos de administración de la Cadena COPE y de Popular TV y contertulio en La Linterna de la IglesiaTambién es miembro de los consejos de administración de la Cadena COPE y de Popular TV, consiliario de la Unión Católica de Informadores y Periodistas de España (UCIP-E), canónigo de la Catedral Metropolitana de Badajoz, además de colaborador habitual del programa La Linterna de la Iglesia en la Cadena COPE y, desde el pasado verano, párroco de la Iglesia San Juan Bautista de Badajoz.

El pasado mes de febrero fue llamado por el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi, para desempeñar el cargo de portavoz para los medios de comunicación en lengua española durante el período comprendido entre la renuncia del Santo Padre Benedicto XVI y la proclamación de Francisco como Pontífice.

Además, es exdirector del Secretariado de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación de la Conferencia Episcopal Española y consultor del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales. Este sacerdote tiene cuenta de Twitter (@jmgilt) y de Facebook.

Sus nuevas funciones

Según los Estatutos, el secretario general de la Conferencia Episcopal Española será secretario de la Asamblea Plenaria, de la Comisión Permanente y del Comité Ejecutivo, en cuyas reuniones tendrá voz y, si es obispo, también voto.

Entre sus atribuciones, se encuentra la de ser enlace entre los distintos órganos de la Conferencia; recoger y transmitir información a los obispos sobre los problemas de interés general para la Iglesia en España; mantener contacto con las Secretarías Generales de otras Conferencias Episcopales; e informar a la opinión pública de las actividades y resoluciones de la Asamblea Plenaria y de la Comisión Permanente, así como de cualquier otro asunto relativo a la CEE.

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La nueva cara amable de la Iglesia católica

El Mundo, 20/11/2013. Con 48 votos (de 79) y a la primera votación. Los obispos españoles eligieron a José María Gil Tamayo como secretario general de la Conferencia episcopal sobre todo por sus cualidades mediáticas. Consciente de que la imagen de la institución eclesial tocó fondo en España y se sitúa en niveles de credibilidad como los de los políticos, la jerarquía española eligió al sucesor de Martínez Camino por sus dotes humanas de diálogo y por su capacitación mediática.

Hasta ahora, a los secretarios de la CEE se les elegía pensando sobre todo en sus dotes de gestión ad intra. La era de la comunicación exige a los prelados un cambio evidente de prioridades. Desde ahora, prima la portavocía sobre la gestión. Para remontar en las encuestas y aprovechar el efecto Francisco, la Iglesia católica española necesitaba una nueva voz y una nueva cara. Un rostro amable, para presentar a una institución más madre y menos madrastra, y focalizar su mensajes no tanto en la doctrina cuando en el Evangelio. Primero, el Evangelio y, después, la doctrina. Más zanahoria que palo. Más sonrisa que vinagre. Proponer con humidad sin imponer.

Para eso, los obispos buscaron (y encontraron, a las primeras de cambio) a un portavoz franciscano. En las formas y en el fondo. Un párroco (y canónigo), periodista (de la escuela de monseñor Montero), con muchas tablas mediáticas, con dotes de diálogo, con espiritualidad de la Obra y amigo de las vacas sagradas de la comunicación vaticana, Federico Lombardi y Giovanni Maria Vian.

Empezó de párroco, en su diócesis de Mérida-Badajoz, pero de la mano del también periodista y gran maestro de informadores eclesiásticos, monseñor Antonio Montero, pasó, desde muy joven a ocuparse de los medios de comunicación. Primero, en su diócesis. Después, en Añastro, sede de la CEE, como director de la Comisión episcopal de Medios de Comunicación.

En Madrid hizo de todo en el ámbito de los medios de comunicación eclesiales y civiles. Desde comentar los grandes eventos en las televisiones hasta dirigir los programas religiosos de TVE y RNE, pasando por la puesta en marcha de la ya periclitada Popular TV de la Iglesia.

Desde Madrid y de la mano de su amigo Giovanni Maria Vian, director de L”Osservatore romano, comenzó a publicar columnas en el periódico del Papa, al tiempo que era nombrado consultor del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales del Vaticano.

En el cargo de fontanero de la comunicación de Añastro estuvo 13 años nada menos. Lo dejó para irse a cuidar a su madre anciana y porque parecía que su horizonte en el escalafón eclesiástico se cerraba. En su diócesis volvió a ser párroco de San Juan Bautista y canónigo de la catedral. Y a la sede de la CEE regresó como jefe de la sala de máquinas y con olor inminente a mitra.

El último impulso que necesitaba para volver por la puerta grande le llegó del Vaticano. Y es que de Roma viene lo que a Roma va. José María Gil nunca dejó de cultivar su presencia vaticana. De tal forma que, tras la renuncia de Benedicto XVI y la convocatoria del cónclave, el portavoz del Vaticano necesitaba un periodista para dirigirse a los profesionales de lengua española. Y pensó en el padre Gil Tamayo.

Allí, al lado de Federico Lombardi y Rosicca (el portavoz para la lengua inglesa), Gil Tamayo se consagró a nivel mundial como un experto comunicador. Esa aura le valió muchos de los votos que cosechó para ser elegido sucesor de Martínez Camino. Otros muchos le llegaron por pertenecer al sector moderado y porque Rouco, que quiere jugar sus bazas hasta el final, presentó a uno de sus auxiliares (César Franco), que se llevó sólo los 12 votos de los más conservadores y escenificó a las claras la pérdida de poder del todavía arzobispo de Madrid. Sic transit.

Periodista de ida y vuelta, Gil Tamayo tendrá que ejercer también de secretario general, como es lógico. Llega a una Casa de la Iglesia dividida y con serios problemas internos. Sus dotes de hombre afable, dialogante, sencillo y cercano sin duda le valdrán para poner aceite en las heridas que deja abiertas su predecesor e iniciar una nueva etapa de mayor comunión.

En Añastro van a pasar de un secretario-estrella como Camino, que controlaba, aglutinaba y decidía todo (siempre en sintonía con el hasta ahora todopoderoso presidente del episcopado, cardenal Rouco Varela) a un secretario menos personalista y más colegial y democrático. Un coordinador para ejecutar los acuerdos de la Plenaria, sin imponerle su impronta. Un transmisor de las decisiones de los obispos, que vuelva a convertir la Casa de la Iglesia en una taller de iniciativas pastorales dentro de la diversidad que exige la comunión eclesial auténtica.

Un aglutinador de voluntades no para impulsar su modelo pastoral, sino para armonizar los ajenos. Con cintura y flexibilidad. Tanto para buscar los consensos episcopales como para tratar a los medios y a sus profesionales.

José María Gil Tamayo sabe, por experiencia, que la Iglesia necesita a los medios como instrumentos necesarios para hacer llegar sus mensajes a la sociedad. De ahí que quepa esperar de él transparencia absoluta (como pide el Papa), diálogo continuo y hasta cercanía cordial con los profesionales de la información religiosa, que tenemos que dejar de ser vistos como enemigos en Añastro, para pasar a ser cooperadores necesarios. Nuevo ciclo, nueva cara, esperanza renovada. La primavera de Francisco llega, con cierto retraso, a Madrid.

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Gil Tamayo, un secretario general al estilo Francisco

La Razón, 21/11/2013. El curso anterior alteró más de lo esperado la agenda de José María Gil Tamayo. La renuncia de Benedicto XVI le llevó a dejar su parroquia en Badajoz durante un mes para trasladarse a Roma, como portavoz de la Santa Sede en lengua castellana en el cónclave del que salió elegido el Papa Francisco. Como buen pastor, tenía la espinita clavada de haber dejado a su párroco y sus feligreses desatendidos. Se propuso para este curso moverse lo menos posible de la Iglesia de San Juan Bautista, una de las más populosas de la ciudad extremeña, para estar con los suyos. Pero los planes de Dios sorprenden cuando uno menos se lo espera y ayer por la mañana, una llamada del cardenal Rouco Varela dio un giro. Gil Tamayo había sido elegido nuevo secretario general de la Conferencia Episcopal para los próximos años. Si a un lado del teléfono estaba el presidente del Episcopado, al otro, el sacerdote aceptaba el cargo junto a su madre. Los dos, en la parroquia. Ella rompió a llora r y él se puso a hacer las maletas, protagonizando un cambio de ciclo después de diez años al frente de la secretaría de Juan Antonio Martínez Camino.

Aunque el lunes por la tarde se dio a conocer la terna de candidatos, que completaron los obispos Ginés García Beltrán –titular de Guadix– y César Franco –auxiliar de Madrid–, lo mejor era permanecer como un día más en el templo. Y así fue. Mientras, a la Casa de la Iglesia llegaba su nombre y el del pastor de Guadix con el aval de al menos diez prelados. Tanto ellos como el auxiliar de Madrid obtenían el apoyo de la Comisión de Permanente para que ayer sus nombres fueran votados por el total de los obispos españoles reunidos en la Asamblea Plenaria. Lo que se planteaba como una votación de sondeo a primera hora de la mañana tras una oración por las víctimas del tifón «Yolanda» de Filipinas, se reveló como escrutinio definitivo. No hizo falta más vueltas: el periodista, colaborador de LA RAZÓN y editorialista de «L”Osservatore Romano», era elegido con 48 apoyos, de un total de 79 obispos que tenían derecho a voto. García Beltrán obtenía 17 y Franco, 12.

«Es una persona muy querida y conocida en esta casa», explicaba ayer Isidro Catela, director de la Oficina de Información de la Conferencia Episcopal sobre aquel que fuera director del secretariado de la Comisión de Medios de Comunicación Social, de 1998 a 2011. «En 2001 fue quien me vino a buscar a Salamanca para traerme a Madrid y dirigir el programa de televisión «Testimonio». La cercanía y complicidad de Gil Tamayo es tal con quienes le conocen que no dudó en comentarle a Catela que uno de sus primeros deseos era decirles a los obispos que «Dios les perdone por lo que han hecho».

Hoy Gil Tamayo regresará a la calle Añastro como secretario general del organismos que aglutina a los obispos españoles, un puesto que exige, además de ser el enlace entre las diócesis, mantener vivas las relaciones con los Episcopados del planeta, y deberá poner en marcha junto a los prelados las pautas marcadas el pasado lunes por el Nuncio de Su Santidad, Renzo Fratini, que trasladó el deseo del Papa Francisco de crear «un camino nuevo en la caridad, entre todos los agentes que colaboran en la acción pastoral» animado por «pastores, cercanos a la gente, que amen la pobreza, la simplicidad y austeridad de vida», unas máximas que José María lleva a lo cotidiano.

El sacerdote será además el rostro visible de la Iglesia española ante los medios de comunicación, un campo allanado en tanto que conoce de primera mano a los periodistas de información religiosa y que viene avalado por su eficaz gestión en Roma. Su impronta de apostar por una Iglesia que no permanece callada, sino que comunica lo lleva en la sangre. Prueba de ello no es sólo que fuera uno de los impulsores de la agencia española de noticias misioneras OMPress o que colaborara en la trastienda comunicativa de la JMJ de Madrid, sino que ayer quiso estrenarse en sus funciones con un tuit: «Os agradezco vuestras oraciones y felicitaciones por este difícil encargo que me han encomendado los obispos españoles. ¡Dios ayudará!». «Él tendrá que decidir si decide asumir la portavocía como una más de sus funciones o decide desdoblarlo. La secretaría exige mucho trabajo, no sólo de comunicativa. Entre sus funciones tiene esa competencia y de esta manera tendrá que plantear su proyecto a los obi spos», matizó Catela, consciente de que el nuevo secretario también tiene entre manos su tesis doctoral.

Gil Tamayo se instala pues en Madrid. Y en Badajoz le echan ya de menos. Quienes fueron sus alumnos, aquellos que le tuvieron como párroco en la comarca de La Serena y sus actuales feligreses. «Se caracteriza por su cordialidad y disponibilidad; además, se ha movido siempre bien en los ambientes oficiales», apunta el que hasta ayer era su jefe más directo, Emilio Rodríguez Benítez, párroco de San Juan Bautista, poco después de desayunar juntos.

Hace justo un mes que José María hacía un minucioso examen del inicio de Pontificado de Francisco en LA RAZÓN subrayando que, «gracias al Espíritu Santo que le asiste, al Papa no le faltan ni lucidez y astucia evangélica, además de un magnífico sentido común y un inmenso amor a Cristo y a la Iglesia, a los que se une una gran humanidad que se muestra –como no podía ser de otra manera en un Pastor de la Iglesia– en un apasionado amor a los más pobres y desvalidos». El nuevo secretario general de la Conferencia Episcopal podría presumir, aunque no lo haga, de haber seguido su ejemplo.

En la imagen superior, El Papa Francisco estrecha la mano de Gil Tamayo durante una audiencia.

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