Generosidad, por Javier Astasio


Tantas veces nos han contado, quizá demasiadas, por activa y por pasiva, que la transición española, con sus luces y sombras, con sus logros y frustraciones, sólo fue posible gracias a la generosidad del Partido Comunista de España y/o Santiago Carrillo que, por aquel entonces y pese a la histórica frase de Manuel Fraga, controlaba la calle, que, ahora que estamos a punto de iniciar la segunda o que , al menos, la estamos necesitando, echamos de menos la generosidad que en otro tiempo atribuimos a la, por entonces, izquierda más y mejor organizada.
Y es que, otra vez, es necesaria la generosidad del PCE, con o sin ese su uniforme de paseo que es Izquierda Unida, para permitir que, definitivamente, este país supere la triste y dolorosa etapa del bipartidismo. El PCE o IU, como prefiráis, tiene que llevar a cabo ese gesto de generosidad que sería dejar de ser cabeza de ratón para convertirse en cola o en una de las patas de ese poderosos león que puede llegar a ser la izquierda de este país, en el que pese a que los sueldos o las condiciones de trabajo y los salarios son tan penosos como entonces o peores, el capitalismo, ahora especulativo, y las empresas son mucho más voraces que entonces.
Izquierda Unida tiene que ser consciente de que es el último botón que contiene la expansión de  esa izquierda de clase, más allá de la socialdemocracia acomodada del PSOE, capaz de dar un vuelco al país. Los dirigentes de IU tienen que dejarse desabrochar para dar paso a esa izquierda sociológica que devuelva a los españoles el estado de bienestar olvidado o mal defendido por los socialistas. Y, cuanto más tarden en dejarse desabrochar, más crecerán las alternativas de la derecha maquillada, Pedro Sánchez recurre al tópico de la derecha civilizada para definirla, con la que su partido, con el aplauso del IBEX 35, sí se atrevería a pactar.
Izquierda Unida no debe tardar en acercarse a Podemos, más ahora que los herederos del 15-M no han cubierto en Andalucía sus expectativas y que, como reconoció -y le honra- Carolina Bescansa, han visto que su esfuerzo es insuficientes en solitario para liderar el cambio que este país necesita,
Ahora es un buen momento para que Alberto Garzón, el gran triunfador, no lo olvidemos, del debate sobre el Estado de la Nación, lidere el acercamiento a Podemos, sin las interferencias de ese reino de taifa en que se ha convertido la federación madrileña de IU.
Este fin de semana, los responsables de esa federación han tenido la oportunidad de dejar de ser esa Numancia suicida dispuesta a desaparecer con tal de no sumarse a la corriente de los días. Porque este fin de semana la intolerancia de la federación madrileña se ha mantenido en sus trece, frente a la decisión de la dirección nacional que desautorizó la candidatura con que pretende presentarse al ayuntamiento de Madrid, tras forzar la salida del candidato elegido en primarias, Mauricio Valverde.
Estoy seguro de que, al final, muchos militantes y, no digamos ya, votantes de IU seguirán los pasos de Tania Sánchez y Mauricio Valverde para acercarse y votar a la marca electoral con la que Podemos se presentará en Madrid y que el batacazo que se dará tanto egoísta como va quedando en la federación será doloroso y vergonzante. Está faltando generosidad, está faltando la grandeza de dar un paso atrás y dejarse de guerras sucias y miserias para defender el sillón de concejal o el escaño en la Asamblea.
Insisto. IU es el último botón que contiene la fuerza que viene y, si no se desabrocha a tiempo y con generosidad, la presión reventará el ojal en que se abrocha y se perderá. Mientras tanto quienes se han sentido tan cómodos en el bipartidismo, tan contentos.


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