Gaza 2014: guerra civil y adiós a Oslo, por @CarlosPenedoC

Los prejuicios hay que contrastarlos con la realidad. Y si el resultado los confirma es que uno no andaba demasiado equivocado.
En este caso el juicio previo, a partir de la experiencia de la última gran ofensiva armada sobre Líbano en 2006 y sobre Gaza en 2009, era que el límite asumible de árabes muertos en un conflicto relacionado con Israel rondaba la cifra de 1.500.
Líbano 2006: entre el 1 de julio y el 14 de agosto. Motivo aparente: captura de dos soldados israelíes y borrar del mapa a Hezbolá. Nombre: Operación Recompensa Justa. Balance de víctimas: 1.187 libaneses muertos, 4.060 heridos, 256.000 desplazados y 15.000 viviendas destruidas. Por parte de Israel, 116 soldados muertos y 450 heridos. Entre los civiles, 41 muertos y 604 heridos. Resultado: intensa actividad diplomática –y española-, resolución 1.701 de la ONU que refuerza su presencia en el sur del país y pasa de ser testigo desde 1978 a eficaz barrera que ha puesto fin a un ciclo de violencia con el vecino  norte de cuatro décadas.
Gaza 2009: entre el 27 de diciembre de 2008 y el 18 de enero de 2009. Motivo aparente: destruir la infraestructura terrorista y borrar del mapa a Hamás. Balance de víctimas: 1.434 palestinos y 14 israelíes muertos. Nombre: Operación Plomo Fundido. Resultado: ninguno.
Gaza 2014: desde el 1 de julio. Motivo aparente: borrar del mapa a Hamás. Nombre: Operación Margen Protector. Balance: 2.016 palestinos muertos, incluidos 541 niños y 250 mujeres; 237.659 desplazados; 65 israelíes muertos (de ellos, 64 militares); daños por 4.400 millones de euros; 12.000 viviendas destruidas, en las que vivían más de 100.000 personas; 230 escuelas, 51 hospitales y centros de salud alcanzados, junto con la destrucción de otras infraestructuras básicas como la única central eléctrica de Gaza.
La conclusión sólo puede ser que la comunidad internacional se ha vuelto más permisible, los Estados más inoperantes, entre un 20% y un 25% más pasivos que hace una década.
La crisis financiera-económica-política-social-institucional ha tenido como efecto secundario una falta de compromiso de los Estados con las organizaciones internacionales a las que pertenecen, una introspección nacional y como mucho la búsqueda de alianzas bilaterales, como la de España con Francia en el Sahel, o la de Reino Unido y Francia en materia de armamento.
Las Organizaciones Internacionales y la Unión Europea son el resultado de lo que acuerdan sus miembros, su inoperancia es la suma de la de los gobiernos nacionales.
Los críticos hacia Naciones Unidas (muchos suelen defender el trabajo de otras organizaciones bastante más modestas, incluso caritativas) deben saber que antes del último conflicto la mitad de los 1,7 millones de gazatíes dependían de la ayuda que les prestan las agencias de Naciones Unidas en asuntos tan básicos como la educación, la sanidad, también el agua.
Los críticos pueden mirar también a Líbano, donde 10.000 cascos azules han impedido que se repita la tragedia en ese territorio durante los últimos ocho años.
Volvemos a vivir una crisis humanitaria en Oriente Próximo, una más, y como nada se repite exactamente pues tiene componentes de siempre y factores muy actuales.
Entre la continuidad figura la ocupación colonial de Palestina por Israel, y cualquier acercamiento con el derecho internacional en la mano nos dice que la responsabilidad es siempre de la potencia ocupante.
Entre las novedades se encuentra el acuerdo entre las distintas sensibilidades políticas del movimiento palestino, alcanzado por la OLP y Hamás en fechas previas al conflicto. Y un golpe de Estado en Egipto avalado por EE.UU. y con la indiferencia -si no aplauso- del resto de los países occidentales y del área.
Y la gran novedad es que la base sobre la que se construyeron los acuerdos de Oslo de 1993, la solución de dos Estados (el palestino sobre el 25% del suelo que formaba el mandato británico) es física y políticamente inviable.
La realidad hace imposible la solución de los dos Estados, Israel y Palestina nunca serán entidades políticas independientes, soberanas y vecinas. Medio millón de colonos, limpiezas éticas y étnicas, un millón de palestinos de nacionalidad israelí, un muro de 450 kilómetros, extremistas de pelo largo y pelo corto impiden la hipótesis de los dos Estados y la coexistencia vecina de dos entidades políticas independientes y soberanas.
El tangerino Shlomo Ben Amí, ex ministro israelí de Asuntos Exteriores y ex embajador de Israel en España, mostraba recientemente por escrito su desesperación y de pasada decía que la situación actual bien podría definirse como una guerra civil permanente.
Población de un mismo territorio enfrentada entre sí, eso es una guerra civil. Palestinos e israelíes llevan siete décadas viviendo y luchando por el mismo suelo, guerra civil.
Sudafricanos de origen angloholandés y negros luchando por el mismo territorio, y la solución por imposible nunca fue –se intentó, bantustantes- la separación física.
Se intentó también en la India a un coste humano disparatado, se quiso crear una India hindú y un Pakistán musulmán. Hoy la India, con 150 millones de musulmanes, es el tercer país de religión islámica del planeta.
En cada conflicto surgen visionarios de la separación física sobre el mapa de la realidad social mezclada. Los territorios étnicamente puros sólo existen como objetivo en las salas de operaciones de los Estados Mayores, y el intento de aplicarlo a la realidad suele utilizar un método llamado limpieza étnica.
¿Cuál es la lección de la última catástrofe en Gaza? Que el futuro de Israel-Palestina -habría que encontrar un tercer nombre mutuamente aceptado- es un solo Estado democrático.
La historia enseña que lo conseguido con la violencia es muy difícil reconquistarlo pacíficamente, lo que asegura décadas de prosperidad a quienes aparentemente ceden su poder.
¿Ruptura o reforma? Reforma controlando los resortes del poder, los pisoteados se conforman durante generación y media con la victoria moral. El acuerdo dura tres décadas sin mover una coma. Es una de las lecciones que los dirigentes israelíes y norteamericanos podrían tomar de la Transición española.

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