Fuera de la Ley, por Javier Astasio

 
 
Contemplo la foto de EFE, tomada durante una manifestación en mi añorada Avenida da Liberdade y me llena los ojos esa enorme pancarta, de lado a lado del bulevar, en la que se lee blanco sobre negro y en firme y hermosos portugués "El gobierno fuera de la ley". Y es que, lo que aquí es una terrible sospecha, allí, gracias al recurso que, contra las medidas de austeridad impuestas por el conservador y ultraliberal Passos Coelho, presentaron y ganaron ante el Tribunal Constitucional el presidente de la República y el Defensor del Pueblo, hoy es una terrible evidencia, porque, tal y como ha dejado claro el tribunal, en su loca obediencia a Bruselas, el gobierno se puso fuera de la ley.
Fuera de la ley y enfrente de los ciudadanos por cuyo bienestar debería velar. Por el contrario, cada vez estamos más acostumbrados, que no resignados, a que los gobiernos tomen sus decisiones en beneficio de unos pocos, a que los verdaderos culpables de lo que está sucediendo se lleven la parte del león del esfuerzo de todos, mientras los sacrificios recaen siempre en los mismos, los más débiles y desprotegidos. Estamos acostumbrados, aunque no resignados a que nada se haga que pueda alterar el sueño de la banca, el dragón que se ha comido nuestras cosechas.
De ser cierto lo publicado por ABC, y no tiene por qué no serlo, Jesús Posada, cuya mujer y cuñados movieron decenas de millones de pesetas en negro, mediante "artefactos" de ingeniería financiera, no fue el único en amonestar y dar la bronca en el pleno del Congreso, durante el desalojo de quienes protestaban contra la solución dada por De Guindos a la estafa de las preferentes. Al parecer, también Manuel Chaves, ex tantas cosas, abroncó al diputado Odón Elorza mientras éste aplaudía a quienes eran desalojados, preguntándole -según ABC- si no sabía en qué partido estaba. Me imagino  a la O de obrero que aún conservan las siglas del PSOE, muerta de vergüenza e incredulidad.
Debe ser porque Chaves, que llegó a presidir el partido, no quiere ponerse fuera de la ley ni de los reglamentos, creo que son demasiados los diputados que se sientan en el escaño como lo haría un oficinista en su escritorio, pendientes de las instrucciones de su jefe y poco más. Si no, cómo se explica que se haya cometido y se cometa tanta iniquidad. Cómo se justifica que el gobernador del Banco de España durante los últimos años de Zapatero, los del estallido de la burbuja, los del vil corralito de las preferentes, no fuese capaz de olerse la tostada, mientras vivía obsesionado con lo mucho que ganaban los obreros. Seguro que Chaves nunca le regañó por no saber en qué partido estaba.
Han tenido que pasar dos años largos y terribles, dos años de paro, recortes, pensiones devaluadas, salarios a la baja, desahucios y embargos, dos años de cierres de industrias y comercios, dos años sin crédito y de subida de impuestos, no a los ricos, no, a todos, para que Rajoy y De Guindos se hayan caído del ídem y reclamen ahora otra política más allá de la austeridad pura y dura, también cruel, y cómo, a Europa, para, en resumen, cumplir con el único deber de los gobernantes que no debiera ser otro que proteger a quienes gobierna y procurar la felicidad de los ciudadanos.
Uno podría pensar que, después de todo este tiempo, el gobierno esta resituándose dentro de la ley, que ha tomado conciencia de la situación y de cuáles son las soluciones. No os hagáis ilusiones, este gobierno no da puntada sin hilo y mucho me temo que lo único que está haciendo es colocar su barca para el cambio de oleaje que espera que genere Alemania tras las elecciones que cada vez están más cerca. No dudéis que lo que sólo será un cambio de estrategia de Alemania, con o sin Merkel, Rajoy y los suyos lo atribuyan  a sus "presiones", del mismo modo que, en Madrid, atribuyen el alto nivel agua embalsada en los pantanos a su buena gestión y no a toda el agua caída en el último mes y medio.
 
Ojalá las decisiones que tome en España su Tribunal Constitucional devuelvan al cauce de la ley tantas y tantas decisiones que este gobierno ha dejado fuera. No sé si hay muchos motivos para confiar en la justicia española, quiero pensar que sí, pese a algunos feos movimientos de la Fiscalía y la Abogacía del Estado en torno a la situación procesal de la infanta Cristina. Quiero pensar que sí, sobre todo porque si algo necesitamos ahora es mucha esperanza y mucha fe, si no en todas, en algunas instituciones.
 
 
 
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