Forever, Mon, por Juan Ignacio Cortiñas (@jicosa)

¡Volvemos con Mon!
Como el disco que grabó con Willie Colón había tenido un éxito tremendo, Efraín mon Rivera decidió hacerle caso a los atrayentes cantos de sirena que provenían de Nueva York. Dejó a un lado la vida que se estaba labrando en Puerto Rico (durante su estancia de desintoxicación en los hogares Crea había aprendido el oficio de electricista) para mudarse, de nuevo, a la Gran Manzana, ponerse un traje de lo más bonito y reaparecer como cabeza de cartel en muchas fiestas y eventos. Mon Rivera, el Mon de los trabalenguas, orgullo de su Mayagüez querido y pionero en el uso de una sección de metales exclusivamente compuesta por trombones (origen del sonido salsero neoyorquino), estaba de vuelta pegando duro.
Por supuesto, volver a caer en el ritmo frenético que ofrece el mundo del espectáculo le hizo coquetear, también una vez más, con aquellas sustancias y el alcohol, y fue entonces cuando volvió a enfrentarse con sus peores fantasmas. Mon se atascó por segunda ocasión en los pagos de la heroína, estuvo preso brevemente por tenencia, se contagió de hepatitis y la suma de esto con otros desórdenes vitales que arrastraba desde hacía tiempo lo llevaron a la tumba en marzo de 1978.
Efraín mon Rivera Castillo, con más dientes de oro que Pedro Navaja                                         Lee Marshall
El deceso fue un tanto sorpresivo -Mon tenía 53 años- y dejó en el aire un disco que estaba grabando en ese momento para Vaya, uno de los sellos de Fania Records. Era un proyecto dirigido por Johnny Pacheco, más acomodaticio y salsero que el anterior con Colón, aunque también con mucho sabor.  Después del entierro de Rivera en Mayagüez, unos funerales con procesiones garciamarquianas que paralizaron a toda la ciudad, Pacheco comprendió que debía completar la producción. Pero como faltaban algunas canciones para que el álbum no cojeara decidió rescatar de aquellas sesiones grabadas con Willie en 1975 tres canciones: (si el oído no me falla, claro) Caldo y pescao, Se dice gracias y Pancho Macoco, que tienen un sonido más puertorriqueño.
El LP terminó llamándose Forever y no creo que haga falta explicar por qué.

Para la grabación de este disco fue invitada una selección de lujo, compuesta por el professor Joe Torres en el piano, Joe Santiago en el bajo, Milton Cardona en las congas, José Mangual en los bongós y Nicky Marrero en los timbales, mientras que la pared de trombones estaría a cargo de Lewis Kahn, Reinaldo Jorge y Angel papo Vásquez. En los coros cantarían Pacheco, Willie y Cindy Colón, Mangual y Cardona.
Mon Rivera siempre procuró hacerse con la sonoridad de al menos tres trombones para con ellos conseguir arreglo sofisticados, en los que dos cumplían funciones armónicas mientras el otro podía entonar, por ejemplo una contra melodía. Con ello conseguía un marco sonoro tejido de alternancias y consonancias que marcaba distancia con los conjuntos de estructura típica con trompetas, o trompetas y trombones. Ese mismo camino fue seguido durante los años 60 por Eddie Palmieri y otros grupos, y tuvo su mejor expresión en la sonoridad de Willie Colón, que hizo de los trombones su marca personal.
Aunque con resultados menos interesantes que en sus anteriores grabaciones, y una cierta ausencia de picardía, la temática del álbum es la típica de Mon: pequeñas historias cotidianas con aroma a pueblo, retratos de esa eterna guerra de dominación entre sexos con acentos del machismo de la época y varios guiños a su Caribe natal. Buena parte de las canciones fueron tomadas del folklore portorro y los arreglos tienen mucho sabor, pero en la sesión que hizo con Pacheco la voz de Rivera suena apagada, con una garganta extendiendo los finales de cada verso. No es posible saber si esto fue resultado de la condición física que padecía o es que estaba con una juma importante en el estudio de grabación. Lo cierto es que hay mucha diferencia con las grabaciones del 75, en las que la voz tiene una notoria vitalidad, con las de este disco en cuestión.
Forever comienza con Es mejor jugar caballos, queja del marido ante la mujer que no cumple con sus obligaciones en el hogar. Escrito por Ismael Rivera, el tema tiene una moña potente que alterna con Mon haciendo un refranero que juega tanto con las palabras que termina volviéndolas ininteligibles. Viene a continuación Esta bomba es diferente, con acentos jíbaros y un derroche de sabor boricua
Sale una mujer repicando una maraca
y los tumbadores y el quinto le ponen la salsa
la bomba se baila con un traje de crepe blanco
y el primero que suda en el baile lo tiran por un barranco

Esta bomba sí es muy diferente
pues está hecha con sabor y salsa
para alegrar el ambiente
para luego ser seguida por Conmigo, no, otra queja de macho alfa empaquetada en una melodía excelente. El arreglo de los vientos, la orquestación del montuno, con un largo solo de trombón -desconozco cuál de los tres lo pudo haber tocado, tal vez papo Vásquez- y un coro implacable que no cesa de marcar la cadencia con un conmigo, registran la expresión del genio musical de Mon y su certero concepto del sabor. Rivera, además de beisbolista, fue de esa clase de músicos que estudió y llegó a dominar la percusión, el piano, el trombón, el contrabajo, el saxo, el violín, la pandereta y el güiro (muy pocos como él, la verdad, tocando el calabazo), además de componer y escribir música y concebir arreglos para diversos instrumentos.
Lee Marshall
Vuelvo a vivir, compuesta por Armando Manzanero, es el trago grueso del disco. El gesto triste.  Seguramente fue escogida por Mon para festejar el renacimiento de su carrera; lo cierto es que salió publicada un poco tarde y el coro casi se convirtió en un epitafio. Aquí se nota desvaída la voz de nuestro cantante, en unos montunos con palabras sin sentido que se repiten continuamente y luego el ruego a una mujer para que vuelva a aceptarlo
Vivir la vida, mi hermano
no hay quien me pueda decir
En mis tiempos de estudiante
yo solo echaba p'alante
y nadie me ha enseñado a mí

Yo sé que el público me adora
y mi canto está de moda
y ahora vuelvo a vivir

Ahora sí, ahora sí vuelvo a vivir
La siguiente canción es una plena merenguera de las sesiones que hizo con Willie, Caldo y pescao, esta sí con mucha fuerza y un Mon en plenas facultades. La historia es la de siempre, el marido quiere comer, pero falta un ingrediente y tiene que ser la mujer la que va ir a comprarlo
Un amigo que yo tengo
no le gusta la gallina
pues su plato favorito
es caldo de pescado y harina

Si la come y le cocina
arroz blanco y bacalao
dice: dónde está el pescao
pregunta por el pescao
que es lo que más le fascina

Sola va
la comai Marina 
a la plaza de mercado
a comprar una harina
pa' echarle al pescao
Composición de Mon, Las nenas del barrio es un guaguancó sabroso con un único fin: promocionar a su orquesta con una letra de cuatro líneas y un montuno guapachoso

(Las nenas del barrio están lo más changas *
porque ya tienen una orquesta que toca bien plena y salsa)

Las tres nenas de doña Julia
ayer las vi por Tercera
comprando ropa y zapatos
para ir bonitas a la fiesta
Aquí el arreglo tiene mucho sabor, las escalas del piano son deliciosas y el efecto de los trombones hilvanados con el bajo es contundente. Uno de ellos da otro solo, solvente, hasta que se une al coro que desemboca en una moña corta pero efectiva. Los dos temas siguientes, Se dice gracias y Pancho Macoco provienen también de las grabaciones con Willie. La primera es un autobombo a esa fama bien ganada que tenía Rivera y la segunda es un retrato de esos curanderos rurales, de esos mismos parajes donde la plena sonaba y sigue sonando.
Cierran el discos dos canciones dedicadas a las Antillas menores: La punda (con una historia que acontece en Curazao) y Carnaval en Margarita, una aburrida letra de amor en esa isla pegada al mar.
(No podría ser de otra manera).

Este disco, como ya algunos habrán previsto, está descatalogado y no parece que vaya a ser puesto de nuevo a la venta. Tiene sus peros: fue comercializado al calor de la pérdida del cantante y como homenaje a su talento, pero carece del brillo de otras grabaciones anteriores. La última vez que se reeditó en CD fue hace unos 20 años, cuando aún la disquera pertenecía a Jerry Masucci. Por lo visto, para los nuevos dueños de Fania, Forever no parece ser un producto que valga la pena remasterizar y lanzar, aunque sea en versión digital. Las versiones en CD todavía se pueden conseguir en algunos países. Y bueno, también se puede encontrar en internet.
Claro, a todo aquel que esté interesado solamente en escuchar lo mejor de Mon le recomiendo que pase de largo y no se preocupe por este álbum. Hay varios, sobre todo los que grabó en la primera mitad de los 60, que son mucho mejores, más representativos de genialidad artística.
Los coleccionistas, sin embargo, deben poseerlo. A pesar de que en el disco está registrado un Mon en plena decadencia, sigue mostrando parte de sus brillos como trovador nato, porque fue uno de los mejores contadores de historias que ha tenido Puerto Rico y, además, una de las voces caribeñas más originales e influyentes.

* A mis apreciados lectores boricuas y nuyoricans: si alguien sabe cómo se escribe exactamente la palabra changa, le agradezco me lo diga en un mensaje para corregirla, si es que la he transcrito de forma equivocada.

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