Fin de la RTVE plural, por Fernando Blázquez (@ferblazrom)

El Gobierno de España, con el apoyo de CiU, ha decidido acabar -porque sí y de golpe y porrazo- con la mejor radio televisión pública que este país ha tenido nunca. Desaparece definitivamente la mayoría de dos tercios para elegir el presidente de la Corporación, lo que, en las circunstancias actuales de mayoría absoluta, hace que el Ejecutivo pueda nombrar a quien quiera. Según Soraya Sáenz de Santamaría la decisión se toma para acabar con el bloqueo del que es culpable el PSOE. Según el PSOE, el Gobierno nunca ha querido dialogar.

RTVE es el reflejo mismo de la sociedad. Es una gran empresa trabajadores excepcionales, trabajadores buenos y otros que no lo son tanto. Como en botica, hay de todo. Los hay más proclives a la derecha y más cercanos a la izquierda, porque es lo lógico. Porque es lo normal. Porque la sociedad es así. El problema siempre ha venido cuando el gobierno de turno decide anular a una parte de esos trabajadores y situar en puestos clave a sus cómplices… y a sus amigos.

El Gobierno de Rodríguez Zapatero, por convicción o por imitación -de grandes medios europeos como la BBC-, decidió dotar a la Corporación pública de una independencia que jamás había tenido. Un sistema en el que los periodistas actuaran e informaran según sus criterios profesionales y no siguiendo las directrices -y las mentiras- del partido en el poder. Y la audiencia ha creído en ese sistema. Televisión Española ha sido líder de audiencia durante meses hasta que han llegado los recortes y sus espacios más seguidos, como Cuéntame, Águila Roja o La Hora de José Mota han desaparecido (aunque, cierto es, no puede pagarse todo a cualquier precio). Los informativos, sin embargo, llevan 4 años y ocho meses siendo líderes, con 800.000 espectadores más que los segundos en la lista, los de Antena 3. Radio Nacional ha obtenido en el último EGM sus mejores datos de audiencia en 10 años. El cambio no es sólo un ataque a los profesionales de la pública. Las cifras revelan que es también una absoluta estupidez política.

Invito a todos, críticos y favorables, a leer el Manual de Estilo de RTVE. Un manual creado tras la reforma que otorgaba a la radio televisión pública la independencia necesaria para que el periodismo pueda ejercerse en su plenitud y con mayúsculas. Ahora, de facto, acaba de ser también derogado. Y con él, qué duda cabe,  muere también un poquito de nuestra libertad.

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