Felipe VI, ¿rey soldado?, por @CarlosPenedoC

¿Cómo será la relación del nuevo rey con los militares y con los españoles? ¿Se coronará Felipe VI de civil o de uniforme? La decisión parece tomada, pero puede no ser tan evidente. Se nos dice que la hoy infanta y en breve princesa Leonor, ocho años de edad, recibirá instrucción militar. En una agenda desatada desde el anuncio de la abdicación, el rey Juan Carlos y el príncipe Felipe han protagonizado dos actos de naturaleza militar con alto contenido simbólico: el bicentenario de la Orden de San Hermenegildo y el Día de las Fuerzas Armadas. Estos mensajes, deliberados, entroncan con 150 años de ligazón entre monarquía y ejércitos, que ha continuado el rey Juan Carlos en una etapa histórica muy concreta. ¿Perpetuará Felipe VI la misma línea? Durante los últimos días se están tomando sobre la marcha decisiones que marcarán el reinado del nuevo rey Felipe VI. Uno de los ámbitos afectados es la relación del rey con los militares, que incluye el protocolo del mismo acto de la proclamación, la imagen de marca de la monarquía, su vinculación con los ciudadanos y la utilidad que éstos perciben, o la reforma de la Constitución en materia de Defensa. Como ejemplo de esa relación de la Casa Real con lo militar, se menciona a menudo el visto bueno, conocimiento previo, consulta prudente con Zarzuela de los nombramientos relacionados con el Ministerio de Defensa o el CNI, aunque no ha sucedido así en todos los casos de los últimos gobiernos. Tras su inmediato acceso al trono, Felipe de Borbón deberá encontrar su propio perfil público e institucional, diferente al ejercido por su padre, quien marcado por su tiempo histórico ha utilizado durante toda su vida con generosidad la identificación militar. Corresponde al rey el mando supremo de las Fuerzas Armadas, dice textualmente la Constitución español de 1978. ¿Qué implicaciones tiene esto?  

¿Rey militar o civil?

“A don Juan Carlos le tocó desempeñar un papel de excepción y lo desempeñó excepcionalmente”, palabra de Rajoy en el debate sobre la Ley Orgánica de abdicación el pasado 11 de junio. En la excepcionalidad a la que se refiere el presidente del Gobierno se encuentra el problema militar, así llamado durante la Transición, la resistencia (corporativa o de individualidades, según con quien se hable) a un régimen democrático en España tras la muerte de Franco. En esas circunstancias históricas de excepción el rey ejerció su papel simbólico de cabeza de los ejércitos a partir de 1978, poder muy real entre 1975 y la Constitución. El artículo 62 del primer texto legal del Estado establece las tareas del rey, la octava es su condición de “mando supremo de las Fuerzas Armadas”, después de un listado donde aparece su papel de sancionar y promulgar las leyes, convocar elecciones o “ser informado de los asuntos de Estado”. La encarnación en un militar de la jefatura del Estado fue útil para desactivar el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 y para homologar de cara a los españoles e internacionalmente un cuerpo enfrascado en una difícil transición ideológica que no se logra culminar al menos hasta finales de la década de los 80. Tanto Juan Carlos como Felipe han recibido formación militar –dos años en la Academia de Zaragoza y un semestre en Armada y Aire-, han cultivado la relación con sus compañeros de promoción, tienen en su agenda de actos al menos uno al mes relacionado con las Fuerzas Armadas. Por otra parte, la relación directa con la Zarzuela ha sido algo también muy querido por la cúpula militar, estableciendo así una complicidad entre instituciones milenarias que dejaba al margen al Gobierno de turno. En la Pascua Militar del pasado 6 de enero el rey se dirigía al colectivo del que siente formar parte -  “queridos compañeros”- y añadía: "nuestra sociedad responderá siempre a vuestra generosidad con su reconocimiento y admiración, como reflejan las encuestas; y yo, como siempre, sentiré el orgullo de ser vuestro Jefe". La identificación entre Corona y Fuerzas Armadas, como aludió de pasada el portavoz del PNV en el Congreso en el pleno celebrado para refrendar la abdicación, se remonta a la figura del rey-soldado que ha practicado la Casa Real española desde el siglo XIX. Los libros de historia otorgan la paternidad del concepto a Cánovas del Castillo como presidente del Gobierno, que pretendió así legitimar al rey Alfonso XII tras la restauración borbónica de 1874 por el golpe de Estado del general Martínez-Campos, y controlar a su vez a ejércitos levantiscos. De esa época proceden retratos de reyes y príncipes de uniforme hasta de niños. Quizá como anuncio de tendencias a futuro, el ministro de Defensa, Pedro Morenés, explicó el Día de las Fuerzas Armadas que la infanta Leonor "recibirá su formación militar" para que "en su día, cuando Dios quiera, sea jefa suprema de las Fuerzas Armadas como capitán general de las mismas". ¿Se proclamará rey Felipe VI en uniforme de capitán general? “No es necesario, quizá sería contraproducente”, señala un general retirado con altas responsabilidades en pasadas legislaturas. Una posibilidad sería que, al igual que no va a haber ceremonia religiosa en la proclamación, el nuevo rey pudiera ser coronado de civil y al día siguiente visitar una unidad militar de uniforme. El mensaje a la ciudadanía en uno y otro caso es muy distinto.  

Flecos de una abdicación precipitada

La versión oficial cuenta que el rey Juan Carlos tomó la decisión de abdicar el pasado mes de enero, pero los pasos tomados tras el anuncio indican que todo está por cerrar, que la decisión se ha precipitado por recientes acontecimientos relacionados con la salud del monarca, con la coyuntura política y quizá con procesos judiciales en marcha, todo sin duda medido por encuestas que la Casa Real reconoce hacer constantemente. Militares y civiles que han compartido actos con el rey en los últimos días revelan el serio deterioro físico del monarca. A ello se añade el resultado de las elecciones al Parlamento Europeo, en las que PP y PSOE han perdido cinco millones de votos y entre ambos no suman el 50% del voto a formaciones políticas. Consecuencia directa de lo anterior ha sido la renuncia de Alfredo Pérez Rubalcaba al frente del PSOE, lo que abre el partido a un próximo relevo con una dirección sin la misma complicidad personal con la Corona. El próximo futuro está marcado además por la evolución judicial del caso Noos y citas electorales. Tras el anuncio de la abdicación, Moncloa, Zarzuela y Parlamento se apresuran a cerrar flecos que debieran estar maduros si la decisión tuviera seis meses de vida: no estaba previsto el acto protocolario de proclamación en el Congreso del próximo día 19, han tardado una semana en decidir la insólita ausencia del rey Juan Carlos en la cesión de la corona a su hijo, no se conoce hasta este momento el empleo y tratamiento militar del rey Juan Carlos tras la próxima coronación, no se ha regulado la inviolabilidad y aforamiento de los reyes cuando dejen de serlo, no se ha derogado la preeminencia del varón en la sucesión, no existe mecanismo para que una infanta renuncie a sus derechos dinásticos… “¿Cambiará el impulso a la industria de defensa en el exterior tras la abdicación del Rey?”, se pregunta en la encuesta del mes un portal especializado en temas de defensa y seguridad. A lo largo de su reinado, el rey Juan Carlos ha cultivado una estrecha relación con algunos de los principales empresarios del país y muy especialmente del sector de la seguridad y defensa. Es éste un ejemplo de unas relaciones personales del rey Juan Carlos que su hijo no heredará automáticamente con la corona. En el tiempo transcurrido desde el anuncio de la abdicación, las declaraciones más espontáneas y sentidas tuvieron lugar el 4 de junio en el acto de concesión del Premio Reino de España a la Trayectoria Empresarial al presidente de SENER, Enrique Sendagorta, empresario vasco y amigo del monarca. “Muchas gracias, os lo digo de corazón y agradecimiento, muchas gracias por vuestra labor, seguid adelante, yo estaré siempre al lado vuestro”, declaró el rey emocionado. La más reciente actividad real de las últimas semanas ha estado asimismo protagonizada por los viajes del rey al Golfo Pérsico, acompañado por lo más granado del sector de la defensa, también grandes constructoras. Han sido viajes, algunos criticados por apresurados, que le han llevado sólo esta primavera a Emiratos (13 y 14 de abril), Kuwait (15 de abril), Omán (29 y 30), Bahrein (1 y 2 de mayo) y Arabia Saudí (17 al 19 de mayo). En el haber figura el mayor contrato exterior firmado por empresas españolas, el AVE entre las ciudades santas saudíes de Medina y La Meca, en el que se adjudica un protagonismo no explicado al rey; en asuntos pendientes continúa la antigua pretensión española de vender también a los saudíes carros de combate Leopardo, fabricados en España por una multinacional norteamericana bajo licencia alemana. “El rey no firma contratos, pero crea clima”, afirmó en uno de esos viajes el jefe de la Casa del Rey, Rafael Spottorno.  

Guardia Real transparente

La Casa de su Majestad el Rey es el organismo que se ocupa de planificar y organizar la actividad de la familia real, siempre en coordinación con el Gobierno. El diplomático Rafael Spottorno es el jefe de la Casa desde septiembre de 2011, secundado por el también diplomático Alfonso Sanz Portolés como secretario general. Un tercer nombre, quizá llamado a mayores responsabilidades, es Jaime Alfonsín, jurídico, abogado del Estado, jefe de la Secretaría de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias nada menos que desde diciembre de 1995. Dentro de la Casa del Rey encontramos el Cuarto Militar, que “lleva a cabo la preparación de las actividades militares de los miembros de la Familia Real y mantiene las relaciones de carácter militar con las autoridades del Ministerio de Defensa”, dice la web de la Zarzuela. Éste es el entorno directo del rey saliente y del entrante, quienes filtran la realidad y ayudan a tomar decisiones. Y entre ellas puede estar una mayor transparencia en los dineros administrados, en teoría 7,7 millones de euros para este 2014, siempre teniendo en cuenta que ahí no figuran ni los gastos de seguridad (Ministerio del Interior) ni Patrimonio Nacional, que no detalla sus gastos, por ejemplo, entre el Palacio Real de Madrid o la Zarzuela. En el apartado de rendición de cuentas tampoco figura la Guardia Real, “unidad militar interejércitos al mando de un coronel, compuesta por mandos y tropa de los Ejércitos, Armada y los Cuerpos Comunes de las Fuerzas Armadas”. Con funciones principalmente protocolarias, la Guardia Real no ha participado en operaciones de paz, cuenta con 1.500 militares y su tamaño y misiones podría ser también reconsiderado en un momento en el que las restricciones presupuestarias del resto de las Fuerzas Armadas les impide incluso operar los vehículos y armamento del que disponen. Algunos militares consultados consideran esta unidad “obsoleta y de tamaño descomunal”. Sin sobreactuaciones ni atribuyéndole competencias que no tiene, los españoles van a contemplar cada gesto y cada acto del nuevo rey Felipe VI, siempre bajo la premisa de que, en la sociedad de hoy, el valor de una corona es tanto como útil la consideren sus gentes, como señalaba recientemente la experta en comunicación política María José Canel. La clave puede estar en acertar en los primeros nombramientos de su equipo más cercano (dirección de la Casa Real), evitar entornos cerrados –el militar puede ser uno de ellos, también el diplomático-. Y no imitar acríticamente a su padre: tiempos distintos, caras distintas, comportamientos distintos, recomienda un alto cargo con experiencia personal de trabajo directo con la familia real.

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