Eurosclavos, por Javier Astasio

 
No hay que ser muy listo ni tener mucha memoria para darse cuenta de que esta Europa que tenemos no es la Europa que soñamos y de que, precisamente en Europa y por culpa de esa Europa, estamos haciendo el camino inverso al que hicimos para llegar a la democracia, porque, de un tiempo a esta parte, ya no somos dueños de nuestro destino y todo lo que nos pasa nos pasa sin que, en la práctica, podamos o nos dejen hacer nada para evitarlo.
No hay más que ver que, cuando se trata de trasladar a cada uno de los países las decisiones que se toman en Bruselas, hay que vallar y blindar los parlamentos para "ponerlos a salvo" de la lógica ira de los ciudadanos. Decisiones en las que, aparentemente, participan ministros de cada uno de los gobiernos y que, sin embargo, luego son incapaces de explicar, quizá porque su presencia en esos órganos tiene más que ver con la participación de algunos en los consejos de las cajas de ahorro y algunas que otras empresas públicas, a los que se acude para decir sí y cobrar las dietas, que con el debate y la defensa de los intereses de quienes deberían representar.
No sé si recordáis que, para justificar lo que nos está pasando a los españoles, las penurias a que nos han condenado, nos dijeron que teníamos que purgar el haber vivido los años anteriores por encima de nuestras posibilidades. Una mentira tan grande como esa toxica leyenda de los "ninis", jóvenes que, en el imaginario de quienes tanto han deformado el pensamiento de la sociedad, ni estudian ni trabajan "porque pueden -o podían- permitírselo", cuando, en realidad, no hacen una cosa ni otra porque, sin trabajo y sin becas, no les está permitido. Pues bien, ahora resulta -y lo acabamos de ver en Chipre- que, si gastar está castigado, ahorrar puede llegar a estarlo mucho más. Aunque para ello tengan que ponerse por montera sus propias normas.
Porque qué otra cosa que un castigo es lo que han intentado hacer con los pequeños ahorradores de la isla. Imaginad que por prudencia, pensando en un futuro incierto, habéis vivido austeramente para, el día de mañana, que decían las madres, tener un cierto desahogo cuando la capacidad de reacción es mínima. Imaginad que, de repente, cien pasan a ser noventa, porque unos señores, lejos y, por qué no decirlo, a escondidas, han decidido que así sea. Eso, para un anciano o, incluso, para quien está al borde de la jubilación, se traduce inmediatamente en años de bienestar perdidos. La reacción, claro, no se ha hecho esperar y ha puesto a la isla al borde del motín, más con un gobierno en minoría, incapaz de aprobar en su parlamento "los deberes" impuestos por Bruselas.
Lo más desconcertante es que algo que los ministros de Economía del Eurogrupo tenían tan claro y al parecer era tan bueno -al menos para nuestro Luis de Guindos- anoche, tras  comprobar la reacción de los chipriotas y, mucho me temo que con más peso, la del gobierno ruso, decidieron dar marcha atrás y convertir en flexible lo que era implacable. ¿A qué juegan? ¿Saben lo que quieren o sólo juegan con nosotros? ¿Tienen un proyecto de futuro o, simplemente, dan palos de ciego buscando una salida a un proyecto de Europa que está pidiendo a gritos, más de dolor que de ira, una refundación?
Cada vez estoy más convencido de que su proyecto es la esclavización de los ciudadanos del sur de Europa y de la clase trabajadora en general, a la que atrajeron a sus corrales haciéndola creer que había dejado de serlo. Nos han utilizado y ya no nos quieren ni como mercado. Somos su mano de obra barata y tienen, para controlarnos, a sus propios capataces reclutados de entre nosotros que todavía les votamos. Y, si no le ponemos remedio, si no les damos un gran susto, estamos perdidos, porque, aunque aún no se aclaran con el cómo, si saben de sobra que quieren convertirnos en euroesclavos.
 
 
 
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