Ético no, legal, por Javier Astasio



Que el suelo se está moviendo bajo los pies del PP es cada vez más evidente. Y lo es porque esa casta de intocables que hasta ahora han sido sus dirigentes se está viendo cada vez más señalada y marcada por la opinión pública a la que, no sólo le llegan cada vez  más noticias de sus "pecados", sino que cada vez está menos dispuesta a perdonarlos. Si s eme permite, al PP y a quienes pecan en él o desde él les pasa como a esos cuñados, tan simpáticos y adorables mientras están a bien con los hermanos, tan guapos y divertidos en las comidas familiares que, cuando, no ya la infidelidad, sino la ruptura se atisba en el horizonte, comienzan a ser vistos como seres depravados en los que lo que antes fueron virtudes se tornan en imperdonables defectos, personajes de los que huimos a la hora de sentarnos a la mesa o de hacernos una foto ahora, lo mismo que antes les perseguíamos. 
Ya nada o casi nada se les tolera. Ya no hay nadie o casi nadie que pare o desvíe en las redacciones las informaciones que les retratan. Ahora, unos y otros toman posiciones de cara al tiempo que se avecina o, mejor dicho, abandonan los fortines desde los que defendían el territorio de los hoy caídos en desgracia, Nadie o casi nadie ha defendido a Rato en su calvario, salvo lao que hemos puesto reparos al espectacular círculo de tres pistas que se montó para su efímera detención, una detención que, una vez conseguida la foto que ha dado la vuelta al mundo, se desvaneció en el aire.
Una prueba de lo que digo es que, si ayer le tocó a Rato ser el malo, muy malo, de la película, hoy, ese honor les cabe a Federico Trillo, varias veces ministro y presidente del Congreso, viviendo hoy el cómodo retiro de embajador en Londres, y al alegre y combativo diputado popular por Murcia, amigo de sus amigos, aunque se llamen Rodrigo y se apelliden Rato, el locuaz Vicente Martínez Pujalte, a los que la Agencia Tributaria, otra vez la Agencia Tributaria, ha "pillado" cobrando, y cómo,  de una constructora que trabaja casi en exclusiva para las diferentes administraciones gobernadas por el PP y que está siendo investigada a propósito de sus "chanchullos" con el gobierno de Castilla y León.
Los pagos de la constructora, beneficiaria de la adjudicación de obras para la construcción de parques eólicos en Castilla y León, se hicieron a sendos despachos de asesoría, propiedad uno de Trillo y dos de sus hijos y participado el otro por Martínez Pujalte, martillo de herejes en el Congreso, dispuesto siempre a defender la honorabilidad de sus amigos, tanto como a alimentar insidiosos rumores como aquel en el que situaba a Luis Roldan, muerto y silencioso, en el fondo del mar,
Las asesorías, de las que no queda el más mínimo rastro, porque según los señalados eran orales, se pagaron a precio de oro, 75.000 a Pujalte por un año de consejos y 350.000 al despacho de los Trillo por tres de asesoría jurídica, actividad farragosa y generadora de papel que, por extraño que parezca, nunca dejaron el menor rastro escrito.
Si yo fuese malpensado, que a veces lo soy, pensaría que a uno y otro se les estaba pagando algún favor, llevando a cabo alguna mediación propia de "La escopeta nacional", de la que lo mejor es no dejar pruebas. Pero ya digo que no siempre soy malpensado, sólo a veces. Además, hoy mismo he escuchado a tan verborreico diputado murciano decir que su actividad en el despacho había sido autorizada por el Congreso. También he escuchado cómo, preguntado sobre lo ético de su actividad, ha dicho que su comportamiento era "ético no, legal".
Así nos va, acosados por conductas, leyes y reglamentos que tienen poco o nada de ético y todo de legal. Sólo cuando lo ético se imponga a lo legal estaremos a salvo de personajes como Rato, Trillo o Pujalte a los que, afortunadamente, ahora se les mueve el suelo bajo los pies.


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