Está para protegernos de usted, señora Aguirre, por Javier Astasio



Lo de esta buena señora -es una forma de hablar- empieza a ser tan cansino como evidente, porque repite el modelo una y otra vez. Por ejemplo, cuansdo hace declaraciones más o menos escabrosas o lanza esas ideas peregrinas que, ella lo sabe mejor que nadie, no son sino brindis al sol que no tienen más recorrido que el de generar polémica en alguna tertulia "amiga" generando el ruido buscado del escándalo que provocan.
No sé si si un extranjero o un madrileño poco avispado hubieran llegado a la misma conclusión que yo, y tanta gente como yo, hemos llegado, una conclusión que no es otrá que la de que la presidenta madrileña utiliza estas andanadas, a veces para esconder las corruptelas, los problemas contables y de todo tipo de la Comunidad de Madrid y otras veces para reclamar la atención sobre su figura, especialmente, qué casualidad, en ausencia del evanescente presidente Rajoy.
Ayer el objetivo de sus andanadas fue el Tribunal Constitucional, del que la señora Aguirre dijo que debería desaparecer por estar integrado por políticos que se llaman magistrados, y lo hizo después de calificar de vergonzosa, con su habitual "desparpajo, chulería diría yo, la sentencia que ha dado luz verde a la legalización de Sortu.
Curiosamente, será quizá porque el TC a ella no le sirve para nada y el Senado sí, esta señora no se plantea cerrar un sacacuartos inútil como la cámara alta, quizá porque lo presidió en tiempos de Aznar, no. Ella quiere que desaparezca el Tribunal Constitucional diluyéndose en el Supremo, el mismo que hasta ayer presidía el modélico Carlos Dívar.
Y hace bien la señora Aguirre en pretender cargarse el TC. Hace bien, y lo sabe, porque el Constitucional, con sus magistrados, no de carrera, pero salidos de prestigiosos rincones del Derecho, con su prestigioso presidente, Pascual Sala, a la cabeza, actúa como esos topes que hay al final de las vías muertas del ferrocarril, para detener las injusticias que sobre los raíles de papel amarillento de las leyes no lo son, pero que resultan injustas y dejan desemparados a los ciudadanos.
Cuando Aguirre dice lo que dice no cabe duda de que está pensando en cada una de las veces en que el más alto tribunal ha tumbado los abusos de poder de su partido y en las posibilidades de que alguna de sus arbitrarias decisiones acabe por los suelos, pese a haber tendio la bendición del Supremo.
De lo que Esperanza Aguirre no parece querer enterarse es de que en ocasiones, a veces demasiadas, las leyes son legales, cómo podría no serlo una ley, pero son injustas y de que el TC está, entre otras cosas, para que las leyes se sometan a la Constitución y su espíritu. Y yo que he tratado con muchos jueces y le leído muchas sentencias, creo que es bueno sacar esas sentencias de los armarios de los juzgados para que les dé el aire de la realidad ciudadana.
Señora Aguirre: en muchas ocasionesn es el caracter político de las decisiones del Constitucional lo que, precisamente, se espera de él. Quizá usted no lo sepa, Señora Aguirre, porque usted, por su alta cuna, nunca ha sido una verdadera ciudadana de a pie. Pero el Tribunal Constitucional está ahí, y espero que siga estando muchos años, para, con luces y sombras, defendernos de personajes como usted, que olvidan a cada minuto que están en el cargo, no únicamente para ejercer el poder, sino para servir a los ciudadanos, incluso a los que ni la adulan ni la temen.


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