España-Portugal, cuando el talento falla, la palabra a recordar se llama competitividad, por @FutbolRH

España jugará su tercera final consecutiva tras eliminar a Portugal en la tanda de penalties en un partido sin goles, duro, tenso y con poco fútbol. Y a pesar de que resulta difícil ver a estas alturas de este tipo de torneos partidos abiertos - la dureza del partido si fue la esperada - si que tuvo un desarrollo algo diferente a lo que en un principio se presuponía. Sorprendió Paulo Bento con un planteamiento valiente, que fue a buscar a España a su campo con una línea de tres - Hugo Almeida, Nani y Cristiano Ronaldo - que a veces se convertía en cuatro con la incorporación de Moutinho. Tal vez algo sorprendida por el planteamiento y agobiada por la presión, lo cierto es que España no se sintió cómoda en casi ningún momento del encuentro. Recurriendo con demasiada frecuencia a algo que no es lo suyo - el balón largo - en el que a la apuesta de Del Bosque, Negredo, le tocó bailar con la más fea ante una pareja Pepe-Bruno Alves que es maestra en esa suerte de los balones divididos. Batalla perdida.
Y como perder una batalla no es perder la guerra, que diría aquél, a España le tocaba entonces echar mano de aquello que mejor conoce. Pero ni un Xavi excesivamente desconectado del juego - seguimos necesitando de su mejor versión - ni Silva, sin chispa e incluso algo lejos del área, ni Iniesta, encontraron la inspiración ni la manera de romper una barrera de gran despliegue físico como la que forman Meireles y Veloso en el centro del campo. Se vio entonces un equipo plano, incluso algo superado, por un rival que parecía nadar como pez en el agua, físicamente más entero, más cómodo y convencido del camino. Sin embargo, este desarrollo del guión nos permitió a la vez ver, a mi juicio, algunas de las luces y sombras que tienen ambos equipos: a pesar del buen despliegue de Portugal, le faltó algo de creatividad para poner en serios apuros la meta de Casillas; el tic de este equipo en el aspecto ofensivo pasa por buscar inevitablemente la genialidad de su estrella, Cristiano Ronaldo, que ayer no tuvo su día. Quitando un par de acciones peligrosas, lo cierto es que su compañero en el Real Madrid no tuvo que intervenir demasiado en el partido. Eso también habla muy bien - otra vez - de la consistencia defensiva española, gracias a dos mediocentros espectaculares en colocación como Xabi Alonso y Busquets, y al fantástico momento de Sergio Ramos, que volvió a hacer un partido sobresaliente.
En esas se fueron los noventa minutos, como se van aquellas películas malas sin guión, en las que nunca pasa nada. Y como para resarcirse, llegó una prórroga en la que Pedro trajo un soplo de aire fresco, ofreciendo por fin unos pies con la velocidad, la precisión y el acierto para revolucionar el partido. Vivió España entonces sus mejores minutos, y dispuso de varias ocasiones para haber desnivelado la balanza a su favor y evitar el infortunio de los penalties, pero dos buenas paradas de Rui Patricio dieron al traste con nuestras aspiraciones. Llegó pues, una suerte en la que nos hemos convertido en inesperados expertos últimamente, y quiso el destino que Ramos pudiera resarcirse de su error en Liga de Campeones ante el Bayern, transformando un penalti a lo Panenka con mucha sangre fría, y que el mismo Cesc que nos dio el pase a semifinales hace cuatro años, repitiera para meternos esta vez en la final con el quinto y definitivo.
La tercera consecutiva, quién lo iba a decir. Aunque la conclusión es que ésta vez no toca hacer hincapié tanto en el juego brillante de otras veces. A pesar de no estar en su mejor versión, ni desplegar su mejor juego, España tiene, además de un talento enorme, una capacidad competitiva tremenda, que ha quedado sobradamente demostrada. Aún con inconvenientes, este grupo de jugadores tiene la personalidad para mantenerse en el partido, para dar la cara, para no hacer concesiones. Algo que, si se sabe utilizar, también da triunfos. Sobre todo en los momentos malos, cuando el talento falla. Y saber que tenemos eso me deja muy, muy tranquilo.

Algunas claves del partido...
1 Portugal, valiente. Se esperaba un equipo más defensivo, pero Portugal presionó muy arriba y España no supo o no pudo manejarlo. Al equipo de Paulo Bento se le vio más cómodo en el partido.
2 El talento de España no aparece esta vez. Cuando España conseguía superar la presión portuguesa, no encontró la inspiración de sus hombres creativos. Ni Xavi, ni Iniesta, ni Silva tuvieron su mejor día.
3 Competitividad. Aún con un escenario nada halagüeño, España fue consistente, competitiva, no dio concesiones a su rival. Gracias a eso se sostuvo, y pudo acogerse a la suerte para jugar su tercera final consecutiva.


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