ESCENARIO PARA UNA RENDICIÓN, por Javier Astasio



Andan todos -la prensa, el PP, Ciudadanos y sus propios compañeros- diseñando un funeral para el secretario general del PSOE, Pero Sánchez. sin que se haya muerto. Quieren enterrarle pronto, para que nadie se dé cuenta de que aún está vivo. Por eso, los unos improvisan certificados de defunción de médico tramposo, amigo de la familia, los otros encargan la caja y los demás empiezan ya a repartirse los despojos.
Triste panorama, en el que Don Tancredo Rajoy espera ver pasar el cadáver de quien, con mayor o menor acierto, con mayor o menor convencimiento, desde el PSOE ja acabado por plantarle cara, algo para lo que no estaba preparado en un país en el que demasiadas cosas, por desgracia, acaban resolviéndose entre bambalinas. Y cree que ya lo tiene, que la cosa esta madura, que los felones, como con Julio César, darán buena cuenta del "amigo", "por el bien de Roma". 
Si lo consiguen, Rajoy habrá obtenido, con sus propios votos, los de Ciudadanos y los de los que creyeron en el programa del PSOE, disfrazados ahora de cínica abstención, el perdón a todos sus pecados, el perdón a todo lo hecho y dicho desde las filas del gobierno, de los gobiernos del PP en estos últimos años. Una maniobra demasiado habitual, la de atribuirse el perdón de las urnas por pecados que hay que pagar en los tribunales, indigna y mentirosa, que ha llevado a este país, especialmente en Madrid y Valencia a niveles de corrupción e impunidad insoportables. 
A Pedro Sánchez, empeñado en defender lo que interpreta que es la voluntad de sus votantes y, muy especialmente, le están mordiendo los tobillos todos esos reyezuelos que alzan su voz en aras del bien de España para impedirle hacer a nivel nacional lo que toso y cada uno de ellos, acertadamente, han hecho en sus propios territorios. Lo suyo es la actitud cobarde de quien nada y guarda la ropa, la de quien ha perdido tantos votos como el propio Sánchez en sus respectivos comicios y cínicamente culpan a su secretario general, cuando es evidente que, si los pierden, es porque existe Podemos y, si existe, es porque los ciudadanos, primero con Zapatero y luego con Rubalcaba, se sintieron huérfanos de unas siglas que les defendiesen y acabaron buscando refugio en otros pagos.
Los dirigentes del PSOE, barones o jarrones chinos, quieren liquidar al díscolo Sánchez, al mismo que fracasó en marzo por no acercarse a la izquierda, atado de pies y manos como estaba por los mismos que ahora le reprochan el fracaso que ellos mismos provocaron. Pero Sánchez, en contra de lo que viene siendo en ese partido, el de la calle Ferraz, ha decidido resistir a las presiones y morir matando, atrincherado en una dignidad y unos principios que, si no son los suyos, sí son los de la mayoría de sus militantes y votantes.
Quienes pretenden entender de esto tratan de colocarnos, si Pedro Sánchez se sale con la suya, ante el abismo de un PSOE dividido y desgarrado. Pero no hacen el esfuerzo, y no lo hacen a conciencia, de enfrentarnos al día después de un PSOE entregado a los intereses de los poderosos, consintiendo que quienes, ayer mismo y por enésima vez, se negaron a ser controlados o investigados por el pleno del Congreso, la máxima expresión de la voluntad ciudadana que es, los miembros de  de un gobierno en funciones y amotinado, los dirigentes de un partido que está siendo investigado aquí y allá por años de corrupción, el partido investigado por destruir pruebas del caso Bárcenas, machacando los discos duros que guardaban la caja B de la corrupción, el presidente y el ministro que retiran a sus amigos, sin más, en puestos en los que se juega el prestigio de España, el mismo que sentó en el Senado a la responsable de la vergüenza valenciana, al "caloret" del sueldo y el fuero, para no hacer nada y, sobre todo, para que no diga nada.
Ese es el escenario. Un escenario que podría completarse con ciudades sucias, con colegios sin aulas ni profesores, con hospitales con camas cerradas por falta de personal, con millones de parados sin ayuda y millones de trabajadores con sueldos de miseria. Ese es el escario en el que los barones y jarrones chinos del PSOE pretenden dejar hacer, dejar pasar a Rajoy. Yo estoy seguro de que, si, al final regalan su abstención y, con ella, su implícito perdón a don Mariano, los peores resultados del PSOE no serán estos, sino los que vengan después de la rendición.

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