Esas mujeres que no sabían, por Gabriel Merino

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Supongo que a A. y J. se les rompió hace tiempo el amor de tanto usarlo –no soy yo quién para meterme en las razones que mueven las vidas particulares de los otros-, incluso a pesar de esos bolsos regalados, los cañones big blaster lanzando confeti en el jardín o los viajes en primera. Eso tampoco debería importarme, a menos que lo haya pagado indirectamente yo.

Pero lo de hoy va precisamente, al hilo de esa aparente ignorancia de A,. de agradecer a mi chica, esa que desde siempre denomino en mis entradas de blog Pary, -de “parienta” porque, discretísima al contrario que yo, odia que publicite su nombre, su actividad o su cara más allá de que pueda enorgullecerme públicamente de ella y de nuestra relación- por ser mi pareja por lo legal los últimos 22 años y haberme acompañado, comprendido, apoyado y compartido en muchas cosas –después, en todo- desde que teníamos trece. Lo bueno y lo malo, la riqueza y la pobreza, la salud y la enfermedad. Todo.

Mi chica es inteligente, a veces plasta e incómoda. Y a menudo piensa bien diferente que yo, la puñetera. Pero me doy cuenta que a veces la rutina y el tiempo me hace decir pocas veces que la quiero un huevo. Yo, que para otras cosas soy de hablar tanto, en la manifestación de mi amor resulto casi espartano, a menos -¡así, en vivo, me da un poco de pudor o vergüenza!- que escriba poesía. A pesar de que a veces me pone el coco como un bombo, me encanta que contraste, que hable, que comparta, que discuta, que sepa, que tome iniciativas, que opine y se involucre en todo lo nuestro tanto como yo.

Por eso no puedo con las mujeres florero, las de lo que tu digas, las de ya lo ha firmado mi marido, las de yo no sé de eso y las de lo que tú digas esta bien. No sólo me sacan de quicio sino que creo que son un lastre para su sexo. Por ser un sustrato para el maltrato y discriminación no sólo de ellas, sino para el resto de las mujeres. El hombre que tiene una hija no sé como puede quedarse impertérrito ante cosas de esas. Y luego oyes a chicas -muy jóvenes, y no solo en los realities de la tele- que dicen a lo que aspiran sin cortarse : "Quiero ser muy guapa para que me lo paguen todo". No se dan cuenta de que es una forma de prostituirse, con todo mi respeto para las putas. Y es que, dejando aparte para otro momento mi opinión sobre las "personas objeto" -y todos lo somos un poco- estoy al 100% de acuerdo con la opinión de mi feminista amiga P. "Antes puta que sumisa". A lo que añadiría: "O que ignorante".

Veo con preocupación que no sólo son un cliché, sino que hay muchas mujeres con relevancia pública que van de eso: de la ex mujer del alcalde peleada y enjuiciada con tonadillera a esa consejera de caja catalana con sangre azul y sueldo plurimillonario, de la ministra de los cañones de confeti a la mujer del extesorero, de aquella presunta traficante con bebés de madre soltera a esa política que reza para resolver los problemas del empleo. Ellas parece que no sabían. Ni querían saber. Nada. Esas tías con las que -ni como hombre ni como persona- no querría ni cruzarme en el ascensor y que me parece que hacen que las mujeres del siglo XXI se tengan que avergonzar de ellas como si llevaran puesto voluntariamente y de buen grado un burka mental: "Ya firmaba mi marido."

Agradezco a "mi" Pary que siempre firmemos las cosas de los dos solidariamente. Y que, en lo puramente individual, ya sea porque me critique o me apoye, sepa.

Que te quiero.

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