¿Es tan torpe o sólo se lo hace?, por Javier Astasio



Que Rajoy fingiese ser tan torpe como aparenta no dejaría de ser un consuelo. Al fin y al cabo, supondría que en ese cerebro privilegiado para seguir el fútbol bulle algo más que las páginas recién leídas del As o el Marca, que se cuece algo en beneficio de los españoles para quienes dice gobernar. Pero me temo que no. Me temo que no da para más y que, si, después de sus fracasos frente a Zapatero, el PP le mantuvo como candidato frente a un Rubalcaba enfermo, cansado y desganado, en las horas más bajas del PSOE, fue, simplemente, porque el hoy inquilino de La Moncloa es un ser torpe, ignorante en demasiadas cuestiones y, por tanto, influenciable y perfectamente manejable.

Lo acaba de demostrar con sus sorprendentes declaraciones sobre el rescate bancario, tras haber compartido apenas unas horas con los líderes mundiales en la cumbre del G 20 de Los Cabos. No sé con quién ha hablado, ni de qué ha hablado, pero el caso es que, como a Saulo, una fuerza sobrenatural parece haberle derribado del caballo de aquella soberbia inconsciencia que, hace apenas diez días, le llevó a "vendernos" el rescate a la banca como un regalo de Reyes de coste cero y a pavonearse de haber sido él quien forzó la decisión, al presionar a sus colegas europeos.

Ahora, una vez pasada la euforia de aquella borrachera, llega la dolorosa resaca que acompaña a la cruda realidad y que evidencia que aquella decisión fue precipitada y, sobre todo, torpe. Precipitada, porque al haber aceptado los cien mil millones de euros del rescate, España se auto excluyó de ser beneficiaria de la más que probable creación de los euro bonos, la deuda mancomunada europea, y torpe, porque el presidente parece haber descubierto que esos cien mil millones no eran un regalo, sino que acabarán sumándose a nuestra deuda, puesto que el Reino de España, como a él le gusta decir, se convierte en último responsable de su devolución, lo que, dado el historial de solvencia   de "nuestra" banca, parece, no una posibilidad, sino algo inevitable.

Menos mal, para él, que Rajoy, no sé si por gracia divina o por haber entrenado el músculo, tiene una enorme capacidad para desdecirse sin el más mínimo rubor ni, mucho menos, el menor sentimiento de culpa. Es lo que tiene haber recibido una buena y recta educación católica basada en la relación entre culpa y castigo, totalmente alejada de la mucho más humana y solidaria que existe entre responsabilidad y daño ajeno.
El caso es que, con su torpeza, real o impostada, Rajoy pasa por la vida, también por la nuestra, dando groseros brochazos aquí y allá, salpicándolo todo con "goeterones" de injusticia y dolor, poniendo cara de no haber roto un lato en su vida. Lo peor de todo es que a nadie parece importarle ya que haya pocas o ninguna declaración del, a saber hasta cuándo, nefasto presidente español a la que no haya precedido o sucedido otra con la misma intensidad y firmeza, pero en sentido contrario.

Mal asunto.


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