¡Es mi hijo!.- ¿derecho para maltratar?, por @MilagroMendoza

¡Es mi hijo!


Irónicamente es el argumento màs empleado por la madre o padre maltratador para justificar su derecho a ejercer la violencia como una supuesta disciplina. Se expresan como si trataran con un objeto de su propiedad y no con un ser humano.

En realidad, el uso de la fuerza y la violencia en contra de los hijos es para liberar la frustraciòn e ira ante la incompetencia para resolver conflictos.

En Venezuela, muy a pesar de contar con un sistema de protecciòn infanto juvenil. La Lopna se quedó corta. Aùn recordamos los tristes asesinatos de niños en manos de progenitores maltratadores. Sin embargo, el maltrato tiene distintos matices y es un flagelo oculto y generalizado que sigue en apogeo.


Por ello, es importante analizar. ¿Por què no disminuye el maltrato infantil?

El maltrato infanto juvenil se mantiene por:
- Complicidad familiar y de la pareja
- Complicidad de los vecinos.

La madre cuando es la maltratadora, se vale de un papel de víctima para no asumir las consecuencias de sus actos. Con cualidades histriónicas suelen apelar a las lágrimas, a la situaciòn econòmica y a enfermedades inexistentes o lejanas a fin de justificarse.

El maltrato incluye la indiferencia a las necesidades emocionales, físicas y económicas del niño. En ocasiones, los regalan o dejan abandonados con familiares como abuelas o tíos. Desapareciendo de sus vidas. Incrementando la posibilidad de abuso y maltrato por parte de otros familiares.

El maltrato incluye ademàs de las humillaciones, palizas, amenazas, la exposiciòn a actos lascivos o abuso sexual.

Ante el interès mostrado por la escuela, a causa de los problemas de conducta, suelen retirarlos para evitar que las autoridades conozcan la situaciòn.

Muchas veces estos niños. al recibir una citaciòn del colegio, son sometidos a palizas e insultos, ante la sospecha del agresor de ser descubierto.

Un niño(a) que manifiesta conductas disruptivas como: agresividad, irritabilidad, falta de atenciòn, ausencias escolares o bajo rendimiento académico, que se niega a conversar sobre la situaciòn debe ser remitido a la defensoría del niño, ante la probabilidad de ser maltratado.

En el caso de la madre, cuando vive con el agresor, suelen callar la situaciòn de abuso. Ignorando o disminuyendo el sufrimiento de su hijo por motivos económicos: ¡El es quien me mantiene, es su padre!. En esta posiciòn la mujer trata de evitar que su hijo sea evaluado por especialistas como el psicòlogo. Por lo general los colegios tienen que tomar medidas dràsticas como dar ultimatums para que sea atendido.

En cambio, cuando la madre es la maltratadora. El padre suele ser pasivo. No defiende al niño y en algunos casos, lo inunda de regalos, como un medio para acallar su sentimiento de culpa. Sin detener el maltrato. Usan excusas estériles o suelen callar al ser confrontados ante la situaciòn por las autoridades o psicòlogos.

Los vecinos:
Suelen escuchar los gritos, lenguaje soez (vulgar) amenazas, llantos, golpes. Pero la conducta cómplice, al querer evitar problemas, alimenta la ola de violencia infantil.

El niño(a) ò adolescente que llega a sobrevivir, queda marcado con cicatrices emocionales profundas, y severas secuelas psicológicas que pueden derivar màs adelante en un adulto maltratador o un antisocial. Muchos adultos que se encuentran en las cárceles hoy, fueron los niños maltratados ayer.

Si en la escuela un infante muestra problemas de conducta. No lo etiquetes. Busca ayuda. Pon al tanto a las autoridades. Estos niños son amenazados por los maltratadores para que guarden silencio.

Psicòlogo menciòn clínica.
Twitter @MilagroMendoza
email: psi-milagromendoza@hotmail.com

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