Era la banca, estúpido, por Javier Astasio

Era la banca, estúpido. El problema de España no era la "rigidez del mercado de trabajo, a mí me despidieron antes de la reforma. Tampoco lo era el exceso de gasto de las distintas administraciones. Mucho menos lo era el Estado de Bienestar que casi fugazmente han disfrutado algunos españoles: la sanidad para todos, las pensiones o la ayuda a la dependencia que, en la práctica, apenas llegó a ser efectiva. Mucho menos lo eran la enseñanza obligatoria y gratuita hasta los dieciséis, las universidades, las becas o la investigación científica y el gasto en I+D. El problema era, y ahora que no tienen más remedio lo confiesan, la banca, la codiciosa e imprudente banca española.

La solución hubiese sido impedir el excesivo "monocultivo" inmobiliario en el que se han revolcado los bancos españoles, rebozándose en compra de suelo, promociones ahora inviables e hipotecas imposibles de asumir por quienes las suscriben. Ha sido una delirante huida hacia adelante, en la que los bancos pretendieron "trincar" de arriba, de abajo, por detrás y por delante.

Han invertido el dinero de sus depositantes en el aire de la burbuja inmobiliaria, comprando suelo, dando crédito a promotores y, además, dándoselo en hipotecas sobrevaloradas a quien jamás podría devolvérselas, para que comprasen los pisos que saturaban el mercado, pisos de los que esos bancos ya habían trincado.

Para esa borrachera especulativa no bastaba con los fondos de la banca española. Había que salir al mercado exterior a "comprar" dinero para poder prestarlo. Así una y otra vez, hasta que la máquina se rompió, dejando a quienes tomaron las hipotecas sin trabajo o con los sueldos recortados, a las pequeñas empresas sin crédito para pagar las nóminas a sus empleados y las deudas a unos proveedores a los que les está pasando lo mismo en un círculo vicioso e infernal.

La banca, eso sí, ha encontrado el silencio cómplice de los dos gobiernos testigos de esta crisis, porque silbar y mirar para otro lado parecía la consigna. Los partidos tiene deudas a veces inconfesables con la banca y a los gobiernos les ha venido muy bien que compraran su deuda. De ese modo, lo que debería haber sido la solución se ha convertido en el problema, porque todas las medidas que se han tomado, todas las inyecciones de capital que se han venido haciendo han acabado como acaban las joyas de la familia en manos de un ludópata o un yonqui, desapareciendo por el sumidero de su adicción.

La banca tiene una parte importante de sus fondos bloqueados en el sector inmobiliario y no valen lo que dicen que valen. De paso, trampean y engañan a quienes les confían su dinero con productos tóxicos, por no decir delictivos.  Sin embargo, ahí siguen, haciéndose los tontos y repartiendo dividendos como si nada hubiera pasado. Lo peor es que gran parte de las ayudas que reciben o del dinero que toman en condiciones ventajosas del BCE, lo vuelven a inmovilizar y no fluye como debiera. Así nos va.

Hoy hemos amanecido con nuestra deuda a dos escalones del bono basura. Y aquí nadie parece decir nada. Cualquier otra noticia parece más interesante que las pesadas y reiteradas malas noticias de la economía. Tampoco lo dice, tampoco lo ha dicho, más bien al contrario, un señor al que le pagan, le pagamos, todos los españoles para que vigile la banca y a los banqueros.

Miguel Ángel Fernández Ordóñez estaba ocupado y preocupado por todo aquello que no le incumbía, gasto, mercado laboral y todos los etcéteras que queráis añadir. Y yo ahora puedo decir, el consuelo de tonto que me queda, "era la banca, estúpido".


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