Entrevista a Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía 2001, por @albertina_navas

Lo que parecía una buena jugada del destino terminó por jugar en mi contra. Era marzo de 2006, cuando preparaba maletas para ir a Nueva York a un seminario para periodistas económicos. El viaje era auspiciado por EL COMERCIO. Todo sonaba muy bien porque iba a la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia (el sueño de todo periodista) y la agenda estaba llena de grandes nombres como Jeffrey Sachs y Joseph E. Stiglitz. Para redondear las buenas noticias, una querida amiga de la Redacción de Guayaquil, asistiría también.

 

Con ella habíamos compartido mucho durante mis dos años de residencia en esa ciudad: periplos periodísticos y personales; agendas conjuntas al menos tres veces por semana y hasta fui su Celestina. Era de imaginar que volvernos a ver, después de un año de mi regreso a Quito, reactivaría la complicidad que nos unía.

 

Unos días antes de partir, el Editor General nos llamó a su oficina y repartió tareas: ella haría el seguimiento de Sachs y a mí me encargó cubrir a Stiglitz. Además decidió que ninguna de las dos publicaría nada hasta que estuviéramos de vuelta en Ecuador. La hoja de ruta quedó marcada.

 

Como era de imaginar, el seminario fue intenso. Llenamos nuestros cuadernos de notas con las más complejas teorías económicas y nuestras grabadoras rebosaban de entrevistas. Eso sí, después de esas intensas jornadas, mi ‘amiga’ y yo disfrutamos del encanto de Nueva York, mientras nos poníamos al día en los pendientes.

 

Tras cuatro días a ese ritmo, nos despedimos con un abrazo y recordamos la instrucción del Editor. Ella volvía ese día a Guayaquil y yo tenía una semana adicional en EE.UU. por otras asignaciones periodísticas. Teóricamente no tenía de qué preocuparme hasta que, dos días después, abrí la página web del Diario y me topé  con el titular: ‘La propiedad intelectual es una de las claves de los TLC para Stiglitz’, acompañado del crédito: ‘Enviada especial a Nueva York’.¡Se suponía que yo era la encargada de escribir sobre Stiglitz! Más que eso, había un compromiso, un acuerdo asumido delante del Editor, pero sobre todo… ¡se suponía que éramos amigas! Qué golpe tan duro, pero periodístico, de esos que los periodistas sabemos que pueden pasar cuando alguien nos 'roba' la exclusividad de una noticia, con la pequeña (¡gran!) diferencia, en este caso, de que los golpes se asestan a la competencia, no a los colegas... peor a los amigos. Sin palabras...

 

¡Merecía una indemnización!

Diario EL COMERCIO, abril 16, 2006

 


Hablar con ella... ¿para qué? A fin de cuentas, ella tampoco habló conmigo antes de 'olvidarse' del acuerdo que teníamos. De hecho, nunca más volví a hablar con ella. Me quejé directamente -y amargamente- con el Editor y supe que le llamaron la atención, pero no me era suficiente. ¡Merecía una indemnización! Pero... ¿de qué tipo?¿Publicar un recalentado del seminario? Imposible. El que golpea primero, golpea dos veces. ¿Publicar sobre Sachs y ampliar lo de Stiglitz? Mmmm... no le veía mayor aporte. ¿Hacer un informe de 5 páginas sobre el evento incluyendo a todos los expositores? Uyyy, aburrido. Entonces, decidí arriesgarme y propuse algo que sonaba fuera de contexto: escribir una crónica sobre la cena en la casa de Stiglitz. Eso fue parte del programa y ¡a la final cenar con un Nobel no es cosa de todos los días!Así fue. Me dieron media página de la Sección Negocios y nunca hablé de globalización. Tampoco hurgué en las clásicas críticas de Stiglitz al FMI ni siquiera mencioné la Teoría de la Economía de la Información, que le valió el Nobel. Quienes querían saber más del Stiglitz economista, se quedaron con las ganas. Invertí el espacio en describir al hombre sencillo, cariñoso y atento que fue nuestro anfitrión en un lujosísimo penthouse, en la zona más exclusiva de Nueva York.

 

Funcionó. Recibí excelentes comentarios de lectores y editores y compartí el artículo publicado con el mismo Stiglitz, cuya reacción me dejó perpleja. “Mil gracias, es la historia más linda que han escrito sobre mí”, me dijo textualmente, y me invitó a cenar en Quito, pues tenía un viaje agendado a Ecuador. En ese momento, caí en cuenta de que mi estrategia de indemnización había llegado más allá. Sin saberlo, toqué la fibra sensible de un ser humano, que no hallaba la manera de recordarnos que detrás de su pomposo Nobel, sigue siendo uno de nosotros.

 

Y nos hicimos amigos...

 

Me cumplió la promesa junto a su esposa, Anya. Me llevaron a cenar en un restaurante acogedor y de bajo perfil en La Floresta y tuve 20 minutos para la única entrevista personal que Stiglitz dio en Ecuador. Luego, me invitó al lanzamiento de su libro 'Making Globalization Work' y al Foro Mundial de Líderes, en Nueva York. ¡Qué deferencia!

 

Un par de meses más tarde, volvía a hacer mis maletas para viajar, esta vez, con mis fondos, para asistir a los dos eventos.  Ya, en Nueva York, la pareja Stiglitz me volvió a sorprender: “Toma tus maletas que nos vamos a casa”, me dijeron luego del Foro. ¡Increíble!Por segunda vez, entraba a aquel elegante penthouse, a orillas del río Hudson. Cenamos las 'sobras' del día anterior, conversamos de cuánto les había gustado la Amazonia y las iglesias de Quito, y hasta bromeamos sobre lo que 'Joe' (como lo llama su esposa) comentó sobre una de sus frustraciones: "Lo malo de ganar el Nobel es que la gente ahora cree que soy muy importante y ya no me invitan a cenar"...El protocolo periodista-entrevistado se evaporó. Era invitada en casa de los Stiglitz. Me acomodaron en su estudio para una estancia de varios días. ¡Qué cambio! Aquel golpe que tanto me había dolido se convirtió en la razón para estar ahí y cultivar una relación de largo plazo. Tiempo después publiqué otras dos entrevistas con Stigltiz y varios temas relacionados.Aprendí mucho, empezando por aquello de que 'bizness is bizness'. A la hora de competir, no hay amigo que valga. Así de simple, pragmático y devastador. Y ante un golpe solo hay dos opciones: knock out o creatividad. Una amiga por un Nobel... creo que fue un buen negocio, no solo por la red de contactos estratégicos que gané sino porque, en el fondo, la amiga nunca fue tal.Mis entrevistas con Joseph E. Stiglitz:
Un viaje al fondo de la economía de la mano de Joseph Stiglitz
'Desde que gané el Nobel, me leen los no economistas'
'Mientras exista democracia, sin abusos de poder, los errores pueden corregirse'

 

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