Entre letras: La realidad que nunca fue real, por @JesSiDuBe

Encima de la mesa de noche estaba ese libro con el que solías acostarte a dormir. Ese mismo libro que te hacía interesante fuera de tu rostro encantador. El mismo que yo empecé leer mientras me hacías esperar, cosa que no me importaba hacer, porque sabía que esa noche sería mi cuerpo escrito el que leerías… Al tiempo que ponía atención a las letras expuestas en tantas páginas, recordaba que las veces que visité tu cuarto encontré, siempre, un libro al lado de tu cama que te hacía compañía. Fue allí, en donde comprendí, tras de versos y palabras compuestas, que fue eso lo que me enamoró de ti. Sí, eso, tus libros y las miles de letras que dibujabas cuando hacías el amor.

El orden no era precisamente tu gran aliado, tu cuarto era el caos sublime del afán de todas las mañanas y cada prenda en el piso definía muy bien el olor característico que me precisaba el significado de hombría. Hasta eso era poesía y aunque en ese entonces no era amante de la lectura porque prefería ser amante tuya, ahora que lo soy entiendo porque me gustaba tanto leerte, ya que hasta en las actitudes más grotescas algo me decías. Yo te leía todo el tiempo muy a pesar de que hasta ahora lo entienda.

Leerte no era nada marginal, dentro de mi ignorancia lo sabía y dentro de mis vanas habilidades deje de sumarte cuando supe que algo, o todo, era posible. Te sumaba y te sumaba e intentaba restarte un poco para no engendrar líos absurdos con tu edad y la mía, entonces ignoré los números y me hice tú amiga y amiga de lo que tenías encima, letras que no eran pócimas, pero como si lo fueran.

Así fue como esa bendita lectura me permitió visitar lugares que la realidad me tenía, me tiene y me tendrá vetado el paso, y aunque la defina como bendita, creo que esta, es la más maldita de todas porque tiene el poder absoluto de hacerme soñar en algo que nunca será posible. Pero así son las letras, los libros, los textos complejos que requieren de concentración y que no solo profundiza en asuntos complejos sino en emociones complejas. Y yo como que abusé concentrándome en ti y en lo complejo que eres.

Sabía que los cerebros lectores entienden de otra manera el lenguaje, procesan de manera diferente las señales visuales; incluso razonan y forman los recuerdos de otra manera. Siendo así, tergiversé tu imagen y te hice un recuerdo eterno de suma consistencia y de un deseo alentador a la no resignación. Te hice, a pesar de los años, mi secreto andante y una materia solida que siento como se siente la poesía erótica cuando la lees a solas y en un ambiente sensualmente oscuro y cálido. Intenta imaginarlo… pero solo yo logró sentirlo porque te mantengo como mi mejor texto.

Espero que te cases pronto. Estoy segura que toda historia que se escribe tiene un final, y yo ya llevo mucho tiempo intentando descifrar el nudo. ¡Cásate pronto, por favor! porque hasta entonces te leeré. Sería un final feliz para ti y uno continuo para mí y con ese es suficiente. Si te casas sabré que estas enamorado, así me resignaré y no por cobardía sino por coherencia. Las letras se acabarían, por ende la imaginación y la complejidad, y hasta allí todo llegaría. No sabrás nada más de mí y seguramente con lo único que me quedaría de ti, sería con el aprendizaje que toda muy buena lectura le deja a su lector enamorado e indeleble de tanta cercanía con una realidad que nunca fue real.

Así son las letras, los libros, los textos, la poesía y el amor por las aventuras sin moverse de la cama y debajo de las sabanas...

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