Entre espías anda el juego, por Javier Astasio Arbiza

 
 

Andamos, mejor dicho, andan ellos, y que cada cual rellene la casilla "ellos"" como crea conveniente, andamos, digo, alborotados con las noticias sobre espionaje que, como de un grifo mal cerrado, gotean cada día sobre nosotros. Pero, no temáis, no hay por qué preocuparse, todo queda en casa.

Ya me extrañaba a mí la falta de cuajo, como el mismo diría, del presidente Rajoy -encerrad la palabra presidente entre admiraciones, comillas o interrogaciones como más os plazca- a la hora de indignarse al conocer que la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos maneja datos y conversaciones privadas de ciudadanos españoles -se habla de sesenta millones de conversaciones telefónicas que creíamos privadas registradas en un mes- que alguien ha puesto en sus manos.

La tardanza y la tibieza de Rajoy al manifestarse sobre el asunto denotaba o bien que su vida es tan aburrida como pretenden hacernos creer o que sabía perfectamente quién nos espiaba y para qué. Y es que, al final, o nuestro CNI ha sido subcontratado por su equivalente norteamericano o hemos hecho algún oscuro cambio de cromos, al que son tan dados los espías. Recordemos que, por ejemplo, el espionaje norteamericano "facilitó" el misil con un trasmisor disimulado que permitió localizar y llegar por primera vez al almacén de ETA en Francia y que fue también Estados Unidos quien nos facilito material sofisticado y de última generación para garantizar la seguridad de los juegos de Barcelona. Queda claro que España y Estados Unidos son aliados y que, como cabe esperar, sus servicios secretos mantienen relaciones de buenos colegas.

Abandonad toda esperanza dicen que puede leerse a la entada del Infierno, los espía son espías. Y no sólo se compran, se venden, sino que también se prestan y se es dan cursos de formación profesional como aquellos que controlaban patronal y sindicatos. Pero no hay que extrañarse, ni rasgarse las vestiduras. Los espías, sea cual sea el gobierno para el que trabajan, al igual que los militantes de los partidos políticos, tienen más que ver entre sí, que con los ciudadanos a los que dicen defender y servir. Hay menos distancia entre quien milita en el PP, el PSOE o IU, les van la marcha y la "sana" ambición de progresar en el partido, que entre dos gemelos. Lo mismo ocurre con los espías. El gran salto es admitir que husmear en la vida privada de los ciudadanos está justificado si es en aras del "bien común".

Qué más da que sean yanquis o de un pueblo de Extremadura, lo importante es saber que nos espían y aprender a vivir con ello, porque van a seguir haciéndolo. El juego en cuestión es entre espías y lo único que podemos pedir es que no los espías no sean ni muy listos ni muy torpes, que no molesten mucho y que nos salgan baratos.
 
 
 

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