Empresarios, por Javier Astasio

Foto: EL PAÍS
 

Vaya país éste en el que nos h tocado vivir: un país para mear y no echar gota, que diría un castizo, un país en el que, a la hora de reformar la legislación laboral, el gobierno sólo escucha a la patronal y la reforma resultante es, como cabría esperar, un guante para los empresarios y una trampa para osos para los trabajadores, un país en el que el Estado de Derecho está convirtiéndose en una selva en la que cazan a su gusto los que menos escrúpulos tienen.

No digo yo que todos los empresarios que operan en España sean unos chorizos, pero, la verdad, es que, de un tiempo a esta parte, al menos sus dirigentes, aparecen tanto en las páginas que se ocupan de la corrupción, que alguna que otra organización empresarial debería plantearse el cambio de sede social a algún centro penitenciario.

De todos es conocida la historia de Gerardo Díaz Ferrán empresario carroñero que en gran medida construyó su fortuna hurgando en los despojos de empresas en dificultades, para "mondar" lo poco que de aprovechable quedase en ellas y abandonar después a su suerte a trabajadores y acreedores, una especie de Atila de los negocios que iba sembrando desolación y miseria allá por donde pasaba, mientras el botín que quedaba en sus manos, crecía y crecía. Díaz Ferrán cayó y cayó con estrépito, saqueando sin el menor remordimiento los sueños de muchos inmigrantes que sólo querían pasar las navidades en su tierra y que se vieron atrapados en las frías salas de un aeropuerto, sin explicaciones ni consuelo y con la burla del amigo de Esperanza Aguirre hoy encarcelado, al que sólo se le ocurrió decir que él no hubiese comprado un billete en su compañía.

Aun sabiendo eso, a la patronal española, a la que se supone la representación de los empresarios de este país le costó meses deshacerse de su malencarado presidente. Tal parece que o no veían lo que veíamos todos los demás o, si lo veían, compartían el credo de quien habían elegido. Algo gravísimo, porque por más que hablen de garbanzos negros, lo cierto es que parece que esos garbanzos son los que abundan en el cocido empresarial y, lo que es peor, a quienes los eligen no parece importarles demasiado verlos en el plato.

El último en caer, ayer mismo ha sido el empresario madrileño Alfonso Tezanos, directivo de la patronal madrileña y hombre fuerte, ahora repudiado, que las  esposas afean mucho, del presidente Arturo Fernández, imputado en la comercialización a todas luces fraudulentas de preferentes en Bankia, beneficiario de obscenos créditos de amiguete en Cajamadrid y pillado "in fraganti", pagando "en negro"  a los trabajadores de sus contratas, entre otras, la de la cafetería del Congreso.

Tezanos que no hace dos días negaba con desparpajo, la imagen de marca de los amigos de Esperanza Aguirre, ha sido pillado con unos cuantos millones de euros del dinero de todos, cobrados por impartir cursos de formación inventados. Curioso personaje éste que, en una reciente entrevista radiofónica, decía  que "saber, oír, comentar... no es tener conocimiento", que, de momento, cierra la lista de empresarios corruptos con cargos representativos.

Lo de éste último, esa estafa al Estado, que no es posible sin la cobertura de quien debería vigilar el buen fin de esos fondos, da qué pensar, porque, si rapiñaban el dinero destinado a la formación de parados, es lógico suponer que, a mayor cifra de parados, más oportunidades de negocio.
 
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