Elecciones en el Colegio de Abogados de Madrid, por Ernesto Carratalá

El próximo otoño, el actual decano del Colegio de Abogados de Madrid, Antonio Hernández Gil, deberá someterse al dictamen de las urnas, y no tiene claro que vaya a obtener el resultado que su equipo tiene previsto.

Y es que no sólo la clase política es el único colectivo que suscita las iras de los ciudadanos. Hay sectores laborales y profesionales que están cansados de tanta “retórica barata” por parte de sus representantes, tanto en el ámbito sindical, como en el corporativo.

La huelga general del 29 de marzo pudo tener mayor o menor repercusión. Pero lo que sí es cierto es que, si no se acompaña de más movilizaciones, no habrá servido para otra cosa que para el derecho al pataleo. Y eso, la ciudadanía, que no tiene un pelo de tonta, se da cuenta. Si Méndez y Toxo no mueven ficha pueden acabar siendo blanco de las iras de un pueblo que está harto de todo y de todos, se mire por donde se mire.

Incluso de sus propios representantes profesionales. Siempre se ha dicho que los colegios necesitaban una profunda reforma. Se trata de despojarles de un poder, demasiado, que ya ni siquiera beneficia a sus propios afiliados. Una casta que se blinda en torno a sí misma, y se encarga de que nadie entre ni salga de su círculo. Cada día acumula más poder y ni siquiera hacen caso de sus compañeros que pasan verdaderas penurias aunque no tengan que pasar por el mal trago de ponerse en la cola del INEM.

A los abogados de oficio se les debe mucho dinero, tanto como los ayuntamientos a las pymes y autónomos, y nadie rompe una lanza por ellos. Es más, incluso hay casos, como el denunciado aquí, de un miembro de la junta de gobierno del ICAM, (Colegio de Abogados de Madrid), Francisco García Mon, que sin pedir permiso a nadie y sólo encomendándose a sí mismo, la emprende contra una colega a la que desahucia del despacho donde malamente se gana la vida. Por cierto, abogada de oficio también a la que se debe una pasta gansa.

Eso sí, a Hernández Gil le interesa, ahora, todos esos temas porque estamos en época preelectoral. A imagen y semejanza de los políticos que solo se acuerdan de sus ciudadanos cuando les piden el voto. Rajoy, por ejemplo, tan sólo cien días después, ha incumplido todas sus promesas.

Es necesario abordar no sólo una reforma profunda del aparato productivo español, sino también de la estructura general de la sociedad. Porque, verdaderamente, no hay suficiente pan para tanto chorizo.

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