El viaje comienza a la vuelta, por Josune Murgoitio (@josmurgui)

Da la imprensión de que el verdadero viaje, tras una estancia larga o corta, cercana o lejana, comienza, en realidad, a la vuelta al país del origen. La comparación que solía producirse diariamente en el país foráneo, en referencia a las cualidades propias del hogar y su forma de vida particular, se producen ahora respecto del primero en el segundo.

Es la diferencia horaria, la diferencia en la forma de vida en las calles, la falta de ruido y ajetreo, la diferencia de ver las cosas, pero la misma tranquilidad que el viaje proporciona: alimenta la pasión, desarticula el pensamiento exigente. Madrid es una ciudad realmente relajante, en comparación con Estambul, donde una calle apenas transitada por muchos de sus ciudadanos apenas es creíble. También el simple hecho de degustar un café español o hablar en el idioma materno, el humor propio de sus habitantes, o esos bares maravillosos, de cerveza bien servida y aperitivos que impactan con los precios desorbitados de la que fue capital del Imperio Otomano.

Islas Príncipe Istanbul

Dos árboles mirando al sol/ Islas Príncipe. Istanbul. J.M

También cierto vacío de dejar a una persona realmente querida allí, en el recuerdo y en el corazón, pero no físicamente presente, aunque el skype facilita su presencia en la vida cotidiana. La pena acompañada de la alegría, alegría por ver a las amistades de toda la vida, la vida a partir de que una tenga uso de razón.

La maleta se ha estropeado, la cremallera ya no funciona. Será que se ha cansado de cuatro meses en Euskadi o España, a estas alturas aún no sé si corresponde inclusión, y de dos meses en Turquía. La maleta me pide a gritos que pare. Pero aún no sabe las aventuras que esperan, tal vez otra maleta, tal vez otro lugar, pero con la misma persona querida, presente físicamente o no. El amor tiene fuerza brutal.  Abrir y cerrar la maleta, el caos de transportarla y la maravilla de que vea sitios nuevos en un país de magnitud increíble, con muchísimos matices, no todos entendibles, más aún desde la perspectiva occidental, que todo lo come, como si expertos en derechos humanos fuéramos.

Creo que ha sido el jet lang, la pena de dejar a mi chico allá, el desabor que tengo de mis amigos en aquella cárcel, que yo también la he sentido, la que me ha incitado a escribir este cúmulo de vómitos emocionales y mentales.

Pero, con pena, contenta de estar donde estoy, quedar con quien quedaré, y reactivada.

Respira, el mundo espera.

Paciencia, todo llega.

Sigues en mí.

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