El timo del tercer rail, por Vicente Garcia Nebot

Si a usted, como a mí, le cuentan que toda la lucha que ha tenido el Este de España para conseguir el Corredor Mediterráneo, el AVE, o un eje de ferroviario de mercancías que dé salida a los productos de una de las zonas más ricas de nuestro país, se ha solucionado mediante un “tercer carril”, usted, como yo, pensará que junto a las dos vías de ancho ibérico que existen en la actualidad, van a poner otra de ancho europeo (un poco más estrecho).

Estos políticos nuestros son muy hábiles con el lenguaje. En realidad lo que se ha aprobado es poner UN TERCER RAÍL. Es decir, si una vía de tren tiene dos raíles, nuestros ahorradores dirigentes solucionarán nuestras demandas añadiendo a las vías otro raíl, y sobre la misma vía podrán circular trenes de ancho europeo y de ancho ibérico.

La idea es genial si no fuera por el pequeño detalle de que las vías actuales están saturadas, que se montará un auténtico cuello de botella y que no solucionará el problema, ni nos dará a los levantinos aquello que nos corresponde desde hace muchas décadas.

Pero vea usted qué fácil es engañar a la mente. Con un simple juego de palabras, y casi gratis, parecerá que tenemos el Corredor Mediterráneo en funcionamiento.

Viene a ser como aquella valla electoral de Camps con el AVE detrás de él, que hizo creer a muchos madrileños, en su día, que el AVE llegaba a Valencia, cuando sólo se había puesto aquella famosa Primera Traviesa que inauguró José María Aznar.

Pues así estamos en el oriente español (y catalán, para los muy soberanistas), sin Corredor Mediterráneo y con un previsible tercer raíl que dará un ambientazo a las actuales vías que serán un no parar.

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