El salto del Tigre y la gesta de los cinco goles, por Rafael Casas (@rafacga)

Todo gran éxito viene precedido de una gran decepción, y Falcao despertó después del derby. El Tigre abrió los ojos, inyectados en sangre, en busca de presas… y la defensa del Dépor se llevó cinco zarpazos de vuelta a la Coruña. El sentimiento agrio del Bernabéu se colmó de dulce tras una espectacular actuación individual sólo a la altura de los más grandes maestros. La cronología de la gesta muestra una ambición sin límite, cinco goles de casta, clase y pertinacia, cada uno distinto, pero todos con el mismo sello. El de un jugador distinto, capaz de anotar 5 goles en un partido y "resaltar la manera en la que jugó el equipo".
El primer gol fue un ejercicio de fe y aguantar el desmarque. La contra llevada por Diego Costa no fructificó, pero él no cayó en fuera de juego , aguantó la línea, y cuando Koke avistó el desmarque voló hacia la puerta de Aranzubía hasta que soltó un latigazo cruzado ajustado al palo que significaba el primer tanto. Fe ciega en el gol. Minuto 27, inauguraba la cuenta.
Pasaban los minutos y Falcao se sentía cómodo. Prueba de ello fue la ejecución del segundo gol. Confianza. Un saque de banda de Arda sorprendiendo a la defensa, juego con el cuerpo del colombiano dejándola pasar, y aprovechando el bote una volea cruzada directa a la escuadra de la portería deportivista. La estirada de Aranzubía dejó un bonito póster. Falcao anotaba el segundo antes del descando, minuto 41.
El descanso igualó fuerzas, pero la presión atlética dejaba al Dépor en paños menores ante la delantera colchonera. Un centro lateral cortado por la defensa gallega quedaba muerto en el interior del área, y mientras Falcao activaba su imán y la pelota se dirigía a sus botas, Roderick, ingenuo y lo cierto es que bastante lento arrollaba como un tren al colombiano. Penalty. Minuto 64. Paradinha y engaño al portero. Un hat-trick más en su cuenta.
Pero no se quedó ahí la cosa. El Atleti era un huracán. El Dépor un flan de huevo. Y una contra llevada magistralmente por Adrián dejaba solo a Arda que no conseguía engañar a Aranzubía. El rechace quedaba franco para el zaguero blanquiazul, pero Falcao se colgó una capa y se disfrazó de superhéroe, en un remate de cabeza en plancha que anotaba uno más a su cuenta. El colombiano sumaba su cuarto y sólo era el minuto 67. El salto del Tigre dejó a un Falcao enmarañado entre las redes con una sonrisa, pero con una mirada felina de instinto asesino.
Desmarques, paredes, espacios, carreras… Falcao, hiperactivo, buscaba ampliar la cuenta con un número mágico de rima fácil. Y se coronó. Encontró un balón al espacio ante la “vigilancia” de la zaga deportivista, a la deriva toda la noche. Apuró línea de fondo, amagó el centro, aunque no estaba por la labor, y después de otro amago martilleó el primer palo con un soberano golazo. Lo había vuelto a hacer. Minuto 71, había marcado otro gol, pero este era especial. Nadie con la camiseta rojiblanca lo había conseguido desde el año 1958. Lo hizo Vavá, en un partido contra el Zaragoza. Acabó 7-1, la misma diferencia que el Atleti – Depor de Falcao.
Una gesta sólo al alcance de superclases, de depredadores del área incansables, de jugadores con estrella. Nadie pensó que Vavá fuera a tener sucesor… el relevo de Falcao se antoja aun más complejo.

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