El regreso al corazón de los Balcanes, por @BorjaDiazMerry

   Más de 17 años después del inicio de una guerra que dejó unos 100.000 muertos en pleno corazón de los Balcanes y abrió la senda de los conflictos bélicos en la extinta Yugoslavia, Bosnia afronta su futuro inmediato con algunas heridas no cicatrizadas, otras selladas pero aún dolorosas, y una convicción compartida por los miembros de las tres comunidades que integran el país: el deseo de que la guerra no vuelva a marcar el rumbo de su historia.

Esquelas musulmanas y cristianas en el muro frontal de una mezquita del casco antiguo de Mostar, La Trinchera

    De la mano de los compañeros de Reporter Academy, una organización de fotoperiodistas liderada por el corresponsal de guerra Albert Cusidó, La Trinchera Informativa ha tenido la oportunidad de medir el pulso del país desde una nueva perspectiva, distanciada del plano meramente militar: el contacto directo con su población.

   Los primeros días de conversaciones con bosnios en dos puntos centrales del país: Mostar, de mayoría bosniaca, y la República Srpska, integrada principalmente por serbobosnios, han dado lugar a las primeras reflexiones sobre la situación en el país 17 años después del final de la guerra. Bosniacos, croatas y serbios mantienen algunas de las diferencias que se acentuaron al máximo en el conflicto (1992-1995), confían al mismo tiempo en superar el dolor del conflicto y de las víctimas que ya nunca volverán y parecen tener pocas esperanzas en alcanzar una convivencia basada en la integración.

Un puesto de venta en la fachada de un edificio derruido por la guerra, La Trinchera 

   Lo más sorprendente en estos primeros contactos ha sido comprobar que el análisis que aportan hombres y mujeres de mediana edad que sufrieron en primera persona el conflicto parece más positivo que el que transmiten los jóvenes que ahora sí han compartido espacios con miembros de otras comunidades. Afortunadamente, hijos, padres y abuelos; bosniacos, croatas y serbios no hacen mención alguna al término odio, algo que, sin duda, denota una clara evolución. Será difícil superar las heridas pero no es un fin inalcanzable.

Perspectiva de Mostar desde el interior del minarete de una mezquita, La Trinchera

 Después de recorrer unos 2.000 kilómetros por carretera, el punto de partida de la expedición Balkans0712 ha sido la ciudad del Puente Viejo, Mostar, una vieja conocida de los militares españoles, en la que perdieron la vida más de una decena de uniformados (21 fallecidos en todo el país). La ciudad sigue mostrando las heridas de la guerra en sus edificios y símbolos pero también se observan avances en diferentes campos.

El Puente Viejo (Stari Most), símbolo de Mostar, La Trinchera 

   A escasos kilómetros de Mostar, la pequeña localidad de Bacevici, de mayoría serbia, se presenta como una sencilla agrupación de casas próxima a una factoría de aluminio en la que desde pocos años después de la guerra los serbios no pueden trabajar. Fue una decisión de la compañía tras la guerra pero sus habitantes no dudan en lamentarlo por el escaso margen laboral que les deja.

   De aspecto afable y sonrisa contagiosa, Netjo es un serbobosnio que tuvo que huir con su familia, al igual que todos los vecinos del pueblo, cuando el Ejército croata decidió incendiar Bacevici. A pesar del dolor sufrido, su forma de entender la vida anima a seguir avanzando y a no derrumbarse. Ojalá que el tiempo siga dándole la razón...

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