El problema es la obediencia, por Javier Astasio


Lo vi escrito en una pared, en una pintada ácrata que, como casi todas las consignas de quienes creen más en el hombre que en el sistema. era clara, sencilla e inapelable. Se me vino al pensamiento tras conocer la valiente decisión de la fiscalía de Santiago de Compostela que, tras estudiar la demanda presentada por familiares de seis enfermos de hepatitis C, fallecidos después de que la Consellería de Sanidade les negase "por razones presupuestarias" el costoso tratamiento son Sovaldi prescrito por sus médicos. No sé en qué basará la defensa de los dos altos cargos de la Xunta investigados, pero no hay que ser muy despierto para suponer que, como los guardias civiles que asaltaron el Congreso de la mano de Tejero, alegaran la obediencia debida con la misma naturalidad que Cristóbal Montoro achacó a la compra de tan carísimo como eficaz medicamento parte de la desviación del déficit y, con ello, tratarán de marcharse "de rositas".
Quien hizo la pintada tiene toda la razón, nuestro problema no es la crisis, nuestro problema, nuestro mayor problema es la obediencia, esa obediencia ciega, cuando no interesada, a quien toma decisiones obedeciendo a su vez a quien las toma obedeciendo las injustas consignas que vienen de Bruselas. Pero, claro, una carrera política es una carrera política y no hay que echarla a perder por tener un poco de humanidad a la hora de tomar decisiones tan graves.
Supongo que será eso lo que aleguen pero, al menos a mí, me va a costar creerles, porque no me cabe en la cabeza que todo un director general de  Asistencia Sanitaria y toda una subdirectora general de Farmacia, con juramento hipocrático o sin él, puedan tomar una decisión como esa a sabiendas de que estaba en juego la vida de ocho seres humanos, Estos altos cargos se saltaron sus propios protocolos, supongo que para obtener el "bien mayor" de cuadrar las cuentas, una decisión injusta a todas luces que les coloca ahora bajo la acusación de prevaricación.
Se da además la circunstancia de que un enfermo de Lugo salvo la vida porque la doctora que le atendía antepuso la salud de su paciente al protocolo y "puenteó" a los dos altos cargos investigados, escribiendo repetidamente a la entonces consejera que, finalmente, autorizó el tratamiento. No sé qué podrán estar pensando los médicos que atendieron a los seis pacientes fallecidos, pero seguro que, de poder hacerlo, ahora mandarían el procedimiento al carajo.
Obedecer no siempre es bueno, obedecer, entiéndaseme, reglamentos y normas injustas, obedecer a quienes se refugian detrás de un escritorio, dos o tres secretarias y un cargo para quedarse sordos y ciegos ante la injusticia, obedecer a quien es incapaz de librar de los presupuestos el dinero necesario para salvar seis vidas y se lo gasta en una campaña publicitaria, no siempre necesaria, no siempre honrada.
A quien únicamente hay que obedecer siempre es a la propia conciencia, una conciencia educada en el respeto por el bienestar de los demás, sea cual sea su origen, una conciencia que nunca se plantee qué pierde y que gana en cada decisión, una conciencia clara que permita sostener ante el espejo lo que se dice en público, una conciencia que, por las noches, nos deje cerrar los ojos y dormir. 
Supongo que, para el fiscal que ha pedido que se investigue a estos altos cargos de la Xunta, lo más fácil hubiese sido obedecer las viejas maneras y someterse a ese dejarse llevar que, hasta ahora, ha garantizado una carrera plácida, quizá aburrida, pero con final feliz. Sin embargo, ha tomado la valiente decisión de salirse del carril y nos ha demostrado que, a veces, el problema está en obedecer sin pararse a pensar si la norma que obedecemos es justa.

Deja un comentario

Su dirección de email no será pública.


*