El Periodismo era otra cosa, por Alberto Calero (@acaleroj)

“España tiene una madre en tratamiento oncológico y con tres hijas que se levantan todos los días a las cinco de la madrugada para traer 600 euros a casa; pero también a una clase política que come de gorra, hace de vientre en orinal de oro y nos arroja los detritos por la ventana. A la primera no la conoce nadie, ya ven, y a los segundos los conocemos todos”. Así arrancaba “Imbéciles”, uno de los últimos artículos de Pedro Simón en elmundo.es. Unos lo comentaron como un gran texto y otros ya hablaron en su día de todo un ejercicio de demagogia. Lo que dice Simón es cierto. No es nada nuevo pero nunca viene mal repetirlo cien veces. A ver si se remueven algunas conciencias (aunque se mueven si existen y uno ya duda de su existencia). ¿Quiénes son los responsables de que el político que come de gorra sea protagonista y nadie conozca a la madre en tratamiento oncológico? No hay duda en la respuesta: son los medios de comunicación. Las portadas de los periódicos son un constante espejo de la clase política. Las tertulias de radio y televisión repiten hasta la saciedad el mismo tema político aunque no haya novedades. Los informativos abren con las declaraciones del correspondiente miembro del Gobierno y con la respuesta del líder de la oposición. Salta un escándalo que involucra a los partidos y los medios se frotan las manos: ya tienen “comida” para muchos días. Vemos las mismas imágenes repetidas y escuchamos las mismas palabras. El caso es exprimir hasta la última gota y hacer negocio. Un negocio en el que varios andan compinchados, incluidos algunos a los que se les llena la boca en defensa del Periodismo.

Podemos luchar y soñar. Podemos desear algo que ya alcanza el nivel máximo de utopía. Nadie nos lo va a impedir pero debemos reconocer la realidad y a la vez no rendirnos. Resulta prácticamente imposible que un diario abra con el descubrimiento de una vacuna. No vemos en primer plano al investigador que cada día lucha contra el cáncer o por conseguir la vacuna definitiva contra el SIDA. Los grandes medios no cuentan estas historias porque “no interesan”. Estamos rodeados de miles de otras historias anónimas que debieran ser objeto de ser contadas. Habría que darles voz pero casi nadie pone el altavoz. Asumámoslo. Los medios, tal y como están concebidos, necesitan de los políticos. Y los políticos necesitan de los periodistas. Se retroalimentan. Van de la mano. Estamos inundados del llamado periodismo declarativo: fulano dice y menganito contesta. Y luego se llenan horas y horas de esas declaraciones de políticos con los tertulianos palmeros de cada bando. Horas y horas con lo mismo. Y pasan los meses y los años. Mientras tanto se nos morirá la enferma oncológica. O se recuperará. El caso es que no lo sabremos.

El texto de Simón concluía diciendo que “no es que a los políticos les parezcamos imbéciles, no. Es que, a estas alturas, ya deben haber constatado que lo somos”. Tiene razón. Somos imbéciles para los políticos pero también lo somos para los jefes y responsables de los grandes medios de comunicación. Casi no hay remedio. No nos chupamos los dedos. Hace falta una revolución y no todos los periodistas están dispuestos a iniciarla. Cada uno tiene sus razones y algunas son más que comprensibles. La lucha es complicada pero debe existir y continuar. Sólo existe un Periodismo; lo otro a lo que estamos acostumbrados debe tener otro nombre. El Periodismo era otra cosa. Es otra cosa. Y no puede ser que miles de jóvenes enamorados de la profesión estemos equivocados. Luchamos aunque ya casi sea sin rumbo y manteniendo como se puede la esperanza. Y además resulta que el frío abre un informativo en invierno, el calor lo hace en verano o el corte de pelo de una presentadora se convierte en noticia. Qué paciencia.
Sé que tengo una idea romántica del Periodismo pero no concibo este oficio de otra forma. No entiendo que alguien se llame periodista sin humildad, ni conciencia ni dignidad. Algunos deberían sonrojarse pero nunca se ponen colorados porque no tienen vergüenza.

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