EL MINISTRO MÁS INDIGNO, por Javier Astasio


Cuentan, el mismo lo cuenta, que, como Saulo en el camino de Damasco, Jorge Fernández Díaz, el más indigno de los ministros del Interior que en España han sido, tuvo, durante un viaje a Las Vegas, una iluminación que, según él,  le devolvió a la fe, aunque, visto lo visto, me inclino a pensar que quienes realmente se le aparecieron fueron los fantasmas de Sam "Ace" Rothstein o Nicky Santoro, los personajes que interpretan Robert de Niro y Joe Pesci en la película "Casino", porque, a la vista de sus métodos, está más cerca de los mafiosos de Scorsese que de la del apóstol de los gentiles.
La conversación grabada hace dos años, a saber cómo y por quién en el despacho del ministro, entre el propio Jorge Fernández Díaz y Daniel de Alfonso, responsable de la Oficina Anti Corrupción de Cataluña, se parece mucho a aquella otra grabada a Esperanza Aguirre y su entonces mano derecha, hoy repudiado y en la cárcel, Francisco Granados, en un acto público, cuando pensaban que los micrófonos estaban cerrados, en la que la entonces todopoderosa presidenta madrileña preguntaba a su Joe Pesci que tenían contra aquel al que se referían como "hijoputa" y que muy probablemente no era otro que su entonces rival Alberto Ruiz Gallardón.
Lo uno y lo otro, la incitación del ministro a quien debe velar por la honradez de los cargos públicos en Cataluña para buscar trapos sucios en los asuntos privados o públicos de los políticos catalanes y sus familias y el servicio de espionaje montado por Granados contra sus compañeros de partido y de gobierno, son expresiones de una de las más degradadas y degradantes expresiones de la política, la llamada política, o guerra, de dosieres, un modo de hacer política, el de mirar en la basura y el cesto de la ropa sucia de adversarios o amigos, no para llevar lo encontrado ante un juez, sino para dárselo a un periodista de confianza o, en ocasiones, dejándolo a buen recaudo, restregárselo por las narices al adversario que, ante la amenaza de hacerlo público, se vuelve dócil como un perrillo.
De eso se trata, de rastrear las cloacas no para limpiarles de suciedad para que corra por ellas el agua clara que todo lo limpia, sino para encontrar esas "joyitas" que luego se regalan, sin decir su origen, claro, o se venden al peso a amigos circunstanciales y periodistas "de cabecera". Formas de hacer política y de hacer periodismo de las que hemos tenido sobrados ejemplos durante los últimos años y ejemplos de políticos y periodistas, se me ocurren unos cuantos, que ensucian una y otra actividad, porque, no hay que olvidarlo, los periodistas y los medios que "aceptan" dosieres también suelen estar dispuestos a frenar y desmentir la difusión de informaciones que perjudiquen a sus fuentes.
Esto es tan sucio como parece, pero volvamos a nuestro ministro, todo un ejemplo del uso partidista de los medios que el Estado, los ciudadanos, hemos puesto en sus manos. dispuesto siempre a poner en manos del Inda de turno dosieres sobre la financiación de Podemos o sobre los líderes del proceso para la independencia de Cataluña a quienes, unas veces con verdades y otras con insidias tratan de desactivar, embarrando su nombre y su trayectoria ante sus electores.
La conversación del ministro con un cargo nombrado por el Parlament de Cataluña, señalándole los objetivos, valorando sus pesquisas y dándole poco menos que instrucciones para seguir buscando, es, cuando menos, espeluznante. Pensar que el mismo ministro que condecora imágenes de la virgen en cualquiera de sus representaciones, el que condecora una y otra vez a quienes apalean a inmigrantes en las vallas de Ceuta y Melilla, para devolverlos magullados y a veces inconscientes a los gendarmes marroquíes, el que manda a los antidisturbios contra quienes protestaron pacíficamente en las calles, el que recibe en su despacho a corruptos como Rato, es el personaje que dice en las grabaciones que ayer difundió Público y que todos hemos podido escuchar que "quien tú ya sabes", o sea Rajoy, está al corriente, es para echarse a temblar.
Jorge Fernández Díaz es, como digo, el ministro más indigno que ha pasado por Interior. Pero Rajoy, que ha tenido innumerables oportunidades de cesarle y no lo ha hecho, y quienes el domingo voten al candidato Fernández Díaz, que se vuelve a presentar, son tan indignos como él.

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