El milagro de la carne, por @CarlosPenedoC

Columna de opinión publicada también en Estrella Digital.
Descubro por Joan Fontcuberta extraños fenómenos religiosos documentados en un monasterio ortodoxo en el extremos norte de Europa, no lejos de donde nuestros cazas Eurofighter patrullan y tranquilizan con el ruido de sus turbinas los sueños alterados de los bálticos.
El relato narra el llamado milagro de la carne, que suele practicarse con una pata de jamón ibérico; al cortar una loncha fina aparece el rostro del Che Guevara, que algunos confunden con el de Jesucristo.
Según el tipo de bellota con que se alimentan los cerdos -se nos dice- también puede salir la cara de Adolf Hitler y, más difícilmente, la de Bin Laden.
"Dado el tentador sabor de este jamón y su elevado precio, la cuestión que este milagro suscita es el destino que debe darse a las lonchas: guardarlas devotamente como reliquias o zampárselas directamente". Preguntado Munkki Piotr sobre este dilema, respondió: "Entiendo la pregunta, pero ¿cuál es el problema?".
El tal Fontcuberta es Premio Nacional de Fotografía de 1998 y Premio Nacional de Ensayo en 2011, y juega con la fotografía, en este caso con la religión, la verosimilitud de los mensajes y sus soportes físicos.
En la teoría y en la práctica, en textos e imágenes, Fontcuberta analiza la muerte de la fotografía tradicional, ligada durante siglo y medio al mundo material, al acero y el ferrocarril, al maquinismo, la expansión colonial y la economía capitalista; frente a la fotografía digital, "consecuencia de una economía que privilegia la información como mercancía, los capitales opacos y las transacciones telemáticas invisibles".
Debo el descubrimiento a una exposición reciente en el Canal de Isabel II de Madrid, que demuestra la utilidad de las iniciativas culturales para hacernos olvidar durante un rato los intentos de privatizar el agua de boca, las subvenciones no devueltas por alguno de sus gestores, la venta de viviendas protegidas a fondos buitre.
Esta transformación del mundo material al digital es aplicable en muchos otros campos.
Los archivos de la Stasi, con sus fichas, relatos escritos, piso alquilado y micrófonos en la pared hoy son los metadatos conseguidos pinchando un cable de fibra óptica submarino al sur de España.
Caminamos hacia un mundo inmaterial y hacia un discurso que ha cambiado la verdad por lo verosímil.
En la entrevista que Jordi Évole intentó realizar el primer domingo de abril a Rajoy la política-espectáculo ganó claramente la partida a la información-espectáculo.
"En la casa de Mariano", podría haberse llamado la pieza televisada, un marco la Moncloa que resultó especialmente arbolada en el exterior y moderna en su interior, y sin vitrocerámica que se rebelara contra el anfitrión.
Rajoy se situaba más allá de la realidad: la responsabilidad del presidente se diluía entre mensajes como que España es un gran país, que estadísticamente el número de corruptos es muy inferior al de ciudadanos honorables; el sentido común que repite como un mantra. La respuesta presidencial a la memoria histórica y las víctimas aún hoy enterradas en cunetas y fosas comunes es que no se repita.
Algunos políticos mueven hoy las manos con una energía sólo comparable a la alegría de las agencias de comunicación que les han convencido para realizar el cursillo. Se enfatiza el discurso con la mano y, cuando no se tiene claro el sentido, se mueve una caja imaginaria, moviendo las dos manos en paralelo para asombro del espectador, que sin embargo pide algo más. Ciertos consultores recomiendan tener algo físico en la mano, un clip.
No hay en esta columna ni en Fontcuberta crítica al cambio, sino descripción de la realidad.
Los astrónomos por su parte nos intrigan contando sobre la naturaleza del universo que está compuesto por un 70% de energía oscura, un 25% de materia oscura y solo un 5% de la materia ordinaria.
El asunto es que aún reconociendo ese 95% hoy gaseoso, sigue siendo imprescindible el 5% real, sin ese mínimo anclaje el edificio no se sostiene, es el suelo necesario. Haciendo cuentas, a Rajoy le faltaron tres minutos de realidad sobre 60 de entrevista.
Diríamos que el expresidente de la Comunidad de Madrid Ignacio González tenía principalmente su vida, acompañado de Pilar de Borbón y muchos otros, en el mundo irreal del paraíso fiscal panameño, pero nada se entiende si ese 95% oscuro no va acompañado de un 5% material, que era su ático de Estepona.


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