EL MÉTODO RAJOY, por Javier Astasio

Acabamos de confirmar por la Cadena SER lo que muchos sospechaban y otros, los que andábamos cerca de lo que se cocía, sabíamos, que el PP de Rajoy hizo lo imposible para torpedear el fin de ETA que el gobierno Zapatero, con Rubalcaba al frente, trataba de conseguir, en conversaciones con la banda, tan difíciles y, si queréis, repugnantes como necesarias. La actitud de Rajoy no era nueva en su partido. Ya en tiempos del ministro Corcuera, todavía con Felipe González al frente del gobierno, el P, con Álvarez Cascos a la cabeza, se opuso a los intentos de acercamiento al final, con aquella terrible campaña "por tierra mar y aire", que diría Cristina Cifuentes, echando a la gente a las calles, contra lo que parecía ese primer paso que era el acceso al tercer grado penitenciario de los presos etarras.
Aquellas conversaciones, como las de Argel, terminaron y como siempre que ETA rompía la baraja, lo hacía con atentados más terribles, más crueles si cabía.
Afortunadamente, aquellos tiempos estaban tocando a su fin. La profesionalización de las fuerzas de seguridad, la racionalización de sus métodos, el uso de la inteligencia, en todas sus acepciones, por parte de la Guardia Civil y la Policía, y el convencimiento de que el objetivo no era la venganza sino el fin de ETA, llevaron al agotamiento de la banda que, cansada ya y sin el relevo de dirigentes con la inteligencia política que se requería, perdida la épica que sin duda tuvo, alejada de las aspiraciones de la gente que un día la apoyó, sin esa imagen de luchadores por la libertad que llegaron a tener más allá de los Pirineos, llevaron a la banda, a la que sólo les quedaban los presos como reivindicación posible, a sentarse con el gobierno para la negociación definitiva.
Pero el PP seguía a la suya. Al PP, al que nunca le interesó la gente, salvo para hacerse con sus votos, le venía muy mal que Zapatero, con los pies ya en el umbral de la crisis, no le interesaba que el PSOE se apuntase el tanto de poner fin a los terribles años de ETA. Por eso utilizó hasta la náusea dolor y el rencor de las víctimas, apropiándose de ellas, para lanzarlos, desde la calle y desde los medios, contra quienes trataban de liberar a este país de la pesadilla que había lastrado sus pies durante tantos años. Y lo consiguieron, ya lo creo. No que ETA firmase "la paz", sino que los socialistas se presentasen con ese logro ante las urnas.
Hoy hemos sabido, la SER lo ha contado, que Rajoy estuvo al tanto de cada paso que se dio para ese final. También, que la lealtad que Zapatero tuvo para con él no se correspondió con la suya, porque combatió desde la calle y aún sigue haciéndolo, cualquier esfuerzo encaminado a que la sociedad, que tanto ha sufrido, asuma por fin el final.
Estoy seguro de que Rajoy estuvo más preocupado por la clasificación de "su" Real Madrid para la final de la Champions League que por la esperada disolución de ETA, lo mismo que el comisario político que ha puesto al frente de "su", nuestra, televisión, que dio ayer la noticia más esperada después de sesenta años de dolor y muerte, como un latiguillo al final de las informaciones que nos hablaban de los terribles años de la banda y no como el gran titular que la noticia merecía.
Ese es el método Rajoy, callar o esconder lo que no interesa, dejar de nombrar lo que molesta. Ayer mismo volvió a demostrarlo refiriéndose a la mayor crisis política a la que se ha enfrentado su partido como una de esas "cosas no tan bonitas, de las que no me acuerdo". Y lo decía, mientras se instalaba entre su vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, ministra de Defensa y secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, un clamoroso vacío parábola perfecta de ese otro vacío, ese "no futuro" que se ha instalado en su partido a base de acumular los problemas no resueltos y los cadáveres de sus más fieles servidores, enterrados en tiempo y silencio, en un armario que está ya a punto de reventar. Y todo porque lo importante so las elecciones y no las soluciones y España, los españoles, se reducen a los incautos espectadores de los telediarios de la Primera

Deja un comentario

Su dirección de email no será pública.


*