El mal ajeno, por Javier Astasio



Ayer mismo, mi amiga Karmen me decía, después de contarle a que la Audiencia Nacional había decidido llamar como imputados a 33 consejeros y directivos de Bankia, con Rato y Blesa a la cabeza, me decía que a ella, que nunca desea el mal ajeno, no le parecería mal que alguno de ellos, si se prueban sus responsabilidades en el desastre que ha dejado sin ahorros a miles de españoles, pague con cárcel sus acciones u omisiones.
Más de uno pensará que es cruel pretender que Rodrigo Rato dé con sus huesos en la cárcel, después de haber pisado las mullidas moquetas de cuantos ámbitos de poder podamos imaginar. Pues yo me atrevo a decirles que, si se prueba su responsabilidad, insisto en ello, sería justo y ejemplar que pague así todo el daño, todo el mal, causado a tantas y tantas familias que fueron arrastradas a la ruina y la miseria en el peor momento posible.
Estamos demasiado acostumbrados a padecer las arbitrariedades y los errores del poder sin rechistar apenas. No sé de dónde nos viene esa sumisión que nos paraliza ante un uniforme o ante cualquiera que ostente la más mínima brizna de poder, pero ya va siendo hora de que sepamos, de que sepan, que aquí no hay intocables y, sobre todo, que el que la hace la paga, porque, en este caso, la han hecho y muy gorda.
La paradójica moraleja de un asunto tan turbio y deprimente como lo ha sido éste hasta ahora es la de comprobar cómo quienes se taparon las vergüenzas unos a otros para no tener que dar la cara en el Parlamento van a tener que mostrarnos el contoneo de sus posaderas mientras suben las escaleras de entrada a la Audiencia Nacional.
Ya sé que estoy vendiendo la piel del oso antes de cazarlo y que a lo peor todo queda en agua de borrajas, pero sólo de pensar el susto que deben llevar en el cuerpo estos treinta y tres señores y señoras, algunos cargados de soberbia, que serán llamados a declarar al despacho del juez, me da un subidón la autoestima.
¿De qué van, de qué han ido, estos señores, tan acostumbrados a pasar por la mierda -perdón, por la expresión, pero es tan gráfica- sin mancharse? ¿Pensaban que la bula iba a ser eterna? ¿Creían que después de romper el tarro de la mermelada nada iba a cambiar? ¿Acaso suponían que todo iba a ser cabezas gachas y resignación por nuestra mala suerte?
Pues no. Alguien, por los motivos que sea, decidió llevarles a los tribunales y los tribunales han abierto sus puertas a lo que promete ser un proceso apasionante. De momento, en algunos periódicos, también en los que consideran que a sus lectores debe importarles más la "maldita" partícula de dios que el agujero negro provocado por algunos hombres, el epígrafe en el que se recoge todo lo relativo a las últimas horas se titula "Caso Bankia".
Espero que, acabe como acabe el asunto. No creo que, salvo que la clase política de este país quiera suicidarse, el carpetazo sea posible. El estado actual de las cosas tenemos que agradecérselo a ese partido, UP y D, que, no sé si porque no soy capaz de sobreponerme a la figura de Rosa Díez, me gusta tan poco. Son las ventajas que tiene romper el bipartidismo que acaba ahogando y desactivando todo. O al menso son las ventajas que encierra que un partido en expansión como UPyD no tenga nada que perder en la investigación y sí mucho que ganar en el futuro.
Así que, Karmen, no sufras el mal ajeno que admites impedirá o al menos dificultará que estos señores, u otros como ellos, sigan causando su mal ajeno a inocentes y quizá demasiado confiados ciudadanos.


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