El humo de Adelson, por Javier Astasio

 
 
No hace tanto, decía el gobierno de la Comunidad de Madrid que el proyecto Eurovegas dependía de la reforma de la Ley Antitabaco que tan buenos resultados ha dado desde el punto de vista sanitario y que sólo critican algunos empresarios de hostelería y un hermoso ramillete de políticos demagogos que anteponen el derecho -dicen que nuestro, pero claramente se trata de su egoísta derecho o el de aquellos de quienes  pretenden el voto- a echar humo en los locales públicos al derecho del resto de los mortales a respirar libremente aire no cancerígeno en ellos.
Hablo de ello casi en pasado, porque se está produciendo un cambio en el discurso de los herederos políticos de Esperanza Aguirre y un enfrentamiento, más o menos evidente, entre estos y el gobierno en cuanto a si tal cambio se ha pedido y, más importante, si tal cosa es posible. Pero no queda ahí la cosa, porque cada vez está más claro que el asunto de autorizar o no a quemar tabaco en los casinos y hoteles de Adelson, con ser importante, no es lo más importante ni la causa de que el proyecto no acabe de sustanciarse definitivamente.
Desde hace días ya no se habla de tabaco, sino de lo que eufemísticamente se denomina el marco legal, que no es otra cosa que la larga serie de concesiones, algunas en contra de nuestras leyes fundamentales, que exigiría el magnate de los casinos para instalarse en España. Concesiones que afectarían a las condiciones laborales de los trabajadores del complejo, gran parte de los cuales vendrían directamente del extranjero, y a la fiscalidad de los premios y los beneficios empresariales.
Al parecer, los puestos de trabajo y los impuestos vendrían de fuera y saldrían fuera, con lo que el mito creado por Esperanza Aguirre, "la catalanizadora", de feliz prosperidad se quedaría en nada. Se quedaría, por decirlo claro, en los avispados propietarios de los terrenos donde se construirían las nuevas Sodoma y Gomorra y en los constructores siempre bendecidos por la administración y que tan generosos saben con los partidos que la ocupan. Pero, para los españoles, que tendríamos que  aportar los beneficios fiscales, los cambios legislativos, las recalificaciones y todo lo demás, migajas, apenas los restos de un festín, en el que serviríamos las mesas y barreríamos los salones.
Sin embargo, puede ocurrir que nada de esto llegue a hacerse realidad porque todo lo que hay detrás es humo, Humo de colores esparcido por la cazadora de talentos a sueldo de quién sabe quién, soy muy mal pensado y no me sorprendería que tuviese que ver con el negocio de marras, esparcido por el gobierno de la Comunidad, que últimamente no da una, esparcido, con menos entusiasmo, es verdad, por el gobierno de la nación, y esparcido, finalmente, por el propio Adelson que anda dejándose querer aquí y allá, diciendo primero que, si Madrid no le daba lo que quería, se iba a Cataluña y repitiendo ahora el juego con Madrid y algún enclave asiático, jugando con unos y otros para sacarles el jugo deseado, cuando la realidad parece ser que  no habrá nada de nada, porque, lo cierto es que las empresas de Adelson no gozan de buena salud financiera y podría ocurrir que, al final, lo suyo no fuese más que una Rumasa del juego, vestida de bonito humo de colores.
 
 
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