El grifo de la cooperación al desarrollo, por @Juandesola

Las nuevas generaciones y la conservación de los recursos naturales se convierten en los dos principales activos para garantizar un futuro preñado de esperanza. Conceder un legado, marcado por acciones responsables, debe convertirse en una prioridad de la agenda colectiva. Dejar el planeta en mejores condiciones no puede quedarse en mero un reto, y sí una obligación ineludible.

Desgraciadamente, el acceso al agua no es algo universal a pesar de la obligación de proporcionar este bien natural sin limitaciones de ninguna clase. Resulta sorprendente que algunas mentes consideran que este asunto del compromiso no va con ellos. Eso si, se aprovechan de todas las posibilidades, con un estilo más parecido al de parásito que al humano, otras personas carecen de cualquier oportunidad de incorporar el agua corriente a su vida cotidiana.

El agua y la infancia como referencia

La conciencia, compromiso y voluntad son imprescindibles, casi insustituibles, aspectos para no atascarse en unas meras palabras bien conjuntadas y en una utópica teoría. Según datos de Naciones Unidas, Cerca de 1.200 millones de personas, casi una quinta parte de la población mundial, vive en áreas de escasez física de agua. Una cifra nada despreciable para las conciencias y sensibilidad de quienes abren, cada día, el grifo sin restricciones.

En estos últimos tiempos, las denostadas políticas de cooperación al desarrollo han sido objeto de recortes sin precedentes y campañas de desprestigio para justificar tales decisiones. La sociedad está cada vez más próxima al postulado de: “resolvamos antes los problemas de aquí que los de afuera”. Un fragante error de perspectiva a medio o largo plazo porque los fenómenos migratorios seguirán creciendo y las realidades sociales se endurecerán tanto en casa como a nivel internacional. La experiencia recomienda no ponerse de perfil ante esta serie de cuestiones por su inevitable repercusión.

Cimentar el desarrollo del futuro se convierte, o así debería ser, en una estrategia inexcusable del presente. De lo contrario, las consecuencias sociales formarán parte de una irresponsabilidad global compartida.

Mientras el grifo de la solidaridad se va cerrando poco a poco, otros seguimos convencidos en practicar un periodismo comprometido en la lucha contra la pobreza, las desigualdades sociales o derechos humanos. Y hasta conseguirlo no detendremos la maquinaria marcada por una vocación aliada con el desarrollo.

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