El escudo antimisiles se apoya en Rota, por @CarlosPenedoC

Llega a Cádiz el primer destructor de EE.UU y Rusia amenaza con abandonar el tratado START

Carlos Penedo. Artículo publicado originalmente en Estrella Digital.
La Base Naval de Rota recibe oficialmente este martes 11 al destructor norteamericano USS Donald Cook, la primera pieza del componente naval del escudo antimisiles de la Alianza Atlántica. Medios tecnológicos y humanos de EE.UU. y paraguas político OTAN, porque España no contribuye militarmente al sistema, cede el espacio físico y se ha limitado a negociar compensaciones económicas.
Los gobiernos de Rodríguez Zapatero y de Rajoy han aprovechado la íntima relación de nuestro país con EE.UU. en materia de Defensa para ofrecer a la OTAN el despliegue norteamericano en la Península como compromiso español con la seguridad común. El escudo es una petición directa de EE.UU. a España en enero de 2011, y los sucesivos Gobiernos han negociado contrapartidas económicas a cambio de acoger en nuestro territorio un sistema controvertido.
Destructor USS Donald Cook (Imagen: United States Navy).
La parte naval del escudo se compone de cuatro destructores –el que llega ahora, el próximo en junio y otros dos en 2015-, que estarán al mando del almirante de la VI Flota que tiene su cuartel general en Nápoles. El movimiento de los cuatro destructores a España y la creación de un radar con base en tierra es la fase 1; la fase 2 es la instalación del sistema Aegis en tierra, armado con misiles interceptores SM-3 Estándar IB, en Rumanía. La fase 3 es la creación de la instalación en Polonia del sistema Aegis, armado con misiles SM-3 IIA.
En la cumbre de Lisboa de la OTAN de noviembre de 2010 se aprobó el nuevo concepto estratégico de la Alianza, donde se incluye como objetivo el desarrollo de un sistema de defensa anti-misil balístico (BMD, Ballistic Missile Defense) que cubra todo el territorio europeo y defienda a sus poblaciones y fuerzas armadas.
La sorpresa se produjo el 5 de octubre de 2011, a 45 días de las elecciones generales, cuando el presidente José Luís Rodríguez Zapatero compareció en la sede de la OTAN, flanqueado por su secretario general y el secretario de Defensa de EE.UU., y anunció personalmente –no quiso dejar la tarea a la entonces ministra Chacón- la participación de España con los muelles de la base de Rota en el componente naval del escudo antimisiles de la OTAN.
El anuncio de 2011 y la firma del acuerdo ya con Rajoy en octubre de 2012 se produjeron sin excesivo debate sobre las implicaciones geoestratégicas –política exterior y de defensa- para nuestro país, aunque sin embargo se facilitaron una profusión de detalles económicos que convendría seguir. Se habló de 1.000 puestos de trabajo directos e indirectos, la mudanza de 1.300 familias a Rota (las de los militares que operan los cuatro buques) con un impacto económico en la región valorado exactamente en 51 millones de euros anuales; una futura inversión en la base naval de Rota de seis millones de euros; la generación de contratos con la industria española valorados en 8,4 millones de euros anuales; y la posible, única confirmada, contratación de los astilleros públicos Navantia para el mantenimiento de los cuatro destructores.

Sistema Aegis

Los cuatro destructores norteamericanos que operarán desde Rota cuentan con el sistema de combate Aegis, que permite teóricamente interceptar docenas de misiles en el aire a cientos de kilómetros. Precisamente las cuatro nuevas fragatas F-100 con las que cuenta la Armada española tiene el mismo sistema de combate, aunque en una versión menos desarrollada; sólo 21 buques en todo el mundo disponen de esa tecnología. El jefe de Estado Mayor de la Armada señalaba recientemente la posibilidad de realizar maniobras conjuntas con los cuatro destructores de EE.UU. como gran ventaja militar para nuestro país del escudo antimisiles.

En comparecencia con el titular de Exteriores en el Congreso el 11 de octubre de 2002, el ministro de Defensa aclaraba que “nosotros tenemos unas fragatas que tienen una raíz común con el sistema que tienen los destructores norteamericanos, pero, tal y como están concebidas ahora, no sirven a los efectos de participar en ese escudo antimisiles. Por eso mismo se nos pide Rota y no se nos piden las fragatas”.
Pedro Morenés era claro sobre el acceso bloqueado para nuestro país a las tecnologías desplegadas, porque “poner nuestras fragatas en el nivel de los destructores norteamericanos tiene dos problemas (…); el primero es que los norteamericanos tienen que autorizar semejante incremento tecnológico en unas fragatas españolas, cosa que no han hecho. El segundo es que eso tendría un coste importantísimo en unos momentos en que tenemos que gestionar unos presupuestos que realmente tienen unas dificultades enormes (…). Ni procede desde el punto de vista financiero de las Fuerzas Armadas y de la defensa y tampoco es posible porque en los Estados Unidos hay determinados tipos de tecnología, esta en particular, que no están dispuestos a ceder a nadie”. Más claro aún: “una cosa es que nosotros tengamos el nivel 10 de Aegis y otra cosa es que ellos tengan el nivel 30 de Aegis. Por lo tanto, ese nivel 30 de Aegis solo lo tienen ellos. Por lo tanto, lo único que estamos haciendo es poner una capacidad logística al servicio de unos destructores de Estados Unidos que van a operar desde fuera del territorio y aguas españolas en cumplimiento de unas tareas que nosotros compartimos dentro de la OTAN”.

Conflicto diplomático con Rusia

Las dudas sobre el escudo proceden de su oportunidad política e incluso sobre su utilidad no demostrada. Recuperando posturas que recuerdan a la guerra fría, Rusia ha advertido este mismo mes de febrero que el despliegue de unidades navales en Europa del sistema de defensa antimisiles de Estados Unidos podría provocar su retirada del Tratado de Armas Estratégicas Ofensivas (START, por sus siglas en inglés), firmado en 2010.
El jefe del departamento de Seguridad y Desarme del Ministerio de Relaciones Exteriores, Mijail Uliánov, afirmó que Moscú podría abandonar ese acuerdo si Washington continúa actuando sin tener en cuenta los intereses de la Federación eurasiática.
“Mientras Estados Unidos siga potenciando su seguridad en detrimento de la de Rusia, difícilmente podamos hablar del ulterior desarme nuclear”, sostuvo el responsable político ruso. Rusia ha amenazado también con desplegar misiles Iskander en Kaliningrado, poner en alerta de combate el radar de detección de ataques de misiles de esa ciudad, disponer las defensas aéreas y espaciales de Rusia para cubrir y proteger las armas estratégicas nucleares rusas, dotar a los nuevos misiles balísticos estratégicos rusos de sistemas avanzados de penetración de las defensas antimisil y de las nuevas cabezas de guerra, y diseñar medidas para poner fuera de servicio los sistemas de protección de los misiles y sus sistemas de guiado.
En vano se esforzaba el pasado 15 de enero en Israel el vicesecretario general de la OTAN, Alexander Vershbow, afirmando que el sistema de misiles balísticos de la Alianza no supone ninguna amenaza para Rusia, “no está dirigido contra ningún país en concreto”, dijo, aunque todo el auditorio tuviera al menos a Irán en mente.
Sobre la eficacia operativa del despliegue en Rota, la distancia entre Cádiz y Corea del Norte hace poco probable su utilidad contra la amenaza de ese país.
La lógica industrial apunta hacia el aprovechamiento de la inversión tecnológica realizada por EE.UU. desde los tiempos de la guerra de las galaxias de Reagan a comienzos de los 80, proyecto que se ha ido modificando y en parte reduciendo hasta el actual.
Desde el punto de vista operativo, el foco de atención prioritario estará en el Mediterráneo oriental, un escudo defensivo con capacidad ofensiva que, por ejemplo, proteja a Israel de vecinos –entre ellos Irán-  poco amistosos, ninguno de los cuales dispone hoy de la tecnología de misiles balísticos que justifique el escudo. En palabras del ministro Morenés en el Congreso en octubre de 2012, “el despliegue permanente de buques de la Marina norteamericana en la base naval de Rota, aunque se orienta a la defensa del territorio europeo, aporta un valor añadido a la seguridad en todo el Mediterráneo por su carácter preventivo, disuasorio y contraproliferación”.
En síntesis, EE.UU. dispondrá a partir de hoy de nuevos y poderosos medios militares permanentes en España y los utilizará cuando lo considere oportuno. Un despliegue destinado también al inestable Sahel y a apoyar el mando militar norteamericano en el continente, Africom (ver artículo de Estrella Digital).

Algo de historia

En documentos secretos desclasificados por la OTAN recientemente, ya en el lejano 1950 aparece el debate interno sobre “la participación de España en la defensa de Europa occidental”. En esa fecha la OTAN contaba con un año de vida y el régimen de Franco vivía un aislamiento político internacional absoluto, vetada su entrada en la ONU. El embajador portugués en la Alianza, Paulo Cunha, planteaba en el Consejo Atlántico celebrado el 16 de septiembre en Nueva York un “acercamiento pragmático” a las ventajas de una asociación de España con la OTAN, “dejando aparte cualquier cuestión sobre política interna” de nuestro país. En lenguaje aséptico, el acta de la reunión añade que la propuesta “debería tenerse en cuenta en el futuro”, aunque “sería poco realista tomar ningún paso hasta el momento en que la relación bilateral entre España y Estados Unidos lo decida”. Dos años más tarde, en 1953, se firma el convenio de defensa entre ambos países, aunque España deberá esperar otras tres décadas para integrarse en la OTAN.
Si lo anterior es historia, en la prehistoria podríamos situar el referéndum celebrado en 1986 sobre la permanencia de España en la Alianza, condicionada a la no incorporación a la estructura militar integrada (se acabó entrando en 1999); la prohibición de instalar, almacenar o introducir armas nucleares en el territorio español (secreto); y una reducción progresiva de la presencia militar de los Estados Unidos en España, que se ha producido por puro interés estratégico norteamericano, hasta ahora.
Publicidad política ante el referéndum
sobre la permanencia en la OTAN de 1986.

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