El ejemplo que se llevó el alzheimer, por @JosefinaLpez

Transcurrida la resaca por la muerte del ex presidente Adolfo Suárez creo que ha llegado el momento de darle salida a esta opinión, escrita justo cuando se anunció su fallecimiento. Sin embargo, en esos momentos había demasiado ruido informativo, aprovechando esa rancia costumbre de este país de destacar las virtudes de cualquiera casi exclusivamente en el momento de su muerte. Y resultaba extraña tanta admiración reconocimiento, homenaje y agradecimiento cuando en su día fue traicionado por propios y ajenos. Le atribuyen logros como el del consenso. Para un político que venía de la dictadura y que estaba acompañado por militares que se creían los firmes herederos del Franco, consiguió legalizar al Partido Comunista y sobre todo, y casi lo mejor, supo decir hasta aquí. Dimitió cuando comprobó que no podía, mejor dicho, no le dejaban hacer mucho más. Y estas son las cualidades que le destacan. Por tanto, entiendo que cuando se resaltan es porque se reconocen, están perfectamente identificadas. Así que me pregunto: Si los políticos que estos días han hablado saben lo que es un verdadero consenso y elogian la dimisión cuando toca, ¿por qué no lo ponen en práctica ellos mismos? Sin conocer con detalle los entresijos de sus años de gobierno, entre otros motivos porque la enseñanza de Historia Contemporánea en este país termina con el comienzo de la guerra civil, me quedo con el hombre que se enfrentó a muchos intereses políticos conservadores y después se retiró. Y luego llegaron todos los demás, los que han hecho de la política una farsa tan lejana del consenso porque prima ‘el porque yo lo digo’ y de la dimisión aunque los hayan pillado a manos llenas. Adolfo Suárez dio un gran ejemplo. ¡Cómo me gusta esa imagen del golpe de Estado del 81 en el que permanece impertérrito en su escaño mientras el resto de diputados se esconde! Eso fue lo que dejó, un gran ejemplo para políticos que se agachan ante la primera lluvia. Al final de sus años vivió ignorante de todo lo que acontecía. Su alzheimer, aunque triste, le sirvió al menos para ocultarle toda la degradación política que comenzó cuesta abajo y sin frenos años después hasta llegar a nuestros días. Él ya descansa en paz, pero queda su alzheimer, porque su ejemplo ya está casi olvidado.

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