El 'dilema Oliveira', por Jorge Gómez García (@xurxogg)

Con los gestos de ayer hacia la afición tras marcar el gol que daba la sentencia al Dépor, Oliveira demostró una falta de respeto prácticamente imperdonable. Es cierto que son muchos los jugadores que, en un momento dado, celebran un tanto propio llevándose el dedo a la boca mandando callar como gesto reivindicativo ante todos aquellos que le critican. Oliveira, cómo no, está en su derecho de hacer un aspaviento de ese tipo durante un momento de éxtasis. El gesto en sí es más o menos reprobable en tanto en cuento las críticas hayan sido más o menos merecidas. Pero desde luego, lo que no es concebible bajo ningún concepto es la falta de respeto constante hacia el respetable de la que hizo gala Oliveira, quien, pese a los intentos de sus compañeros por pararle, no cejó en el empeño de hacer saber su malestar con todo el público de Riazor.



Al final del partido Fernando Vázquez trató de lidiar con el tema de la forma más torera posible. El entrenador echó balones fuera a la espera de estudiar concienzudamente el caso e imagino, hablar también con el club.

Hoy, seguramente por imposición del Deportivo, Nelson salió a dar la cara en rueda de prensa. Oliveira admitió que el gesto había estado mal, pero que lo hizo por sentirse frustrado con las críticas tanto a nivel personal como contra sus compatriotas portugueses. Nelson acusó a la grada de cantar gritos en contra de sus paisanos cuando venían mal dadas –“Menos portugueses y más coruñeses”-. Unos cánticos que cree que son absolutamente reprobables tras haber salido del descenso en gran parte gracias a la actuación de Pizzi, Bruno Gama o Sílvio.

Nelson, como persona que es, tiene derecho a sentirse dolido. Un derecho que no le legitima a poder hacer gestos como los que hizo en el partido contra el Espanyol. La grada es soberana, paga su abono y con más o menos razón, puede cantar a favor y en contra de lo que quiera. Oliveira se debe a ellos y tendría que haber tenido en cuenta dos matices. En primer lugar, si la afición le silba, es por algo. Los deportivistas no le piden que marque tres goles en diez minutos –como él argumentó-, sino que se deje todo en el campo durante el tiempo que Vázquez le conceda. No hay nada que desespere más que la apatía y es justo decir que el portugués ha pecado en muchos momentos de exceso de indolencia. Por otro lado, es una simple interpretación personal que los cánticos de “menos portugueses” vayan dirigidos hacia él y sus compatriotas. Estos gritos se produjeron en un mal momento deportivo en el que la afición hizo saber a los máximos dirigentes que quizá se habían equivocado con la política de fichajes. Cierto que los gritos pueden herir a alguno, pero nadie se lo debería tomar como algo personal, ya que precisamente, algunos jugadores como Pizzi –sí, de nacionalidad portuguesa- sostenían en aquel momento a un Deportivo convertido en cenizas.

El dilema que se le abra ahora a Vázquez es importante. Por un lado, el jugador ha pedido perdón –aunque con matices-. Por otro lado, faltas de respeto reiteradas a la afición –como la de ayer- merecen un castigo. Mientras, el Dépor se juega su futuro como institución en estos dos partidos y, precisamente no anda sobrado de efectivos arriba. El equipo necesita a Oliveira que además, está pasando por uno de sus mejores momentos como deportivista –algo que tampoco es muy complicado-. La coyuntura es compleja y “Harry Potter” deberá volver a inventarse una solución que atenúe al máximo los daños.

Artículo de opinión creado originalmente para cronometrodeportivo.es

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