El desastre del estado de la Nación, por Javier Astasio



Nadie podía imaginar, temerlo era otra cosa, que, a menos de seis meses de la asunción del poder por el Partido Popular, el panorama político, económico y social iba a pintarse tan dramático para este país y quienes lo habitamos.

No es de extrañar, pues, que el presidente de Gobierno más temeroso y temerario, los dos adjetivos que mejor le cuadran, que ha tendio este país en democracia prefiera esquivar el mal trago de exponer ante el Parlamento y, a traves de él, también ante los ciudadanos el balance de sus primeros meses de gestión.
En cierto modo es comprensible que quien prometió sacar a este país de la tormentosa crisis con sólo tomar el timón no quiera beber ese cáliz, ahora que España, más que una nave en dificultades, es un barquito de papel, camino del desagüe. Especialmente, después de que haya quedado tan claro que la política económica del Gobierno es más propia de brokers que disparan sus apuestas con pólvora ajena, que de hombres de estado que persiguen el bien de todos.
Y no sólo eso, porque en otros aspectos de las acciones de Gobierno han dejado clara también su falta de sintonía con la sociedad a la que deberían y dicen servir. Tomemos, por ejemplo, al aparentemente díscolo Gallardón, que no sólo ha entrado, como el "guerrero del antifaz" que en realidad es, en la cruzada por limitar la capacidad de decidir y los derechos de la mujer, sino que ha defendido hasta el paroxismno la posición del presidente del CGPJ, Carlos Divar, cuando a todas luces era insaumible. Gallardón, que, ayer mismo, se manifesto respetuosamente contrario, faltaría más, al visto bueno a la legalización de Sortu dado por parte del Tribunal Constitucional .
Está además el retroceso a la libertad de información que va a suponer la intervención de la radio y la televisión públicas aprobada por la apisonadora popular en el Parlamento. Están todos los recortes que en todos los niveles educativos está llevando a cabo el soberbio, chulesco y patoso ministro Wert. Están los recortes en Sanidad que dificultan la asistencia y, vía medicamentazo, desbaratará el presupuestos de los pensionistas menos pudientes. Está la Reforma Laboral que ha dejado en la calle a muchos más trabajadores de los que prometía colocar. Están los recortes a la ciencia, están la supresión de ayudas a la dependencia. Están los sucesivos recortes de salarios y aumentos de jornada a los funcionaroos. Está la expulsión de los sindicatos de los órganos de representación en las escasas áreas de poder en las que estaban. Están, en fin, las medidas más graves que haya tomado nunca un gobierno en democracia, toda una sangría de derechos, riqueza y bienestar, que no recordaban ya los ciudadanos.
Y, ante todo, están las formas. Está el "dontancredismo" de quien tenemos por presidente que, a la primera dificultad, contiene el aliento y se esconde como hace siempre.
¿Para que va dar la cara? ¿Para que se vea el poquito recorrido que tiene este brillante orador, siempre que el discurso sea previsible y con papeles? ¿Para que se se la partan? Hace dos domingos, cuando debutó el equipo español en la fase final de la Eurocopa, Rajoy demostró que, al menos él, no ha venido a este mundo a sufrir.
Yo estoy convencido de que Rajoy no hará nunca un Debate sobre el Estado de la Nación, porque, no sé por qué, no estoy seguro de que aguante en el cargohasta el del año que viene.


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