El dedo que desvirgó a Labordeta, por Alberto Calero (@acaleroj)

Hace DOS AÑOS que murió José Antonio Labordeta. Estaba enfermo y sabía que se iba a marchar. Se dirigía a algún lugar. Escribió su último libro y lo tituló “Regular, gracias a Dios“. La frase se identifica con la respuesta que él daba a quien le preguntaba: “¿Cómo va esa salud Labordeta?” No le faltaba razón, iba mal, padecía cáncer. Supo que no se iba a curar y decidió no engañarse. Uno lee sus memorias “descoyuntadas por la quimioterapia y el tiempo que se va” y ve un hombre bueno y sincero. Uno debe ser como es porque el resto es pura ficción. El “abuelo” era transparente. Tuvo fuerza hasta para despedirse. Fue consciente de que el vuelo iba a llegar pronto y aquí nos quedamos con su frase: “si Dios pregunta por mí, decídle que no existo“. Se marchó porque le empujó la enfermedad y nos queda su recuerdo. Y sus canciones.

Cuenta en su libro que un día estaba cansado y fue al médico. Tocaba una revisión propia de los hombres a cierta edad. La enfermera le preguntó si sabía lo que era el PSA. Labordeta respondió y dijo que era el Partido Socialista de Aragón. Me he reído en medio de un relato sobrecogedor, en medio de un relato que me resulta familiar. El PSA muestra si lo marcadores tumorales dan positivo o negativo. Ha sido una risa nerviosa y he pensado que en ese momento yo le hubiera preguntado: “Abuelo, ¿me escucha?” Supongo que era difícil hablarle del cáncer de próstata a un señor tan bonachón como José Antonio (Labordeta, claro). Me quedo con la anécdota que él relata y sigo leyendo:

“Al día siguiente me encontraba yo, en una consulta neutra, frente a un urólogo que estaba dispuesto a meterme el dedo por el culo para salir de dudas. Todo fue bastante rápido y de pronto me sentí absolutamente desvirgado y medianamente mareado”.

Ojalá el dedo del médico no hubiera tocado nada raro. Entonces él seguiría aquí y no allí. Y opinaría sobre la actualidad y, a muchos, los mandaría “a la mierda” otra vez. Por cierto, abuelo, ¿me escucha? Me estoy cansando de hablar con los de ahí arriba y no tener nunca respuesta ¿¡No dicen que los muertos que han sido buenos en vida van al cielo!? Algo falla. O no. Igual no falla nada y, como tú pensabas, quizás no haya nada después de la muerte. Puede ser eso. Los demás seguimos aquí. Algunos queremos desde ya “echar nuevas raíces, por campos y veredas, para poder andar“. Andar saltando los obstáculos y seguir como mejor se está: viviendo.

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